El Himno Nacional: canto a Santa Anna


Sin Derecho a Fianza

El Himno Nacional es de naturaleza bélica o violenta, de arenga a la guerra y a perder la vida por la patria; “mocho” (por donde quiera aparece Dios), lo cual no debe asombrar, se creó en tiempos violentos y religiosos; por lo demás, así son los versos de la mayoría de himnos. Aparte, es un falso canto nacional, pues se hizo servilmente para glorificar al peor dictador de México: Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón.

Es un disfraz con alabanza a su “Alteza Serenísima”, el cual el mismo convocó para hacerse gloria. Claro que la mayoría de los mexicanos lo ignora, pues, desde hace mucho, los versos alusivos al máximo vendedor de nuestro país fueron eliminados, como estos:

Del guerrero inmortal de Zempoala /
Te defiende la espada terrible, /
Y sostiene su brazo invencible /
tu sagrado pendón tricolor. /
¡El será del feliz mexicano! /
en la paz y en la guerra el caudillo, /
porque él supo sus armas de brillo /
circundar en los campos de honor.

Antes del himno que conocemos existieron otros que no tuvieron la suerte de ser considerados nacionales. A partir de 1821 se compusieron varios. José Torrescano compuso una marcha durante el sitio de Querétaro. En 1822 José Maria Garme escribió otro canto. En 1844, se estrenó un himno con música de Eusebio Delgado y de poeta anónimo, ensalzando a Santa Anna; esa vez el pueblo lo repudió.

En 1849, la Junta Patriótica de la ciudad de México, vía la Academia de San Juan de Letrán, convocó a un concurso para un himno, con la música del pianista austriaco Henri Herz, quien la compuso en agradecimiento al país. Ganó Andrés David Bradburn, pero otra vez el pueblo lo rechazó. Por cierto, algunos versos tiene mucho parecido con los que hará Bocanegra:

Truene, truene el cañón, que el acero
en las olas de sangre se tiña,
al combate volemos; que ciña
nuestras sienes laurel inmortal.
Nada importa morir si, con gloria,
Una bala enemiga nos hiere,
Que es inmenso el placer, al que muere,
Ver su enseña triunfante ondear.

El 21 de febrero de 1850 Carlos Bochsa musicalizo un poema del cubano Juan Miguel Lozada y compuso un himno dedicado al presidente José Joaquín Herrera. El 8 de septiembre de 1850, Antonio Barilli presento una composición, que pasó sin pena ni gloria. Luego otra para el cumpleaños del presidente Mariano Arista, tampoco la quiso el pueblo. En 1851, Max Maretzek, creo una obra musical con el mismo fin. No pegó. En abril de 1853, Inocencio Pellegrini estreno un “Canto Nacional”, en el Gran Teatro: nada. La gente no aceptaba esos cantos porque engrandecían al presidente en turno.

Hasta que llegó el 12 de noviembre de 1853, cuando se publicó la convocatoria para un Himno Nacional. Ya sabemos quién lo ganó: un poeta medio mexicano (que también le hizo un himno a Miramón, el fusilado junto a Maximiliano), Francisco González Bocanegra, sobrino del expresidente José María Bocanegra, quien fue Ministro de Relaciones con Santa Anna.

El 5 de febrero de 1854, esa letra fue premiada por un jurado formado por tres amigos del jarocho, poetas conservadores: José Joaquín Pesado, Manuel Carpio y Bernardo Couto. Y, ya con la música del catalán Jaime Nunó (premiado en agosto), fue estrenado el 15 de septiembre en el Gran Teatro Santa Anna (aún no se llamaba Teatro Nacional, como aparece en muchas partes).

No disfrutaron mucho de la gloria del Himno, ni “Su Alteza Serenísima” ni los premiados, ya que tenía encima la revolución de Ayutla desde marzo de ese 1854 que, con juan Álvarez a la cabeza, lo corrió del país al año siguiente.

Por cierto, en ese marzo, Santa Anna fue vencido por Ignacio Comonfort en Acapulco. Sin embargo, a su regreso, en mayo, ya tenía el “Himno a Santa Anna”, ¿de quién?, de González Bocanegra:

La victoria sus alas despliega/
de Santa Anna cubriendo la frente,/
siempre triunfa quien sabe, valiente,/
por la Patria y la ley combatir”./
Del Anáhuac el bravo caudillo/
lleva en pos, por doquier, la victoria. /
¡Salve al héroe, de México gloria!/
¡Por la patria juremos morir!

Los liberales llegan al poder y aparece la figura poderosa de Juárez, quien no iba a permitir que las glorias del que acababa de vender medio país unos años antes, anduviera en labios de México (tampoco habría olvidado Juárez que el dictador lo encarceló en las mazmorras de San Juan de Ulúa y luego lo exilió a Nueva Orleans) así que el Himno desapareció.

Se dice que reaparece en la Batalla de Puebla, según José Emilio Pacheco; después cae en el olvido de nuevo. Este dato no es muy confiable, JEP no era historiador, parece que el filme “Mexicanos al grito de guerra”, con Pedro Infante, influyó mucho en esta creencia (se estrenó en 1943, cuando Ávila Camacho oficializó el himno): si ni los que iban a la escuela se lo sabían, sería imposible que los soldados, cuya mayoría no sabía leer, se lo aprendieran, porque no se enseñaba en los cuarteles.

[Sin embargo hubo quien quiso cantarlo, aunque no se lo sabían. Cuando los liberales entra a la Ciudad de México al fin de la guerra de Reforma, el general Florencio María del Castillo cuenta que los triunfadores se detienen en “el primer arco para escuchar el himno, cuya letra sentimos no haber conseguido”].

No es sino hasta 1901 en que Porfirio conoce a Jaime Nunó, que reactiva el Himno, claro, suprimiendo la estrofa IV, citada arriba, del “guerrero ‘inmoral’ de Zempoala” y la que le compone Bocanegra a Iturbide, el brazo del Clero en la consumación de la Independencia:

Si a la lid contra hueste enemiga, /
nos convoca la trompa guerrera, /
de Iturbide la sacra bandera, /
mexicanos, valientes seguid. /
Y a los fieles bridones les sirvan /
las vencidas enseñas de alfombra; /
los laureles del triunfo den sombra /
a la frente del Bravo Adalid.

Es difícil, por el nacionalismo (o patrioterismo) que priva en el país (lo resentirían en los estadios), pero, ya es tiempo de pensar en convocar a otro himno que hable de héroes verdaderos no de un dictador; de la dignidad, de la superación, otros valores, no el de la agresión.

Tampoco ha habido ningún concurso que lo haya premiado como el segundo más bello del mundo. Aparte, los derechos del Himno están en EE. UU (aunque la ley de los derechos de autor en Estados Unidos dice que el Himno es del dominio público, ya que fue estrenado antes de 1909).

 


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