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Teresa

¿Para qué sirven los trenes?

LIBROS DE AYER Y HOY.-

El proyecto del tren de alta velocidad México-Querétaro sigue causando problemas, pero el gobierno no lo desecha definitivamente como lo hizo con el transpeninsular Yucatán-Quintana Roo, pese a las muchas opiniones de que podría resultar un negocio fallido.

La nueva suspensión ya agotó la paciencia de los chinos y el IFAI exige información sobre la primera suspensión que coincidió con el escándalo de la llamada “casa blanca”.

La SCT responde al IFAI que la primera cancelación, “fue de presencia”, de palabras suponemos, ¿pero se pueden tratar temas tan importantes como ese que involucran millonadas con un trato directo, sin documentos que los avalen?

Ahora el gobierno espera una rendija para insistir de nuevo, ¿con que fin? Expertos han dicho que el tren puede resultar un desastre económico. ¿Cuántos están deseosos de ir en viajes seguidos a la ciudad de Querétaro?

Es histórica y bella, es verdad, pero propia para unas cuantas visitas cuando no se vive allí. O ir de vez en cuando. No más. Es diferente a las turísticas con playa, con zonas arqueológicas, a las fronterizas, a las grandes como Monterrey o Guadalajara o a las que son cercanos dormitorios –como Toluca, Pachuca, Texcoco, etcétera–, algunas de las cuales tuvieron su época trenera, con aquel Ferrocarril del Pacífico que tanto dio de que hablar y otros trenecitos que corrían hacia el sur.

¿Qué negocios se encubren en ese tren, quién es ahora el amigo cercano que será favorecido?, ¿quién vigila al vigilante del proyecto, el priísta José Ángel Gurría? La mención del tren en la vida de México es ilimitada.

Hubo un tiempo en el que la gente se movió en ese transporte. De chica yo me la pasaba en tren buena parte del año; viví incluso enfrente de una estación de ferrocarril, Estación Bamoa, Sinaloa, y en muchos momentos me refugié en los guardavías, para evitar un accidente.

Las vías temblaban. De Ciudad Obregón a esa estación se hacían tres días y buena parte la gente se la pasaba en los mohotes, mientras los operarios arreglaban las vías.

Recientemente comprobé que de la ciudad sonorense a la estación, se hacen, con las modernas carreteras –el tren ya no existe–, ¡tres horas! Más tarde ocupé camerines y un día, en un viaje a la ciudad de México, salí hacia el cabús, para presenciar el paisaje que se alejaba. De pronto entró un hombre alto, ya grande y se sentó junto a mí. Hizo unos comentarios breves, mientras perdía la mirada en los rieles que se iban. Después supe que era uno de los hermanos Almada, los cineastas y paisanos.

Fuimos, sin resultados trágicos, Extraños en un tren (Patricia Highsmith, Anagrama 1983). Sonora tiene una de sus grandes epopeyas en un tren trágico, la famosa máquina 501 (Canción Maquina 501 en voz de El Charro Avitia), con la que el gran héroe Jesús García ofrendó su vida para salvar a un pueblo, Nacozari.

Es curioso que teniendo a un hombre tan preclaro en nuestra historia, vinculado con un incendio y explosión, el PRI haya nombrado como su candidata a la gubernatura a Claudia Pavlovich, defensora de varias de las dueñas de la guardería ABC, donde murieron 49 niños en un incendio.

A lo largo de la vida, van surgiendo las historias de trenes aderezadas con el suspenso: El misterio del tren azul, El tren de las 4.50, Asesinato en el Orient Express, todas de Ágatha Christie; las leí de un tirón.

Elena Poniatowska, ahora reconocida por la universidad complutense en España, escribió El tren pasa primero (Alfaguara 2007) sobre el movimiento ferrocarrilero de 1959. Se inspiró en Demetrio Vallejo. La historia del tren nos remonta a la Revolución, la música, los viajes, las despedidas, los encuentros.

“Siete Leguas el caballo que Villa más estimaba, cuando oía pitar el tren, se paraba y relinchaba…”. Y el autor de Tampico hermoso usaba una frase alburera en sus canciones: ¡Ay mamá que tren tan grande que sólo el cabús le veo!

Especialistas de la UNAM acaban de declarar al suplemento Investigación y Desarrollo ID, de La Jornada, (enero 2015, número326, año XXIII) que el país es tecnológicamente apto para manufacturar trenes de alta velocidad como el de la vía México-Querétaro.

Si es así, ¿por qué recurrir a tanta empresa y tecnología extranjeras?

Pero el gobierno se aferra a su proyecto cuando paradójicamente anuncia la disminución del gasto público. Está poniendo las bases, tal vez, para que nos arrolle el tren.

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

 

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