Guardias de honor y disparos de salva en honor de los 2 agentes de la AEI caídos


SAN ANTONIO DE LA CAL, Oaxaca, mayo 13.- Tres disparos de salva de escopetas retumbaron en la explanada de la sede de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI), dependiente de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), en memoria de los dos elementos que murieron en el cumplimiento de su deber en una comunidad del municipio de Santa Cruz Itundujia, en los límites de las regiones Mixteca y Sierra Sur.

Los féretros con los cuerpos del perito y el agente asesinados cuando acudieron a cumplir una diligencia, fueron instalados frente a la entrada principal del viejo edificio, otrora hacienda de San Antonio de la Cal, que sigue funcionando como sede de la AEI, a un costado del asta bandera.

A las 11:00 de la mañana del martes 13 de mayo de 2014 llegó la carrosa gris, custodiada por una camioneta con cuatro elementos de la AEI abordo y otros cuatro en moto patrullas, con los restos del doctor perito Javier Camerino Martínez y el agente Gerardo García Ruiz, placa número 282.

Los dos ataúdes, de madera fina, eran cubiertos con la Bandera nacional, como símbolo de patriotismo por haber perdido la vida en el cumplimiento de su deber.

Doce elementos cargaron los féretros y detrás dos mujeres agentes portaban los cuadros con las fotografías de los caídos. Rostros tristes de donde luego brotaron lágrimas y dieron paso a los recuerdos, por el tiempo de convivencia en el trabajo.

Los familiares de los elementos muertos permanecieron en guardia junto a los funcionarios de la PGJE, encabezados por el procurador Héctor Joaquín Carrillo Ruiz.

Breves las palabras de pésame y condolencias de Carrillo Ruiz, así como el compromiso de castigar con todo el peso de la ley a quienes les quitaron la vida.

Luego el pase de lista, fuerte y en alto el nombre del galeno y el agente muertos. Los uniformados, sus compañeros, gritaron “¡Presente!”. A muchos les ganó la emoción y soltaron en llanto.

Las dos banderas nacionales que cubrían los ataúdes fueron dobladas y entregadas, una al Coordinador de la AEI y otra al Director de Servicios Periciales de la PGJE, quienes a su vez las dieron a los familiares.

“Simbolizan –les dijeron con las manos extendidas– el patriotismo, la lealtad y la convicción de servir y morir por su patria en el cumplimiento del deber”. Los dolientes recibieron las banderas y agradecieron el apoyo brindado.

Los funcionarios montaron una guardia de honor junto a los ataúdes, mientras los carabineros, vestidos con el uniforme negro y en sus espaldas las letras doradas de la AEI, tomaron sus armas y esperaron la orden de su Comandante para cargar, apuntar y ¡fuego!

Tres salvas dispararon en honor de sus compañeros caídos.

Al final, cargaron de nuevo los féretros para subirlos a la carrosa que los trajo y con los acordes del “Dios Nunca Muere” de fondo, escuchados en un altoparlante, partieron a sus hogares, donde serán velados por sus familiares y luego llevados al panteón.

Una camioneta y cuatro motopatrullas con agentes los escoltaron, seguidos por amigos y familiares, mientras los funcionarios regresaban a sus oficinas y un grupo de trabajadores desmontaban los módulos y el mobiliario utilizado para la ceremonia.

Todo volvía a la cotidianidad, a la prueba del tiempo, al recuerdo funesto, a la cifra y al dato estadístico de los agentes de la AEI caídos en el desempeño de su trabajo.

 


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