¿Mater admirabilis?


LIBROS DE AYER Y HOY

En muchos casos y con justa razón, la sociedad se empeña en elevar el concepto madre. Pero, ¿son admirables todas las madres? Si en el país hay tanto machismo y tanto misogismo que desembocan en actos de violencia, ¿hasta qué punto son responsables las que formaron a esos hombres?

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Es verdad que hay una sociedad que trasmina una serie de conceptos que son adoptados por la familia y que a la postre se reflejan en sus miembros. Y que el ser humano va incorporando a lo largo de la vida un conjunto de valores que lo transforman.

Los expertos tienen la palabra, pero cualquier ser común ha sido testigo de la preferencia de las madres por sus hijos hombres y la misma sociedad, el arte, la literatura, etcétera, reflejan esa preferencia. Poner en duda un concepto arquetípico puede hacer que a uno lo volteen a ver a feo, pero la responsabilidad de cada ente social debe ser discutido. Y habla una mujer que tuvo seis hijos.

Colocar en el tapete la presencia de las madres como formadoras de hombres no está de más. Los homenajes, los honores que se rinden a la madre el 10 de mayo, día utilizado en este momento con un fin comercial, redondean el concepto sacrosanto de un ser superior, de alguien colocado en un nicho como en el pasado se colocaba en un plano romántico a la mujer en general.

Era la intención de sacar a las mujeres de la vida prosaica, reducirlas al hogar, impedir que destacaran en otros ambientes. De ahí la influencia preponderante que empezaron a tener en el interior.  La situación es dispar, pero no deja de reconocerse el impacto de la madre en tierras mexicanas, al grado de que su ídolo mayor es una santa, la Virgen de Guadalupe.

Los adeptos al determinismo freudiano de que infancia es destino, etapa en la que las madres más influyen, deben de navegar en una duda. Con lo que estamos viendo en el país, ¿es la madre el paradigma crucial del ser humano, el ser que merece estar en un altar? ¿Quién ha retraído esa influencia benigna para que haya tanta agresividad? ¿Hasta qué punto ha fallado una parte de ese sector de la sociedad tan influyente?

Para los que sostienen que una madre puede hacer todo por sus hijos -situación que no es verídica si vemos niños abandonados, niños maltratados, madres que protegen a padrastros y amantes que golpean a sus hijos-,¿no resulta paradójico que mientras las madres de los normalistas de Ayotzinapa y las de miles de desaparecidos, buscan desesperadamente a sus hijos y dan una lucha intensa por encontrarlos, algunas de las madres de Los Porkys los defienden y los mantienen escondidos para que la autoridad no los encuentre? ¿Es lógico que llevada por el fanatismo, una madre deje ciego a su hijo, como sucedió en un evento dramático en el Estado de México?

Por el contrario los actos extraordinarios y por decir gloriosos de madres que luchan y sacan adelante a sus hijos- según INEGI más de la tercera parte de los hogares son sostenidos por mujeres, algunas de ellas madres solteras y en ciertos estados esa proporción es a la mitad- son numerosos, más notables podríamos decir y hacia allá por fortuna, se encamina el festejo de este 10 de mayo. Que cada quien haga una evaluación según el caso.

Federico García Lorca solía reflejar en sus obras las costumbres acendradas para aprisionar a las mujeres. Son costumbres terribles que los pueblos vivificaban para estrangular el placer femenino. Y en ese discurrir, las madres y las abuelas eran las principales castradoras, las vigilantes de la moral.

El clásico La casa de Bernarda Alba (Editorial Porrúa S.A.1992), es el reflejo de aquellas madres de largos vestidos negros y cabello recogido en la nuca, que el cine ante todo, ha expuesto en los viejos filmes. Mujeres duras, soberbias con sus hijas a las que mantenían casi en prisión y lanzaban a las fieras cuando cometían un desliz.

Bernarda Alba, “tirana de todos los que la rodean”, madre de varias hijas, se opone a la relación de Adela la menor, con Pepe El Romano, pretendiente de su hija mayor Angustias. Hay un sopor moralista, extremo, en el que participa todo el pueblo. Y ante la tragedia en la que desemboca la historia, Bernarda se yergue como la gran defensora de esos ritos pueblerinos, apoyada por sus otras hijas y las ancianas que pululan en torno de ellas. El poeta granadino trasciende la gran influencia de la madre, para, en algunos casos, llevar a un desenlace de sangre.

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx