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martes 28, junio 2022
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Fernando García Portada

En tierra Maya

Al pie de una foto

La cámara fotográfica me ha permitido meter la nariz en cualquier cantidad de lugares con el pretexto de dar fe de los hechos, documentar, fotografiar, datar una porción de la realidad al tamaño de mi perspectiva, a mucha gente que he retratado le gustó la experiencia y es común que en algunos casos me den algún obsequio a manera de agradecimiento, por ejemplo recuerdo que ciertos pescadores después de posar y charlar un rato sobre la arena, me compartieron su cosecha marina regalándome un par de pulpos enormes, la imagen en tonos ocres y rojizos que les comparto es del pequeño navío de esos hombres generosos de la costa de Yucatán. Fue tomada el primer día de mi llegada y semanas después ya de regreso a mi laboratorio fue impresa y virada al sepia en un delicado proceso químico. Esto ocurrió a mediados de los años ochenta del siglo pasado, fue en esa inexacta fecha que inicié mi primer recorrido dentro de los caminos blancos por las Tierras Mayas internándome desde la costa de Puerto Progreso, tal como lo hizo también 80 años antes que yo el viajero Frederic Starr.

Desde el tren vimos primero un grupo de pirámides y más adelante una sola pirámide. Pasamos por unos poblados indios con nombres curiosos en maya que nos parecieron interesantes, al igual que los vendedores de la estación. Al parecer los productos favoritos eran los tamales calientes –“pura masa”, como decía Manuel-, resbalosos y jabonosos en cuanto a sensación y consistencia, envueltos en hojas de plátano y atados cuidadosamente; pero mucho mejores eran las tortillas partidas con frijoles por dentro y queso por fuera; también ofrecían plátanos rojos muy bellos y otros más rechonchos de color amarillo. Perdimos una hora en la estación donde convergían los trenes y llegamos a Tekax (Yucatán) a las 11.

Narra el escritor estadounidense y pionero de la antropología física Frederick Starr en el capítulo XXII En Tierra Maya (1901) de su libro En el México indio publicado por primera vez en Chicago en 1908. En su diario de viajes de estudio en México entre 1898 y 1901 agradece las facilidades que le brindaron al menos media docena de compañías ferrocarrileras establecidas en el país.

Este interesante libro, de un viajero explorador de varios continentes, apasionado de la vida y cultura indígena de las etnias de México, es un minucioso registro de los usos y costumbres de un país que vivía la época porfiriana y en el que sus elites se soñaban (como ahora) blanqueadas y occidentales. El heterodoxo escritor, crítico del imperialismo de su propio país escribe; “…cuando México logre un equilibrio, y lo lograra si se lo permitimos, será una nación semejante a la república francesa, pero nunca parecida a Estados Unidos”.

Estas líneas se entretejen a propósito de la nueva, infamante campaña en medios de comunicación masiva, estrategia para detener el ya muy avanzado proyecto del tren Maya en la península de Yucatán que será además de un justo reembolso de recursos erogados históricamente por el sureste en beneficio de la nación, pivote de desarrollo económico y cultural. La operación política de marras ha sido desatada un día después de la inauguración del eficiente y moderno Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles en el Estado de México, toda vez que la campaña desinformativa anterior nada pudo contra la flamante base aérea.

Esta acometida mediática fiel al estilo ideológico de sus creadores, impulsores y patrocinadores usa la mentira como fundamental arma de ataque, el mismo teórico de la derecha facciosa y empresarial el publicista Carlos Alazraki ha dicho cínicamente frente a cámaras que para que funcione su rabiosa estrategia para deponer al gobierno legítimo emanado por sufragio universal en el 2018 se debe de mentir una y otra vez (como los nazis vaya).

Parafraseando al cretino presidente del partido Acción Nacional al referirse al proyecto de reforma energética impulsado por el jefe del ejecutivo, diré que esta campaña contra el tren maya “Murió muerta” pues no habían transcurrido 24 horas de lanzada cuando a través de la internet ya se habían dado a conocer desde el nombre de sus creadores, patrocinadores, guiones, salario del elenco de actores y personajes de la farándula que se habían prestado al desaseado montaje en contra del desarrollo de las zonas más necesitada de recursos y atención en el país.

De lo que no hablan en esta embestida propagandística es por ejemplo de la realización sin ninguna consulta, ni licitaciones públicas ni estudios de impacto ambiental de obras como la carretera Escárcega-Chetumal en 2010 y que partió en 2 la reserva de la biosfera Calakmul rompiendo las rutas de migración de la fauna impidiendo por ejemplo en intercambio genético entre los jaguares, también la autopista de Ocozocoautla a Arriaga afectó terriblemente la reserva de la biosfera de la Sepultura pues cientos de murciélagos y monos sarahuatos han muerto embestidos por los autos al no poner los constructores pasos de fauna. Tampoco se menciona ni remotamente en la prensa empresarial de los infames actos depredadores de las empresas mineras que obtuvieron corruptas concesiones en la zona de la reserva de la biosfera el Triunfo.

Regresando con el antropólogo Frederick Starr autor de En el México indio que menciona en el citado capítulo: “La iglesia de piedra que hay en Conkal es un espléndido ejemplo de la época antigua, pero tiene dos pararrayos y molinos de viento fabricados en Estados Unidos. De hecho estos molinos de viento de factura estadounidense se ven por todas partes.”, es importante hacer mención de la crónica de sus visitas a las enormes y todo poderosas haciendas productoras de caña de azúcar y henequén que ya desde entonces hacían uso indiscriminado de los recursos hídricos depositados en los ríos subterráneos de los maravillosos cenotes, manantiales sagrados para los indígenas no así para el hombre blanco que desde hace cientos de años ha desmontado la selva y sus recursos sin retribuir a las culturas originarias ni un porcentaje mínimo de la riqueza extraída, pese a los diversos levantamientos armados en la península de Yucatán en los que los indígenas han buscado su liberación como en la llamada Guerra de castas entre 1847 y 1901.

La globalización significó para el sureste mexicano el estancamiento económico, marginación y escasez de inversiones públicas y privadas, una situación muy complicada donde solo el turismo aportaba. Hoy los diversos actores y patiños propagandísticos en una narrativa de escándalo y fantasía se dicen preocupados por la conservación de una idílica selva químicamente pura, que solo existe en su imaginación colonizada por las producciones de Hollywood con series televisivas y películas en las que el héroe blanco con estudios universitarios, ecologista, vegano, de lenguaje inclusivo y políticamente correcto acude presuroso a salvar desde las redes sociales a los simpáticos e ignorantes nativos amistosos (en su papel del buen salvaje) de los peligros que les llevará el progreso.

Claro, para estos arquetípicos actores sociales de la tragicomedia tele novelesca sería terrible que en sus próximas vacaciones a esos hoteles boutique de mil estrellas o alto pedorraje, en la península de Yucatán desaparecieran del bucólico paisaje las fotogénicas chozas y folclóricas calles de tierra para dar paso a los hospitales, escuelas y pueblos con servicios básicos. ¡Qué horror! quedarse sin locaciones gratuitas para sus videos de TikTok o Instagram.

Eugenio Derbez líder de la mendaz campaña contra el tren Maya, bufón consentido de la empresa televisa y comediante sin seso fanático del pastelazo ha sido beneficiario con muchos millones de pesos en el pasado con dineros expoliados al pueblo de México a través de tramposos fideicomisos para el cine que recientemente canceló el gobierno federal. El comediante llamado en la internet “Hambrientalista” es también sobrino del político panista Luis Ernesto Derbez Bautista ex rector de la universidad de las Américas de puebla, ex secretario de economía en el 2000 y exsecretario de relaciones exteriores en 2003 con el gobierno del estulto Vicente Fox. Hoy Ernesto Derbez está prófugo de la justicia que lo persigue por robar 720 millones de dólares.

Vaya prosapia del santón que lidera el singular movimiento de ecologistas virtuales, Eugenio Derbez en 2018 recibió un premio del influyente grupo empresarial Xcaret que ha devastado durante décadas cientos de hectáreas de manglares y ha contaminado cientos de arrecifes de coral en la Riviera Maya. César Huerta periodista de la unidad de investigación de la revista Polemón afirmó que el “hambrientalista” Derbez también obtuvo al menos 3 millones de pesos del exgobernador de Guerrero Ángel Aguirre para realizar la producción del filme “No se admiten devoluciones” que fue usado para encubrir la violencia y desgobierno en ese Estado.

Son evidentes los intereses que han financiado la campaña contra un proyecto de desarrollo construido para aprovechar el trazo de esas antiquísimas y abandonadas vías férreas en las que se desplazó allá por el año 1901 el multicitado estudioso Frederick Starr, pero además sin contratar deuda pública ni dar concesiones a capitalistas disolutos, este proyecto dará empleo a miles de ciudadanos que requieren estar a la par del nivel de vida del resto del país. Los intereses transnacionales del rapaz multimillonario globalista George Soros a través de Open Society Foundations están presentes también para detener El Tren Maya junto otras multinacionales y sus organizaciones fachadas como Green Pace que ya pone sus carpas del circo mediático.

Con el tren llegará la seguridad con la presencia de un Estado fuerte para inhibir el crimen y abandono, el añejo, desmedido saqueo de una tierra Maya que ha sido depredada impunemente. Por eso están enloquecidas las castas sociales siempre privilegiadas, están a punto de perder el botín que representaban los recursos naturales en manos de un poder empresarial abusivo que usó la política como método de opresión y despojo.

Posdata: No te olvides salir a votar por la ratificación del mandato de Andrés Manuel López Obrador.

Fernando García Álvarez

Nací enamorado de la luz y desde muy joven decidí ser artesano de sus reflejos. He sido aprendiz y alumno de generosos mentores que me llevaron al mundo de las artes y la comunicación. Así he publicado mis fotografías y letras en diversos foros y medios nacionales e internacionales desde hace varias décadas. El compromiso adquirido a través de la conciencia social me ha llevado a la docencia.

Colaborador desde el 10 de diciembre de 2021.

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– Jorge Meléndez