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miércoles 18, mayo 2022
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Roberto Fuentes Vivar Portada Ok

Periodismo, con P de Pasión… y de Peligro

Diario Ejecutivo

El fin de semana se realizó en Zamora, Michoacán, las Jornadas de Capacitación para Medios de Comunicación, a las que se inscribieron alrededor de 700 participantes.

Tuve la oportunidad de asistir en mi carácter (aún) de presidente del jurado del Premio Nacional de Periodismo y hubo varios hechos y percepciones que llamaron mi atención.

En primer lugar la propia organización del evento que duró tres días. Concretamente la realización de este esfueerzo para apoyar la formación de periodistas y de medios de comunicación en general, permite asegurar que cuando se quieren hacer las cosas sí se puede lograr la concertación para que haya acuerdos.

Lo interesante es que participaron para lograrlo los tres sectores de laa sociedad: el sector público (a través de los gobiernos estatal de Michoacán y municipal de Zamora), el sector privado a través de la empresa Merza, de la familia Valdés (a través de la Fundación Merza) y el sector social representado por el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo.

Presentación de las Jornadas de Capacitación para Medios de Comunicación en Zamora.

El hecho de que los tres sectores se aglutinaran para realizar las jornadas es una muestra de que pueden existir intereses comunes para apoyar aspectos como la educación y la formación, en este caso concreto de los periodistas, sin exigirse nada a cambio y sí en favor de un gremio que requiere apoyo para una mayor profesionalización.

De hecho es plausible que una empresa como Grupo Merza (que cuenta con seis mil colaboradores y presencia en 30 estados -excepto Tamaulipas y Chiapas- a través de 237 tiendas de autoservicio y 24 Centros de distribución mayorista) por medio de su Fundación haya patrocinado las jornadas precisamente en su ciudad natal.

Pero también es plausible que para brindar capacitación a comunicadores se haya registrado empatía entre representantes de dos partidos políticos: el gobierno estatal, encabezado por Alfredo Ramírez Bedolla del Movimiento de Regeneración Nacional, y el municipal a cargo de Carlos Soto Delgado, de Va por México (específicamente del Partido Acción Nacional).

En las breves palabras que dirigí a quienes asistieron a la inauguración, hice mención precisamente a cómo se puede conseguir un clima de acuerdos entre sectores y corrientes políticas cuando se dirigen a un objetivo común, en este caso el periodismo, y con apoyo específico de una empresa privada.

Ahí también señalé que Periodismo se escribe con la P de Pasión, pero desde hace más de dos décadas con la P de Peligro (sobre todo después del asesinato de Luis Enrique Ramírez en Sinaloa). Pero que ese peligro no debe inhibir a los periodistas para ser los ojos, los oídos y la voz de la sociedad que tanto requiere de información para la toma de decisiones.

Ya en el coctel tuve la oportunidad de platicar más a fondo con Jannet Hernández, la directora de Fundación Merza, quien me explicó que hasta el viernes en la noche había casi 540 inscritos. Minutos antes el presidente municipal Carlos Soto había mencionado 500. A medio día del sábado había más de 640. Creo que se trata de un número envidiable para un evento de periodistas, por lo que hay que reconocer la enjundia de Grupo Merza y del Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo.

Ya en el coctel intercambié algunas opiniones con el alcalde zamorano quien busca proyectar más a su ciudad y con Cecilia Margarita Amezola, directora del Centro Regional de las Artes de Michoacán, quien es una profunda conocedora de la historia de Michoacán, de la catedral de Zamora (con las dos torres más altas de México) y de los movimientos sociales de la entidad. Y, desde luego, degusté un mezcal michoacano.

Un campo fantasma

Pero para poder llegar a Zamora (y regresar de ahí a la ciudad de México), el autobús que me transportó (de línea de pasajeros) me llevó a hacer un recorrido (de más de seis horas, doce en dos días) por parte del estado de México, de Querétaro, de Guanajuato y de Michoacán.

Fue una sorpresa mirar por la ventanilla del camión los campos secos, áridos, sin siembras, sin cultivos, como si fueran tierras fantasmas. El único verdor fue el de las plantaciones agaveras (creo que más de agave mezcalero que de tequilero). Todo lo demás era polvo.

En un momento en el que en el mundo y en México en particular hay una fuerte escasez de alimentos me sorprendió que los predios estuvieran sin producir, que en algunos lugares sí había ya surcos para la siembra y en otros nada, la tierra seca, yerma.

Y hay que recordar que Guanajuato, Querétaro y Michoacán son grandes productores de maíz, sorgo, cebada, alfalfa, chile, tomate, aguacate, limón, hortalizas y muchas legumbres y frutas para el consumo nacional y la exportación. De hecho hace años se mencionaba a El Bajío como el granero de México.

Paralelamente vi como se han extendido los plantíos de agave sobre todo en Guanajuato y Michoacán. Tan solo en el estado gobernado por Diego Sinhué Rodríguez (del PAN), la plantación de agave crece 40 por ciento anualmente desde hace más de una década.

Un reportaje de El Sol de Irapuato da cuenta de que “quienes ingresaron a la producción del agave en Guanajuato lo hicieron por dos motivos. El primero, porque ante el encarecimiento de insumos para producir granos tradicionales como maíz, trigo, sorgo, cebada y frijol, sus cosechas se volvieron poco rentables, aunado a los casi nulos apoyos gubernamentales para el campo y la sequía. Y la segunda, porque les dijeron que lo más conveniente era rentar sus tierras, pues les darían entre 20 mil y 30 mil pesos anuales por hectárea durante ocho años de contrato, dinero libre de todo impuesto y gravamen, y que es casi el doble de lo obtenían si continuaban sembrando granos”. Y un reporte de hace algunos años de El Financiero, da cuenta de que en Guanajuato el agave y tequila han registrado una tasa de crecimiento de 23 por ciento anual, y el valor de las exportaciones han avanzado más de 60 por ciento.

Y Michoacán no se queda atrás, pues cuenta con más de siete millones de plantas agaveras y produce 800 mil litros de tequila y 300 mil litros de mezcal.

Lo que ví me hizo reflexionar: ¿están abandonándose cultivos de productos básicos para dedicarlos al agave que es más rentable por el boom tequilero y mezcalero? ¿Estamos privilegiando la producción de bebidas alcohólicas por encima de la de alimentos?

De ser así y ante la gravedad de la escasez de granos y alimentos básicos urge frenar esa tragedia. Y volver a producir alimentos para los mexicanos. De tequila y mezcal no vivimos, aunque sí se engrosen los bolsillos de los productores.

Dice el filósofo del metro, antes de beber hay que comer.

Roberto Fuentes Vivar

Columnista y periodista fundador del UnoMásUno y la Jornada. Estudió Periodismo en la reconocida escuela Carlos Septién García y cursó la Licenciatura en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente es periodista independiente, conocido como “El Filósofo del Metro”.

Colaborador desde el 6 de marzo de 2022.

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