MÉXICO, D.F., agosto 10.- Los obispos y sacerdotes católicos del país exhortaron a los grupos de la delincuencia organizada a permitir a la feligresía venerar las reliquias del beato Juan Pablo II, que llegarán el día 17 de agosto y recorrerán a partir del 25 del mismo mes 91 ciudades del país, a fin de que la travesía se lleve a cabo en paz, orden y armonía.
“Apelamos a que estas personas, los de las bandas de la delincuencia organizada, tengan este respeto. Sabemos que a veces no lo hay, pero que lo hagan por un Papa que quiso tanto a México”, señaló el sacerdote Manuel Corral Marín, coordinador de la Peregrinación de las Reliquias del beato Juan Pablo II.
Por su parte, el obispo de Texcoco, Víctor René Rodríguez Gómez, secretario general de la CEM, señaló que la presencia de los restos del Pontífice romano deben servir para rezar por el fin de la violencia y la criminalidad en México.
“Pudiéramos decir que en este momento de gracia, cuando recién ha sido beatificado el Papa Juan Pablo II, y por la presencia de sus reliquias en nuestro país es un momento propicio también para orar por la paz y el pueblo de México debe encontrar oportunidades para orar por la paz, por la concordia y la reconciliación del pueblo de México”, dijo el mitrado.
Los eclesiásticos señalaron que la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSP) será la encargada de resguardar durante su recorrido por el país las reliquias del pontífice romano, y al mismo tiempo proteger a los fieles católicos que acudirán a venerar los restos del Papa.
“Las reliquias en sí mismas no necesitan ninguna protección, más bien es una protección al pueblo de México, al pueblo que se congregue para participar en los actos de veneración, la Policía en realidad está sirviendo al pueblo de México en este cometido”, precisó el obispo de Texcoco.
En este sentido, el sacerdote Manuel Corral, también secretario de Relaciones Institucionales de la CEN y quien será el encargado de traer desde Roma a México las reliquias pontificas, indicó que los jerarcas católicos del país rezarán para que mediante la intercesión del beato Juan Pablo II se pueda gestar una tregua en el derramamiento de sangre por la violencia.
“Ante la percepción de un México sumido en el terror, dolor, desesperanza, angustia, venganza y rencor, consecuencia de la inseguridad y la violencia por aquellos que se han inclinado por la cultura de la muerte, la veneración de las Reliquias será una oportunidad para que los bautizados y personas de buena voluntad volvamos los ojos a Dios, y que por la intercesión de Juan Pablo II, alcancemos su perdón y misericordia”, indicó.
Artesanos mexicanos elaboraron la efigie
La sangre de Juan Pablo II puesta en una ampolleta y una imagen de cera del beato hecha por artesanos mexicanos de Guanajuato recorrerán el país entre el 25 de agosto y hasta el mes de diciembre, con la finalidad de que cese la violencia y se unan todos los mexicanos, expuso la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).
La ampolleta que será traída a México es la reliquia de primer grado que se utilizó para la beatificación de Juan Pablo II en Roma y que el Vaticano cederá a nuestro país temporalmente por el gran amor que le tuvo Karol Wojtyla a México.
El obispo Víctor René Rodríguez y el sacerdote Manuel Corral explicaron que existen cuatro ampolletas con sangre de Juan Pablo II, que fue extraída cuando el beato fue internado en el hospital antes de su muerte.
Dos se encuentran en el hospital donde falleció, una está en Polonia, y la última en el Vaticano, la cual será traída a México.
El obispo auxiliar de la diócesis de Texcoco detalló que las reliquias serán llevadas el próximo día 23 a la sede de la CEM, el miércoles 24 regresarán a la nunciatura y el 25 partirán en peregrinación hacia la Basílica de Guadalupe, donde serán recibidas con una misa.
Ahí permanecerán hasta el día 28 para luego partir al Estado de México, de donde regresarán para estar del 5 al 9 de septiembre en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.
En su recorrido por el país las reliquias provenientes de Roma estarán acompañadas por una figura de Juan Pablo II, cuyo rostro es una copia de la mascarilla mortuoria que se le tomó a Juan Pablo II.