OAXACA, OAX., julio 13.– La idea de la artista plástica Beatriz Loreto Pineda (Lota, Chile, 1961) resulta concisa; es decir, clara y precisa: para mí, “todo el universo que involucra la grana cochinilla puede ser un aporte fundamental al proceso creativo de los artistas plásticos en la pintura”.
El proceso y los retos enfrentados para desarrollar y lograr materializar en obra esa idea estética, en cambio, han sido arduos, implican un largo camino que inició en el año 2002 en Oaxaca.
Pero los resultados ahí están. Precisamente, uno de ellos es la exposición “Grana: Alma Máter” que este 12 de julio, a las 19:00 horas, inauguran aquella creadora chilena y quien ha sido como su “delfín”, el diseñador gráfico y artista plástico Alejandro Martínez (Oaxaca, 1971) en la galería Arte de Oaxaca (Murguía 105, Centro).
Los retos que ha enfrentado Beatriz Loreto se relacionan, tristemente, con un problema lacerante en México y todavía muy común: la discriminación por género y por ser extranjera.
El proceso. Mochila al hombro, Beatriz Loreto conoció el Estado en los tiempos que estudiaba en la Escuela de Artes Plásticas de la UNAM, allá por 1998. En 2012, decidió residir aquí, aunque desde esa fecha hasta hoy, su vida ha ido entre Oaxaca y Chile. Y en ese mismo año, conoció la grana cochinilla a través del artista Gerardo de la Barrera. Y de ahí pa’l real. En un momento dado, ofreció un taller del tema en la Universidad Mesoamericana y luego, en 2008, otro en el espacio de Alejandro Martínez: El Rincón de Sabina (5 de Mayo 204, Centro). Desde entonces han trabajado conjuntamente.
Desde el principio, platica Beatriz Loreto, “comencé a sumergirme profundamente en el universo de la grana. Para empezar, me impactó mucho que de un insecto pudiese salir aquella, y más aún que era a partir de la hembra, pues es ésta la que tiene la capacidad de transformar toda la savia que chupa”.
–A ella no se le discrimina por su género…
–Ja ja ja. No, al contrario. Es la que más vive, porque la función del macho es fecundar. Luego de eso tiene los días contados.
El quehacer de la artista consistió en experimentar, explorar, investigar, analizar, determinar las mezclas y las cantidades. Buscando para la grana “un control y un método en la pintura, porque en el textil se ha trabajado mucho ya”, ahí está, para ilustrar este punto, el estudio de la textilera y tapicera Leticia Arroyo.
“La de la grana puede convertirse en una técnica artística exquisita. Falta, pero la posibilidad existe. De ahí la necesidad de investigar, pues en relación con el uso de esa sustancia en la plástica casi no hay estudios. Más aún, muchos conocidos me han dicho: ‘Mira, ahí tengo la grana, pero no sé cómo usarla”.
Hoy, tanto Beatriz Loreto como Alejandro Martínez no sólo aplican ya un “método que cada quien con su propia percepción, formación, creatividad, experiencia y sensibilidad han ido perfeccionando”, sino que su práctica desembocó en obra producida.
–¿Qué piezas presentan en la exposición “Grana: Alma Máter” y cuáles son sus temáticas?
–Son alrededor de 22 piezas de mediado y pequeño formato. Cada quien exhibirá 10 u once.
En mi caso, dice Beatriz Loreto, “alguna ocasión asistí a la presentación de un catálogo del Instituto de Investigaciones en Humanidades de Oaxaca de la UABJO sobre oficios y otros menesteres de principios del siglo XX. Siempre he tenido afinidad, aquí y en Chile, con la fotografía. Me interesaron mucho esas imágenes y me fui al acervo municipal, donde encontré cajas y cajas de fotos de cargadores, aguadores, cocheros, policías municipales, mujeres públicas.
“Estaba sorprendida. Era todo un registro para censar y controlar a esas personas. No hay que olvidar que eran tiempos del Porfiriato y el consumo relacionado con el modernismo, y que ese tipo de personajes molestaban y, por lo mismo, se les trataba de esconder”.
Beatriz Loreto utilizó esas fotografías: “Las resignifiqué sacándolas de contexto y tratando de rendir un tributo a esos personajes con otra mirada, basada sobre todo en la decoración: a la imagen de una mujer pública, por ejemplo, le sustituyo su vestimenta con un huipil”.
Cuenta Alejandro Martínez: “Como tratamos de romper con esos parámetros de los pintores que son la copia de la copia de un pintor equis, decidimos manejar temáticas diferentes. La mía se relaciona con mi familia: exactamente con los árboles. Mis padres viajaban a diferentes estados y siempre traían un árbol característico del lugar que visitaban. Cuando era niño iba con ellos a su casa de San Martín Mexicapam, todo un tour en ese tiempo, a sembrarlos”.
Alejandro Martínez comenzó a pintar árboles utilizando grana, “pero no de la forma común, de lo ya existente, sino a partir de lo que se le venía a la mente en ese momento. Generó toda una serie: “Mi idea era hacer alrededor de cien árboles a fin de desarrollar bien mi técnica y cimentar y controlar el método de la grana cochinilla. Hoy llevo como 200, aparte de los que experimenté en el taller de 2008”.
Sus árboles son infinitos, no les pone límites, pero eso sí, pueden distinguirse por sus diversas características: las hojas de un Tulipán de Majahua, por ejemplo. Y los nombra con sucesos relacionados con su familia como señal de identidad y respeto a los padres, a la pareja y a los hijos, al tiempo que maneja códigos de diseño para poder enviar un mensaje al público.