Un cambio urgente en la función policíaca


Libros de ayer y hoy

Decir que toda la policía anda mal en México es aplicar esa fórmula de generalidad que tanto daño hace a un verdadero análisis. Con el reciente caso de Tulum, muchos se le han echado encima a la policía del país, sin excluir a sectores que cumplen la función primordial del orden.

Miles de policías en el país ejercen la función con eficacia y honestidad, en la misma medida que son clásicas las denuncias contra la policía corrupta, los aliados del crimen, los extorsionadores, los que usan el cargo para  asolar barrios y pueblos.

Ocurre con los militares; el caso de Chiapas con otro migrante muerto, este de origen guatemalteco ultimado por error por un militar, levanta un clamor en contra del militarismo, como si la acción de unos pocos se extendiera a toda la fuerza armada.

Al respecto el presidente  de la República ha hecho aclaraciones sobre los militares. No se manda a reprimir, ha dicho. Las sociedades tienen que definir cuáles son las formas de seguridad aplicables, la insistencia por una guardia civil en los albores de esta administración dejaba clara la propuesta: se trataba de la policía civil en la función, que paradójicamente, tendría que estar armada igual  que la milicia, aunque con armas de diferente poder, se supone.

La situación que vive México que implica un reforzamiento de la vigilancia, planteó a este gobierno fuerzas preparadas en todo los sentidos, no solo en el  uso de la fuerza, sino en el conocimiento profundo de los derechos humanos y en la eficacia del uso de protocolos para imponer el orden, personas preparadas en muchos sentidos que corran parejos con un proyecto que pretende cambiar las cosas. Si se realizan transformaciones en algunos sectores, se invalidan si por otro lado no existe una fuerza de seguridad integral que las apoye.

Formar  policías eficaces y con  una posición humanística

Los cuatro  policías que participaron en el crimen de la salvadoreña Victoria Salazar, que ha levantado indignación sobre todo en medios  feministas, ha generalizado el repudio a la policía nacional, sin presentar como suele suceder en esos medios, opciones de otro tipo.

No quieren militares y ahora tampoco policías. Pero la situación que se vive obliga a caminar a pasos agigantados para crear una policía que realmente llene los requerimientos que el pueblo necesita. La estructura policial es muy diversa, en puestos, posiciones, actividades y sobre todo en salarios.

El más modesto policía, al que los constitucionalistas califican como la última expresión  administrativa de un país, gana salarios irrisorios y cumple a veces 24 horas seguidas de servicio. Aquí nunca se cumplió la propuesta de la ONU de 2.8 policías por cada mil habitantes.

Hay pueblos en el país que carecen de ese tipo de guardias y otros, como los de mando único, que están a disposición de los gobernadores para el uso que ellos decidan. Formar una policía como la que se necesita en México requiere tiempo, pero las instalaciones y programas  están escuetos.

Se denuncia falta de escuelas de policías y propuestas reales. Aunque de una universidad privada, la del Valle de México, el propio rector  Bernardo González Aréchiga, encabezó un proyecto para crear una policía eficaz en el país. Aparece en su libro, firmado por otros tres académicos, ¿Cómo transformar a la policía? (Editorial Tirant la Blanch 2017).

Los derechos femeninos son para todas, incluyendo mujeres policías

La agresión policíaca en Tulum, que ha generado todo tipo de reacciones, incluso cuestionamientos del gobierno expulsor de Nayib Bukele, pone de  nuevo el énfasis en una guardia civil que esté realmente preparada. Y ha expuesto una contradicción en torno de los policías que cumplen con su deber y solo asumen funciones de contención y resguardo del orden.

En ese caso están las policías de la Ciudad de México. Y ante la movilización que están llevando a cabo grupos feministas por la muerte lamentable de la migrante, se hace abstracción  de lo que acaba de ocurrir el pasado 8 de marzo y ocurrió en otras ocasiones.

Las mujeres que guardan el orden, que como la migrante muchas son madres de familia, fueron agredidas por los grupos feministas violentos que les ocasionaron a varias de ellas quemaduras y otras heridas graves.

Hubo protesta ciudadana acerca de esa agresión, pero no fue tomada en cuenta por las marchistas. Que las luchas y los derechos se seccionen es peligroso. Se cae en el sectarismo y la división, al enumerar quienes deben ser defendidas y quiénes no. La lucha es para todas.


Teresa de Jesús Gil Gálvez, Teresa Gil, Tere  Gil, Teregil, son los nombres que  suelo usar. No he sido poeta en mi tierra, ni escritora, ni periodista, ni abogada. Son, al fin y al cabo, como decía Monsiváis, atributos que los demás deben reconocer. Prefiero ser agnóstica,  crítica, antiesquemática y comunista. La vida me lo reconoce.