Madrid sobre esquís


En febrero de 1963, las calles de Madrid se cubrieron de un blanco infrecuente. La gran nevada permitió a los ciudadanos disfrutar de un paisaje al que no estaban acostumbrados y la falta de medios entorpeció el día a día en la capital. Ausencia de quitanieves, transportes no preparados y prendas de vestir muy diferentes a las necesarias para afrontar esas bajas temperaturas.

Casi 60 años más tarde, la historia se repite. Los medios de comunicación llevaban dos semanas avisando de la peligrosidad de Filomena, una borrasca que ha paralizado a toda una ciudad. Tiendas, bares y comercios cerrados. La capa de nieve ha sido tal que ningún vehículo podía transitar por la calzada.

La falta de conciencia ciudadana y ausencia de recursos del Gobierno de la Comunidad de Madrid ha provocado retenciones de más de 16 horas en las autopistas. Hay quienes tuvieron que dormir dentro de sus coches, sin calefacción y a temperaturas bajo cero. Otros tantos, abandonaron los vehículos en mitad de la autovía y anduvieron hasta el refugio más cercano. Muchos trabajadores se vieron obligados a pasar la noche en sus puestos laborales, durmiendo entre cartones y sin prendas de abrigo adecuadas.

La Presidenta de la Comunidad solicita, a través de su cuenta de twitter, colaboración ciudadana para despejar la nieve de las calles. Por supuesto, lo hacen. Pero no porque lo pida la Presidenta, sino porque ante la falta de quitanieves y maquinaria especializada, son los propios vecinos los que, con sartenes o cubos, limpian sus calles para facilitar el tránsito de las calles de sus barrios.

Por otro lado, las personas sin hogar se han visto en situaciones extremas. Un individuo ha fallecido en el barrio madrileño de Carabanchel por la ausencia de cobijo: la hipotermia no es algo a lo que Madrid esté acostumbrada. Si bien se habilitaron algunas paradas de metro para recibir a quienes no tenían donde resguardarse, estas no eran suficientes para recibir a quienes no tenían acceso a esas estaciones.

No había buses, no había trenes, no había carreteras. Muchos han sacado tablas de snowboard, esquís y trineos. ¿Qué es esto? El metro es el medio de transporte más seguro. Miles de personas han vuelto a usar lo público, lo de todos: lo que cuando el privilegio del vehículo desaparece, permanece accesible. Aun así, las imágenes no son las más adecuadas teniendo en cuenta la crisis sanitaria a la que nos seguimos enfrentando. Los casos positivos de coronavirus continuan aumentando, pero el colapso en los vagones del metro, estos días, es inevitable.

Pero no todo iba a ser malo. En cuestión de horas, todos nos volvimos niños. Salimos a la calle a jugar, a reírnos, y a no dar crédito de lo que estaba pasando. Parecía una estampa nórdica. Pero no, era España y era Madrid. Creo que esta ciudad, también, se merecía un respiro. Frenar. Acortar las distancias y las prisas: limitarse a salir de casa y admirar las vistas, disfrutar de la mirada de los niños viendo nieve por primera vez y caminar (tropezando) sobre unas calles como nunca antes las habíamos visto.

Filomena ha traído, por encima de cualquier cosa, recuerdos. Buenos y malos. Tristes y alegres. Una de cal y una de arena. Pero de lo que no cabe duda, es que nadie olvidará jamás que sintió al abrir la ventana el sábado 9 de enero de 2020.


Andrea Farnós Muñiz, es una periodista de España egresada de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ha vivido en Oaxaca y colaborado en diversos medios. Actualmente dirige la revista digital “Conciencia Cultural”, medio para reflexionar sobre diversidad, derechos humanos, grupos minoritarios y expresiones artísticas”.