La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos
y el horizonte se corre diez pasos más allá.
¿Entonces para que sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano
“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, esa frase acuñada por Salvador Allende, se había convertido en una evocación nostálgica de los movimientos estudiantiles del siglo XX, pues hace rato que la apatía y el desencanto caracterizaban a la juventud. Ahora, recobra su sentido primario en México.
La generación que nació y ha crecido en medio de crisis económicas y políticas; la de los ninis y los emos; la generación que no vivió el autoritarismo del viejo régimen, pero ha conocido los excesos del nuevo. Es la generación que creció escuchando que estábamos en la etapa de consolidación democrática, pero ha conocido solo excesos de partidos y gobiernos, a una clase política elitista y autista; a una élite empresarial preocupada por las ganancias.
Una juventud apática hacia la política; sin grandes expectativas; mediatizados; con intereses individuales; adictos a las redes sociales que, paradójicamente, estimulan el individualismo. Sin embargo, los jóvenes acumulaban los agravios a la sociedad mexicana.
Por eso, de pronto, por hecho en apariencia nimios pero que sintetizaban la frivolidad y la visión maniquea y cortoplacista de los medios masivos de comunicación y la soberbia e intolerancia de la clase política, en la Universidad Iberoamericana se detonó lo hasta hace poco impensable: el despertar de un largo letargo de los estudiantes universitarios.
Sus protestas ante la visita de un candidato presidencial, el manejo tendencioso que a éstas les dieron los medios de comunicación, motivaron una respuesta seria, organiza y madura de los universitarios, así como la solidaridad de los estudiantes de otras instituciones educativas.
El hashtag #YoSoy132, creado para solidarizarse con los universitarios de la Ibero, se ha convertido en la frase que convoca, en el símbolo de la rebeldía con causa, en la nueva expresión de la información pública compartida. Una frase en una de las mantas de las primeras movilizaciones del #YoSoy132, resume el sentir que han contagiado: “Jóvenes de México, celebramos su despertar, bienvenidos!, los estábamos esperando!: atentamente, La Patria”.
Las redes sociales, fundamentalmente Twitter y Facebook, sustituyeron a los medios tradicionales de comunicación masivo: radio y televisión; y, en esta coyuntura, los han rebasado. Pero mientras se da una auténtica revolución en el empleo de los nuevos vehículos de información; libres, sin censura, horizontales; la respuesta de los mass media ha sido de incomprensión y de una ignorancia absurda.
Y la clase política, en su conjunto no ha sabido comprender a un movimiento que en su aparición pública y en asambleas se distingue por la lucidez y madurez de propuestas; que ha rebasado sectarismos e intentos burdos de partidización; que en su plan, muestra planteamientos serios que escapan a la lógica de la inmediatez a la que nos acostumbraron movimientos de masas, que en Oaxaca el magisterio ha llevado al extremo de lo absurdo.
Así, los medios los calificaron inicialmente de jóvenes manipulados, que obedecían consignas. No acusaron recibo de que era la respuesta guardada por años al duopolio televisivo, a sus intentos de homogeneizar en la ignorancia y la estulticia a la sociedad mexicana. A sus intentos de dominar día día al país. A la visión maniquea que transmiten en sus programas y noticieros. A su proyecto permanente de manipular y uniformizar, ellos sí, a una nación diversa, plural.
Los políticos tampoco se han enterado de lo que sucede. Acostumbrados a reprimir, maniatar o cooptar a los movimientos sociales, sus respuestas se han dirigido en ese rumbo. Así oscilan entre la descalificación hasta el intento de capitalizar para sí la protesta estudiantil. Máxime que la expresión se da en medio de un proceso electoral.
La lógica de la inmediatez política es la respuesta a un fenómeno largamente incubado. El movimiento juvenil no tiene sus orígenes en las campañas políticas ni en las elecciones por venir, como se pretende ver. Si bien es cierto que las elecciones y el manejo que se dio en los medios de comunicación a las protestas en la Universidad Iberoamericana permitieron su emergencia, son más hondas y complejas sus raíces.
El #YoSoy132, es un reclamo también de los Ninis, aquellos a quienes peyorativamente se les endilgó tal apelativo para decir que ni estudian ni trabajan, por la clase política, las élites empresariales, los medios de comunicación, , cuando son los responsables de que no haya fuentes de empleo, oportunidades de estudio, políticas públicas para el desarrollo de la juventud.
#YoSoy132 es el reclamo de los excluidos. Paradójicamente es el nombre de aquellos a quienes se ha querido ver sólo como un número, el de un cliente más, de una cuenta bancaria, de una cifra en la estadística; despersonalizado, ha cobrado voz y fisonomía propia. Recuerda el dicho del movimiento zapatista: para que pudieran conocer nuestros rostros, nos tuvimos que encapuchar.
Y sin embargo, estas movilización juvenil ha una plataforma seria y congruente: antineoliberal, apartidista pero no apolítico; contra el maniqueismo de la televisión; trascender más allá de lo electoral; vigilar de cerca el proceso electoral.
De ahí que se haya anotado ya varios éxitos: la transmisión en cadena nacional del segundo debate televisivo; una cobertura informativa amplia a sus acciones; el manejo colectivo y solidario por medio de las redes sociales; una convocatoria amplia que ha permeado a otros sectores de la sociedad y dinamizado el proceso electoral; la convocatoria a un debate organizado por el movimiento y la aceptación de tres de los cuatro candidatos a asistir.
Sin embargo, los mayores retos y riesgos están por venir. La frescura puede tornarse en pesada intransigencia si empiezan a predominar las visiones radicales u oportunistas que nunca faltan y que ya se han hecho ver en hechos de agresión y de indiciones de violencia en algunas manifestaciones. La madurez de quienes protestan con argumentos, escuchan y debaten, puede ser sustituida por quienes descalifican sin sentido, vociferan y arrebatan la palabra. La horizontalidad del movimiento, no debe claudicar ante protagonismos y oportunismos; y éstos se encuentran también al acecho.
La razón, no debe ni puede, ser sustituida por la fuerza. En Oaxaca se tiene harta experiencia de ello. Los universitarios oaxaqueños han sido presa de los grupos porriles; del clientelismo de candidatos; de la venta de calificaciones. Sostenerse en el sentido contrario a esa tradición perversa, les dará mayores credenciales para protestar con razón. Recordando nuevamente a Allende: “Ser agitador universitario y mal estudiante, es fácil; ser dirigente revolucionario y buen estudiante, es más difícil”.
El que es estudiante, señalaba el presidente chileno, tiene una obligación porque tiene más posibilidades de comprender los fenómenos económicos y sociales y las realidades del mundo; tiene la obligación de ser un factor dinámico del proceso de cambio, pero sin perder los perfiles, también, de la realidad.
Por lo pronto, el #YoSoy132, ha pasado de la protesta a la propuesta; del sectarismo a la pluralidad; de la inmovilidad a la participación crítica. Y no es sino en el diálogo constructivo y el debate con argumentos; el pensamiento libre y la reflexión informada; en donde se puede construir una agenda y una ruta verdaderamente democrática.
No convertirse en una organización homogénea, sino mantener el espíritu de libertad y pluralidad, y generar la conciencia cívica, es el reto del movimiento. Porque podrán escribir los mejores twits, gritar las mejores consignas en las marchas, pero si no votan el 1 de julio y no continúan participando críticamente; ¿de qué sirvió?
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Twitter: @victorleonelj