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Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca
jueves 23, septiembre 2021
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Directora: Ivett Núñez Cardoza
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Muerte civil capitis diminutio

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LIBROS DE AYER Y HOY

Muchas vueltas le dan esos que solicitan la muerte civil de los corruptos, y hasta se remontan a la vieja Roma y mencionan  al ínclito Ulpiano para hablar de la cápitis diminutio. Si en México se cumpliera la ley, esos que roban y saquean el erario público irían a la cárcel y su sentencia los privaría de derechos políticos y civiles. No necesitan usar fórmulas y nombrar caras comisiones para que se ocupen del caso. Ya hay muchos muertos en el país.

Muerte-civil

La propia Constitución y las leyes penales se ocupan de la llamada muerte civil, con el mandato la primera; con la aplicación de la ley a través de la sentencia, la segunda. Esta puede contener la suspensión de los derechos políticos y civiles junto con  la pena por un delito cometido. O  la sentencia en si misma puede ser la pérdida de esos derechos.

El que los derechos humanos de los presos deban ser estrictamente respetados, no significa que el asunto se relaje. Ante la abstención electoral y dado que tenemos cárceles repletas de presos, hubo alguien que en semanas anteriores -debe ser un priista que resintió la pérdida de las cinco gubernaturas-, propuso que se les de el voto a los presos. Les convendría si metieran a las cárceles a los funcionarios corruptos, porque entonces tendrían muchos votos.

En el derecho romano se aplicaba la cápitis diminutio máxima a los delincuentes, lo que los privaba de sus derechos ciudadanos. Pero los excelsos civilistas de la ciudad eterna, machos como eran, extendían la cápitis diminutio -sin la máxima- a las mujeres solteras y a veces a las esposas de los pater familias. O sea esas mujeres carecían de derechos ciudadanos, como suele a veces suceder. En Grecia eran más prácticos: dictaban  la inexistencia o aplicaban el destierro, cosa esto último que  rechazó Sócrates y prefirió beberse la cicuta.

Grandes personajes de la historia murieron desterrados, el gran Dante entre ellos. En México la que lo aplicaba a destajo era la  Inquisición que se daba el  gusto de sacar de nuestras tierras que ellos llamaban de  Indias, a todos los herejes, opositores o que no creyeran en su dios. Aquí, ahora,  ese destierro es voluntario: los corruptos toman sus millones y se van a disfrutarlos por una temporada. O los pobres, los olvidados de las instituciones, los que de hecho han sido siempre inexistentes, se mudan de sus tierras o se van al extranjero en busca de otra vida.

Ser migrante es ser un desterrado. Vivir en el exilio. Pero la inexistencia o el destierro son  risibles para los políticos. A Felipe Calderón que se robó la presidencia cometiendo así uno de los más graves delitos políticos y que con una decisión mal tomada envió al país a la guerra, lo premian públicamente. La única respuesta al señor Zoe Robledo, priista convertido en perredista, ante la propuesta que hizo en el senado: que mejor proponga el cese de la impunidad.

La literatura está llena de casos de muerte civil, destierros, persecuciones y exilios. Horacio Quiroga el excelente escritor uruguayo considerado el maestro del cuento latinoamericano, tiene un libro apabullante, Desterrados (Porrúa 1976), del cual sacamos el relato que lleva el título de libro acerca de dos negros expulsados de su tierra por el odio y el desprecio, que regresan a morir en la más absoluta miseria.

Quiroga fue un desterrado de su patria y lo consignó en la que es considerada su mejor obra. Juan Rulfo, en El llano en Llamas (Planeta 2007) da una idea en varios relatos, de las fugas políticas de los cristeros, del migrante que se va a Estados Unidos porque no tiene ni para comer y el del viejo que había matado a uno que lo transaba y huye durante años, muerto en vida.

Él es el que suplica a su hijo en el dramático título, ¡Diles que no me maten! Son seres abandonados de la suerte sin patria y sin derechos, no como los políticos engordados por nuestros recursos que viven la vida felices a nuestras costillas ¡Que muertos en vida van a ser! En alguna época, quizá en la Cristiada, el destierro se aplicó. Aquella canción que fue muy famosa lo denuncia:

DESTERRADO

Desterrado me fui por el muey

Desterrado por el gobierno y al año volví

Por aquel cariño inmenso de aquella mujer

 

Me fui con el fin

de por allá quedarme

solo el amor de esa mujer

me hizo volver.

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

 

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