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Mi poesía proviene de la memoria oral de mi pueblo: Natalia Toledo

MÉXICO, D.F., abril 3.- Una entrevista amena, llena de risas, recuerdos, anécdotas, y poesía protagonizaron la poeta juchiteca Natalia Toledo y la escritora Elena Poniatowska, la noche del miércoles 2 de abril en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.

Cuestionada por la periodista Premio Cervantes 2013, Natalia Toledo habló sobre los elementos que le indicaron que podría dedicarse a escribir poesía, la primera vez que vio la nieve, su llegada y adaptación a la Ciudad de México, la relación con sus hermanos, su mamá Olga, sus novios y lo que le gusta de Oaxaca, su estado natal.

Al preguntarle a la hija del artista Francisco Toledo cómo es que se hizo poeta, indicó tener varias versiones, una de ellas es que le afectó haber cambiado de residencia a los ocho años de edad, del Barrio de los Pescadores en Juchitán, Oaxaca, a la colonia Del Valle en la Ciudad de México.

“Se imaginarán las diferencias; pienso que al quedarme en silencio empecé a escucharme y tuve la necesidad de reconstruir mi memoria, todo lo que tenía, sentí, me fue arrancado. No pidieron mi permiso para venir a la ciudad, creo que ello me hizo comenzar a hacer versos para sobrevivir, porque sentía que me faltaba la respiración estar sin Juchitán, sin el zapoteco, sin la comida, sin mi abuela materna, mi mamá; todo lo que yo había sido primero en la vida se fue y lo recuperé en los cuadernos”, comentó la poeta bilingüe zapoteco –español.

Señaló que comenzó a escribir versos sueltos a los 11 años, dedicados muchos de ellos a su padre, el pintor y grabador Francisco Toledo (Juchitán, Oaxaca, 17 de julio de 1940) hasta que tuvo su primer novio. “Creo que mi papá se dio cuenta que escribía y me mandaba postales de Pablo Neruda, Federico García Lorca, y me daba libros a leer, los tuyos Elena Poniatowska, por ejemplo”.

Recordó que a la edad de 17 años continuó escribiendo, guardando sus poemas hasta que un día citó a dos amigas, estando en Juchitán, para que le dijeran, sinceramente qué tal escribía. “Las emborraché primero, les mostré mis poemas, me criticaron, me dijeron que era poeta y de ahí pa´l real”, mencionó la creativa galardonada con el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Indígenas 2004.

Tras confesar que al considerar el acto un evento especial, decidió vestirse con un huipil realizado por su madre Olga y su refajo; indicó que la fuerza que manifiesta viene de las mujeres que le anteceden como su madre Olga o doña Florencia, su abuela materna, además de sus paisanas; y que siendo joven se encontró con la soledad porque a pesar de que no hablaba español, la inscribieron en el Colegio Madrid. “En el zapoteco no hay géneros, confundía los artículos, no sabía de nada del plural, fui caminado y aprendiendo”.

Otra de las anécdotas surgidas en la charla con la escritora fue que, siendo una niña descubrió que tenía un papá diferente, ya que los padres de sus compañeros de escuela tenían el cabello largo, no se llenaban de pintura ni tenían cuadros en los museos, entendiendo que era hija de “alguien especial”, y que tal vez se animaría a hacer una biografía de su madre porque muchos saben sobre su papá pero de su mamá, no tanto.

Sobre su formación, dijo no tener una educación formal, por lo que muchas cosas que presenta en su poesía provienen de la memoria oral de su pueblo.

En el acto, Poniatowska recientemente condecorada con la Medalla Bellas Artes, le cuestionó a la egresada de la SOGEM lo que representa para ella el traductor mexicano Carlos Montemayor (Parral, Chihuahua, 13 de junio de 1947, México, D.F., 28 de febrero de 2010).

“Fue un maestro, siempre cálido conmigo, cariñoso, me enseñó el inglés, le debo su generosidad y que se haya fijado en mi poesía, se daba cuenta de mis errores en zapoteco, decía que se veía que estaba mal”, apuntó la poeta.

Natalia Toledo ha combinado su trabajo literario con la elaboración y difusión de la cocina del Istmo de Tehuantepec y el diseño de textiles. Ha sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) en 1994, 2001 y 2004 en lenguas indígenas, y del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (Foesca) de Oaxaca, en 1995, en el área de jóvenes creadores.

Entre su obra figuran, en cuento: La muerte pies ligeros (edición bilingüe zapoteco-español, con ilustraciones de Francisco Toledo, traducido al mazateco, chinanteco, mixe y mixteco, 2005), El cuento del conejo y el coyote (edición trilingüe zapoteco-español-inglés, con ilustraciones de Francisco Toledo, 2008). En poesía: Paraíso de fisuras (1992), Mujeres de sol, mujeres de oro (2002), Femmes d’or, Écrits des forges/Le Temps des Cerises (2002), Flor de pantano (Antología personal, 2004) y Olivo negro (2005).

 

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