Los relámpagos de agosto y de septiembre

LIBROS DE AYER Y HOY

Si Jorge Ibargüengoitia viviera, que gran patín  estaría pasando con lo que sucede en el país.

La faramalla partidista para hacer los enjuagues y posicionar al PRI contra el único opositor, la presión militar por la Ley de Seguridad Interior,  el campo regado de cadáveres que ni la farsa del generalato de su obra había logrado y la disminución de pobres para rendir un informe aceptable, serían pan de su sátira.

Caso extraordinario el de ese escritor, que desde 1963 cuando escribió Los relámpagos de agosto ya diseccionaba con certeza las honduras del poder en México.

Y eso que para aquella época, el gobierno priísta todavía conservaba cierta frescura por el apoderamiento a mansalva de los postulados de la Revolución; sobre sus actores, los militares, el guanajuatense lanza con placer  su obra.

Ahora, la farsa partidista – apoyada con casi siete mil millones-, se comenta a diario con altas y bajas y sigue adelante con la suma del Movimiento Ciudadano al frente del PRD-PAN, mazacote – ¿o masacote?-, que el PRI modela para servirse en su momento del esfuerzo ajeno.

Un pasaje de Ibargüengoitia en la obra mencionada, parece calcado a ese proyecto: “Había un acuerdo secreto entre los partidos que iban a unirse, que consistía en que cada cual llevaría a cabo su campaña como si nada hubiera pasado, hasta el 25 de julio en el que iba a declararse oficialmente fundado el Partido Unico”.

Hoy, en el camino del PRI se  trepan las presiones gringas con los casos Lozoya, Rafa Márquez, Julión, y otros parecidos, para doblarle las manos al país en el TLCAN.

Los relámpagos que se pasan a septiembre, amenazan con la ley que exigen los militares. PRI y PAN están de acuerdo, Morena se opone y el PRD la considera anticonstitucional y en su lugar propone analizar su propuesta central, el sistema mixto policial con policías locales y un apoyo institucional aparte.

Mientras, el número de muertos, la localización de fosas clandestinas aumentan y la presencia del Ejército y la Marina solo tiene el efecto de las muertes directas, sin  previo juicio.

Es uno de los argumentos que se dan para no concederles a ambos las garantías legales que exigen. No han rendido. Ibargüengoitia diría en la nota explicativa de su obra: “La solución de estas anomalías la dio la Ley de Pensiones de Retiro y la Naturaleza.

En la actualidad, el Ejército Mexicano tiene los generales que le hacen falta, todos los demás están enterrados, retirados o dedicados a los negocios”.

Otros casos que afectan al poder son las agresiones a mujeres y las desapariciones forzadas que parecen no importarles mucho.

Con la cercanía del informe, se busca dar una imagen del país más amable, con menos pobres, cuando la realidad que vemos a diario es diferente.

Vuelve a producirse un desencuentro entre el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) y  el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) por el porcentaje de pobres que al parecer, como el año anterior puede no embonar.

Inegi dará los datos y Coneval obtendrá el porcentaje de pobres, pero su director no avizora concordancia.

Es un material del informe que se agrega a la reforma favorita, la educativa, con cuyo discurso Peña Nieto distrajo a los observadores de su interés por ver el eclipse solar el pasado 21 de agosto, en la inauguración del ciclo escolar.

Los relámpagos de agosto (Portada de Joaquín Mortiz 1964) es una de las obras más celebradas del autor de Maten al león y Estas ruinas que ves.

Aborda la vida apócrifa del general José Guadalupe Arroyo, en un tono que desde el principio provoca regocijo; hay un desparpajo que no sorprende al lector, porque conoce la realidad de lo que se está diciendo.

Es una sátira sobre aquellos generalatos que abundaron durante el proceso revolucionario y que desde otro punto de vista, han sido abordados por grandes escritores.

Sobre ese proceso, Ibargüengoitia prefiere el reduccionismo de la guasa, de la broma que quizá podía embonar mejor con estos momentos del priismo. del descaro en el uso del poder, de los enjuagues truculentos, de las traiciones y de los episodios trágicos o risibles.

Jorge Ibagüengoitia (1928-83), murió trágicamente en un accidente aéreo en Madrid el 27 de noviembre de 1983. Varias de sus obras han sido llevadas a la pantalla. La que hoy nos ha ocupado, ganó el Premio Casa de las Américas en 1964.

 

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