Las mujeres que no aman a su género


LIBROS DE AYER Y HOY

El misogismo se ha destapado en estas campañas electorales. Pero a excepción de casos muy desagradables de personajes masculinos que se han trepado en el carro para guadañar, las ofensas han venido de mujeres contra mujeres.

Trilogia

Normalmente los mexicanos.- y lo mismo debe ocurrir en los demás países-, estamos acostumbrados a una dosis misógina en los hogares, con  madres, motivos de libros y películas, que favorecen al hombre por ser hombre.

El machismo tiene su raigambre en esas ubicaciones maternas que marginan a sus hijas mujeres.

Y es ese machismo hogareño, entre otros desvíos, el que trasciende a situaciones más terribles y peligrosas, como se expresa en este momento en la violencia diaria contra las mujeres.

Las corrientes feministas y las luchas políticas fraternas, han paliado resquemores normales entre mujeres, por envidias o rivalidades.

Se ha legalizado la paridad de género y constantemente hay propuestas a favor de sectores desvalidos como las trabajadoras domésticas, por ejemplo y se solicita alerta de género llevada a la autoridad por legisladoras y organizaciones de mujeres.

Es cierto que hay denuncias contra mujeres, éstas no son  sagradas, pero ante irregularidades cometidas por ellas, como ha sido el caso muy denunciado de Josefina Vázquez Mota y los mil millones que recibió del gobierno federal, la denuncia se ha dado en el marco de datos y pruebas. Siempre llevada de su situación de ente público y no como mujer.

En el mismo caso están y han estado otras mujeres ¿Que vuelco hubo para que de pronto grupos de mujeres que ejercen un  poder político violaran los límites del respeto de género y se adentraran en el misogismo violento y ramplón, para atacar y denostar a otras mujeres? Lo que hicieron las 14 mujeres priistas la noche del pasado 6 de abril, para denostar a una profesora de primaria, honorable, que ha sido presidenta municipal en Texcoco -ratificada su gestión en el nuevo triunfo de Morena en ese municipio.- y diputada federal llamada a la candidatura del Estado de México, no tiene parangón en esos sectores femeninos.

Prefieren quizá a los maestros de primaria que rebasan todos los límites de la cordura, como ese muy famoso en el Edomex que solía repetir la frase de un escritor del siglo XIX, “un político pobre es un  pobre político”.

Más cuando una de ellas Hilda Flores Escalera es la actual líder del sector femenino en el PRI y otra,  la senadora Diva Gastelum lo fue recientemente, ¿Esa es la solidaridad de género, el apoyo entre mujeres, la defensa de sus derechos? ¿O es  el desasosiego y el nerviosismo ante el impacto causado por Delfina Gómez, lo que las tiene  en estado de choque? Una de esas priístas, la lider del PRI mexiquense Alejandra del Moral, hizo una confesión muy grave, “En el PRI, a las mujeres no nos han regalado nada” ¿A que extremo de ignominia está sometiendo el PRI a sus mujeres? Es algo que debe tomarse en cuenta para comprender estas diatribas.

El sueco Stieg Larson crea en sus obras personajes femeninos acordes con la línea que maneja en su famosa Trilogía Milenium (2005) en la que, fijando los temas en un personaje central Lisbeth Salander, se da tiempo para denunciar la violencia  que sufren las mujeres en el mundo.

En su primera parte, Los hombres que no amaban a las mujeres (Editora Destino 2008), son ellos los agresores, los que trafican con  trata, los que abusan de ellas -como el  propio  padre de Salander-, los que las matan.

Hubiera sido para él una herejía tener a una mujer misógina o violenta como personaje.

Se asombraría de ver esas reacciones en mujeres mexicanas como las del 6 de abril, que atizan el fuego de la violencia y ponen  las bases para que se afecte y atropelle a otras mujeres.

Eso le acaba de pasar,  en el estado de México, a la delegada panista Xóchitl Gálvez, agresión que fue lamentada por el candidato priísta Alfredo del Mazo, que no se refirió pese a los agravios recibidos  de  mujeres priistas, a Delfina Gómez.

La trilogía de Stieg es un recorrido sobre las  agresiones a  mujeres y  un  panorama general de los países que participan en el crimen organizado y que tienen como centro de su delito, a ese género.

Si en México el número de violaciones ha aumentado este año a más de 4 mil 300 y no pasa un día sin que se cometa un feminicidio, la actividad se expande en el mundo y ya desde principios de siglo, el escritor alertaba sobre la urgencia de parar esas agresiones.

Si viviera -murió en el 2004  a los 50 años- descubriría a su país agredido por un terrorismo que ya menciona en sus obras y sobre todo, se asombraría del aumento de aquello que tanto denunció: la violencia contra las mujeres.

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx