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Teresa Gil

Migrantes. México, una víctima, entre la espada y la pared

Libros de ayer y hoy

Mientras la organización para refugiados de la ONU, ACNUR, reconoce la gran presión que está sufriendo México, la alharaca opositora ya señala con aspavientos el caso de los migrantes, sin profundizar en el problema que le han echado a México.

Medios como el Excélsior publica en su edición del 6 de septiembre, que México ha expulsado 57 mil migrantes, con un cabezal  que si no se lee el contenido, pone a nuestro país como un inicuo perseguidor de quienes salen de su país. ONG que no sabemos quién las empuja, ni sus nombres, declaran a diario en contra de la política de México con ánimo de desprestigio. ¿Quién está atrás?

Estados Unidos y los gobiernos expulsores de Centroamérica, el Cono Sur y otros confines, ya agarraron a su servidumbre de paso favorita, para dejar el asunto en sus manos.  Las propuestas que viene haciendo el gobierno mexicano desde el inicio del sexenio acerca de que debe resolverse a fondo la situación de esos pueblos, ha caído en el vacío.

Los expulsores están en calidad de mudez, porque saben que México está ahí. Y Joe Biden se agarra de la defensa contra el Covid,  y expresa protestas contra los jueces que, invasores también, colocan a nuestro país en calidad de reserva territorial, pero no hace nada.

El coyotaje que exacerba la migración, en alta proporción en busca del  sueño americano como ellos mismos lo dicen, es el gran negocio criminal que no se está atacando. Mientras millones de mexicanos pobres luchan y defienden sus propios pueblos, la avalancha migrante abandona sus espacios sin enfrentar a sus gobiernos y explotadores locales.

Leyes internacionales fijan reglas a migrantes que ellos incumplen

La protección a perseguidos queda siempre a salvo y sus derechos humanos deben ser respetados plenamente con el asilo. México ha defendido ese derecho y ha sido solidario a lo largo de años con quienes pasan por aquí. Fuera del asilo, la búsqueda  de quien quiera entrar a un país extranjero tiene que cumplir requisitos, pero hay miles que no los están cumpliendo aunque simplemente busquen un cambio de vida. Esto es legítimo en ellos,  pero no tienen por qué afectar a terceros.

A lo largo de décadas se ha mencionado el caso de Haití, por ejemplo, el país más pobre de América, pero también se sabía del enriquecimiento de sus gobiernos, de las tiranías que dominaban. Agobiados por la pobreza, el crimen  y los desastres, su población huye para acogerse en países que también tienen graves problemas, como el nuestro.

La Alta Comisionada de la ONU Gilliam Triggs declaró el pasado 2 de septiembre que México recibió el  año anterior cien mil solicitudes de entrada y está siendo muy presionado y por eso reconoce el derecho que tiene todo país a defender sus fronteras y aplicar la ley, siempre que se respeten los derechos humanos.

La norma mexicana protege derechos. Urgente solucionar: ACNUR

El problema que ha surgido en las últimas semanas con la exacerbación de caravanas y grupos de migrantes, que ACNUR califica de desplazamientos impresionantes, es que frente a los respetos de las jurisdicciones mexicanas, que avala la ONU, los migrantes han respondido con violencia en muchos casos.

México no hace sino defenderse y sus organismos como la Guardia Nacional se ven impelidos a dispersar grupos que llegan en avalancha. La Constitución mexicana tiene sus apartados para extranjeros, pero en lo general, en los enunciados de derechos humanos protege a todo tipo de personas,  sean nacionales o extranjeras.

El rebasamiento de la situación en la que formulan críticas hasta la iglesia católica que en otros sectores es ineficaz, ACNUR está proponiendo la solución urgente de la situación cosa que también propone el gobierno mexicano. Pero hasta este momento los acomodaticios gobiernos expulsores y el disperso y convenenciero Biden no hacen nada.

Es urgente solucionar la situación y deslindar a México de ser una de las principales víctimas en algo que el país  no creó. Y eso se desprende de lo que sostiene la ACNUR.


Teresa de Jesús Gil Gálvez

Nací en La Colorada, Sonora, estudié en la Universidad de Sonora que me dio mención honorífica por mi tesis La libertad de prensa en México. En la UNAM hice estudios de maestría en Ciencias penales. En medios sonorenses trabajé, desde la adolescencia, en los más importantes del estado y en julio de 1972 salí en un tren hacia la gran capital, donde he trabajado en medios importantes, diarios, semanarios y revistas, con breves retiros al mundo entre ellos una corresponsalía en España.

Colaboradora desde enero de 2017.


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