El encanto de los aviones


LIBROS DE AYER Y HOY.- El gusto por viajar en avión va a estrellar a muchos. Ahora la candidata del PRI a la gubernatura de Sonora, Claudia Pavlovich, no da una para explicar el uso de la avioneta con matrícula texana, para asistir a varios eventos en su estado y echarse unos viajecitos a Texas.

Ya es de todos conocido el caso de David Korenfeld y en los últimos días el del PRD, cuyos líderes han sudado la gota gorda para explicar por qué contrataron cinco helicópteros para viajar a un mitin en Michoacán y por qué su presidente gastó 54 mil pesos en el suyo.

Antes, todos supimos de los copiosos integrantes de viajes a Roma y Londres, y de algunos poco reseñados a España, Brasil y otros países. Ya está documentada también la gira mundial de las hijas del líder del PAN, Gustavo Madero Muñoz, en sus aviones respectivos, y hay por ahí decenas y decenas que faltan por reseñar.

Viajar en avión es una delicia, es como tocar el cielo con las manos, más si es el pueblo el que paga. Pero funcionarios y partidos ven la procesión y no se hincan.

Mientras el país está hundido en la miseria y a diario nos dan malas noticias –las buenas no las percibimos–, no hay argumento que pare la corrupción ni la burla que se hace del pueblo mexicano.

La candidata priista ha sido sorprendida en una mentira que exhibió el diario Reforma, respecto a que la avioneta usada por Pavlovich no pudo ser rentada, como  ella dijo, porque es privada y con registro estadunidense y en este caso la renta está prohibida.

Sobre el PRD, es una altanería la respuesta de Silvano Aureoles, a cuyo mitin en Michoacán asistieron los gobernadores y el líder nacional de ese partido, al contestar burdamente que “el asunto está cerrado y punto”.

¿Por quiénes nos ha tomado a los mexicanos que tenemos todo el derecho de saber y terminar el asunto cuando querramos y esté agotado? Buena le espera al pobre Michoacán si gana este prepotente perredista.

El cielo con las manos (Ediciones del Norte 1981) es un  libro que fue escrito por el argentino Mempo Giardinelli entre 1978 y 1979, cuando andaba por los 32 años y vivía en el D.F. Es un libro de nostalgias.

De ahí la reiteración del tango de Enrique Cadicamo, Nostalgia, en su novela acerca de un amor de muchos años, recordado entre añoranzas de barrios, autores, activismos políticos, próceres y un ingenio siempre presente que le da fluidez a lo narrado.

Como sucede con lo mucho que se desea, al tocar el cielo con las manos la magia desaparece. Así ocurrió en esta narración.

De aquel tiempo al actual, Mempo ha acumulado muchos libros y queda el recuerdo de su Género negro (1981), en el que desbroza con gran maestría los orígenes de la novela negra que sorpresivamente los remonta a la novela del oeste.

En ese entonces no había aviones, pero si nostalgia. Recordemos a Cadicamo en uno de sus versos:

Nostalgia

de escuchar su risa loca

de sentir junto a mi boca

como un fuego su respiración

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

 


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