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Se tomó el vino del altar de muertos y era para el difunto

OAXACA, OAX., octubre 31.- Vino tu papá y se tomó el vino—dijo la madre al hijo—en un momento inesperado cuando cierto, el pequeño vaso estaba vacío en el altar de muertos, donde horas ante había sido colocado.

Sucedió precisamente en la festividad de los muertos o fieles difuntos, donde aun las personas muy humildes, siguiendo la tradición y costumbres características en los oaxaqueños, por ahí en un espacio pequeño del interior de la habitación, dio forma al altar de muertos, porque según la madre del menor venían, regresaban a convivir con los vivos, los que habían fallecido.

El altar de muertos lo comenzaban a instalar en el transcurso del día 31 de Octubre, puesto que desde las 24 horas del día uno de Noviembre, arribaban los angelitos, según la creencia, los espíritus de los niños que por alguna circunstancia o motivo habían perdido la vida.

En el altar eran parte del ofrecimiento a los muertos, una variedad de frutas de la temporada, como naranjas, manzanitas naturales o preparadas en dulce, la caña, manzanas, naranjas y jícamas, entre otras.

No podían faltar las flores, entre ellas la cempazuchilt de atractivo color amarillo y de impregnante olor, aparte de la conocida como cresta de gallo, de color rojo semejante al terciopelo.

Después de 24 horas, dicen las personas adultas y los papás entre otros que después de la visita de los angelitos, llegan los adultos a la media noche, en primeros minutos del día 2 de Noviembre, y para ellos si fueron varones no debe faltar lo que gustaban.

Por ello la madre había dicho al hijo que a su padre fallecido hacía varios años, le gustaba fumar y tomar y había que colocar en el altar unos cigarrillos, una copa de mezcal y una de vino, porque iba a regresar y en el breve tiempo estuviera contento como era en vida.

Al chamaco de unos 12 años de edad, incrédulo y atrevido, le dio por saborear el vino, lo probó, le gustó y que se toma el poco que su madre había colocado en un vaso pequeño en el altar.

Consumada la travesura, estaba pendiente de lo que sucedería y repentinamente la madre se acercó al altar, vio el vaso vacío y dijo al chamaco: mira hijo, vino tu papá y se tomó el vino.

El chamaco en cierta forma sorprendido, no dijo palabra alguna, guardó silencio y en su mente se reveló como si se tratara de una cinta cinematográfica lo sucedido y se le quedó tan grabado lo dicho por su señora madre, que han pasado muchos años, aun vive, ya es adulto y ha llevado impregnado el dicho de que un día de muertos, regresó su padre y se tomó el vino. Un hecho verídico.

 

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