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Masacre y contradicciones

LIBROS DE AYER Y HOY.- Hombres armados custodian las 24 horas del día en Nairobi al único rinoceronte blanco que existe. Se trata de impedir un robo o un  sabotaje contra el valioso ejemplar, un macho, que puede ayudar a que su especie no se extinga. O quizá para que no se escape de dos portentosas hembras que lo acompañan. Todo puede suceder.

A diferencia de Kenia, aquí hemos depredado a tal grado nuestra riqueza en flora y fauna, que ni siquiera la tibia intervención del gobierno federal puede impedir la masacre y extinción de especies valiosas.

El tucán, por ejemplo, ave que está en peligro de extinción, es utilizado como parte de una campaña política y nadie sabe, nadie pregunta, qué hace el partido que lo ostenta para salvarlo de su destino.

Otro caso es el de la vaquita marina, víctima del crimen organizado que controla la pesca de totoaba, especie de gran tamaño muy demandada en el norte. La vaquita es el cetáceo más chico del mundo. Originaria de México, llega a medir un metro y medio, vive en el Golfo de California y sólo existen entre 90 y 100 ejemplares. Veintiséis son  hembras. Su depredación  es infame, ya que queda atrapada y se asfixia en las redes de los pescadores de totoaba, que simplemente la regresan al mar, ya muerta.

Científicos hacen esfuerzos  con  otro símbolo de nuestro país, el ajolote, sobre el que pesa la misma amenaza de desaparición. A este se suman 2 mil 556  especies en peligro de extinción, de  las cuales diez están en inminente desaparición.

Entre estas se encuentran las mencionadas arriba, el lobo gris mexicano, el jaguar, la caguama, la guacamaya roja, el oso negro, el manatí y el conejo teporingo.

Datos oficiales sitúan en 2.5 por cierto la pérdida que se avecina, pero según organizaciones defensoras, Greenpeace entre otras, las políticas públicas no son suficientes.

México ocupa el segundo lugar en el mundo de especies en esa grave situación.

Aparte está el tráfico de especies exóticas, vendidas a destajo o a petición expresa en mercados locales -–el Sonora ante todo–, sin que haya una auténtica política de control. Mientras, el Partido Verde sigue desacreditando al pobre tucán.

El obsceno pájaro de la noche  (Seix Barral 1970 primera edición, Alfaguara 1999) es una novela extraordinaria escrita por el chileno José Donoso y decimos una novela, pero en realidad son muchas novelas en una.

Calificada como una de las obras cumbre del siglo pasado, por ella y por su trabajo copioso, El lugar sin límites, otro ejemplo, Donoso fue propuesto en su día para el premio Nobel.

La obra es muy compleja, yo la he leído tres veces y siempre me sorprende. Poder, dinero, con un dueño de vidas y haciendas como sucede en países de Latinoamérica y un narrador timorato, Humberto Peñaloza, el mudito, que transita de lo subalterno al poder, al amor imposible, a la complicidad, en medio de traiciones, seres monstruosos, un monasterio de decantaciones infames, con realidad e irrealidad mezcladas.

Parece más bien el sueño muy bien narrado de un escritor al que afectan imágenes alucinantes sin que haya seres rescatables. Quizás sólo la atrevida adolescente Iris Mateluna, que se desnuda feliz –sin que lo sepan las monjas–, frente a la vitrina que está enfrente de la calle.

Un espectáculo.

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

 

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