Excelente me parece la frase que encabeza esta nota. Fue creada por el cantautor vasco Patxi Andión para homenajear al gran poeta Federico García Lorca, quien, a pesar de sus asesinos franquistas, ya es inmortal.
La traigo a cuenta como un saludo para Javier Sicilia, ese poeta mexicano que está llevando a cabo una incalculable cruzada por la paz, por el cese a la violencia en nuestro país.
Desafortunadamente no todos los que quisiéramos podemos acompañarlo en sus jornadas y hacer patente, de esa manera, nuestro rechazo ante una política ciega y sorda, ante esta guerra de ojo por ojo contra el narcotráfico.
Pero, qué hace un poeta encabezando esta empresa pacificadora. Hace meses comencé a escribir en contra de esta masacre que nos ha costado ya más de 40 mil vidas. No de mala fe, quiero aclararlo.
Mi único fin fue unirme a las voces que desde distintos sitios condenaban este absurdo. Nunca imaginé que fuera un poeta quien le daría forma a ese dislocado llamado a la cordura.
Aunque, el hecho, tiene mucho sentido. Javier Sicilia, a mi entender, sólo está materializando lo que de sublevación hay en toda la poesía. Lo que hace Sicilia en este momento es una poesía tangible, visible y audible.
Como el mismo lo dijo, en el poema dedicado a su hijo asesinado: “el mundo ya no es mundo de la palabra”. Ya no, los acontecimientos exigen acciones y sus palabras se han transformado en un movimiento que conmueve a miles de personas y mueve a cientos por las calles y las plazas de esta República herida, lastimada. Aunque no todos lo sientan, aunque no todos estén dispuestos a elevar su voz a esas alturas.
Sería mucho pedir, es bien sabido que siempre hablan unos pocos. Predomina esa miseria moral llamada neutralidad. La mayoría de los ciudadanos permanece dormida. Y lo peor no es estar dormidos, lo peor es no ser capaces de soñar. Si la vida es sueño, entre más se sueñe más se vive.
Sicilia sueña y no ha dejado de hacer poesía, encontró otros caminos para hacerla.
El Sobreviviente
(fragmento)
Javier Sicilia
Toda ausencia es atroz
y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los
muertos,
de las blancas raíces del pasado.
¿Hacia dónde volverse?;
¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?;
¿hacia ellos, que lo han interpretado hasta vaciarlo?
¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco,
el vacío insondable de la ausencia?
Hacia ellos, los muertos, que guardan la memoria
y saben que no estamos contentos en un mundo interpretado.