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Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca
domingo 17, octubre 2021
Fundador: Abundio Núñez Sánchez
Directora: Ivett Núñez Cardoza
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Los menonitas preservan sus tradiciones

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La Suave Patria

  • * Procedentes del norte, sus técnicas dañan el ambiente.
  • * Algunos han migrado al sureste de México.
  • * En Quintana Roo hallaron facilidades para trabajar.
  • * Un estilo de vida diferente, originado en Europa.
  • * Se han asimilado a sus actuales lugares de residencia.

En México, la localidad quintanarroense de Bacalar enfrenta problemas medio ambientales debido a que el territorio que ocupa está poblado por los menonitas, un grupo religioso cuya doctrina se basa en la Biblia, tradiciones y rituales del pasado.

Llegados del norte de México –de Zacatecas, Durango y Chihuahua principalmente- ante el ofrecimiento de tierras del cultivo y facilidades para instalarse en el sureste del país, y poseen técnicas que usan para la agricultura que han desembocado en la deforestación, acción que genera polémicas en la sociedad mexicana.

Las viviendas, los vehículos y hasta la forma de vestir son diferentes en la localidad mexicana de Bacalar: “Los menonitas son un grupo religioso cuya doctrina se basa en la Biblia. La comunidad nació en Alemania y Países Bajos durante el siglo XVI, y luego de migrar a diferentes naciones, hoy se encuentra en México y es una de las mayores agrupaciones de su tipo en América Latina.

Los menonitas, llegados de Estados Unidos y de Europa occidental a la nación mexicana en la década de 1920 y cuyos principales métodos de vida son la agricultura y la ganadería, adquieren miles de hectáreas y las convierten en suelo productivo, pero la técnica que usan despierta polémica.

“Los métodos que utiliza esta comunidad son devastadores. Además, el uso de agroquímicos es también indiscriminado”, asegura a Roberto Aviña, comisionado nacional de Áreas Naturales Protegidas de la Semarnat.

“Se está haciendo una revisión para poder actuar en consenso con la comunidad menonita, para plantearles alternativas, movimientos, nuevos esquemas”, añade.

“Debido a los incendios que provocan los habitantes de esta región, indica Aviña, en lo que tiempo atrás eran zonas mayormente boscosas, ahora los árboles han quedado reducidos a cenizas. La comunidad menonita es una de las que más realiza este tipo de prácticas con fines agropecuarios.

Abram Neufeld y Aganetha Harder, una familia de granjeros menonitas locales, afirman que están al tanto de este asunto, pero por el momento, no tienen una alternativa, aunque sí voluntad.

Una de las razones por las cuales sorprende tanto el uso de agroquímicos contaminantes por parte de los menonitas, es su aparente contraposición con el resto de sus reglas, casi todas las cuales son propias de otros siglos.

Según explican Abram y Aganetha, desde pequeños los miembros de la comunidad no tienen teléfonos ni televisión, y empiezan a trabajar como en la antigüedad.

Mientras los hombres trabajan en el campo, las mujeres se ocupan de la casa: cocinan, “costurean” y lavan la ropa, cuentan ellas.

La hija de la pareja y su amiga ya no van a la escuela, ayudan a cocinar los platillos que ofertan en la cafetería de la familia.

Los menonitas hablan poco y no están acostumbrados a las visitas, pero aseguran que la relación con el pueblo mexicano es amistosa: la comunidad local los acepta en su mayoría y tratan de valorar los aspectos positivos.

“Los mexicanos los ven justamente porque trabajan bien y producen mucho. Y los menonitas los ven como quien consume. Entonces no hay una diferenciación entre las sociedades, las culturas y las religiones”, relata la guía turística Rita Cardeña.

Mientras, esta comunidad de Bacalar ha crecido tanto en los últimos años que ya no tiene sitio aquí, de manera que muchos se están trasladando a América del Sur al cumplir la mayoría de edad: “Es su filosofía: donde hay un pedazo de tierra, ahí están los menonitas”, dice Rita cuando acaba la visita.


Luis Alberto Adrián García Aguirre

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en donde estudió dos licenciaturas: Periodismo y Comunicación Colectiva (1968-72) y Relaciones Internacionales (1973-77). Desde que ingresó a la universidad comenzó a trabajar como reportero en la revista “Siempre!” y debutó como corresponsal de medios internacionales en 1979. Durante su carrera periodística, ha sido coordinador, editor, delegado, productor y director. De 1995 a 2002, colaboró con Reporteros Sin Fronteras (RSF) de París y el Comité de Protección a Periodistas (CPJ) de Nueva York, como su delegado representante en México, apoyando también a la Fraternidad de Reporteros de México, a la Fundación Manuel Buendía y otras entidades gremiales nacionales. En los años 2000 y 2015, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo.

Colaborador desde el 5 de febrero de 2020.


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