La terca y necesaria resistencia


La intervención de los poderes fácticos, como los detentadores de las televisoras comerciales, y su amplia incidencia de manipulación en el reciente proceso electoral no se puede negar. Ante el cumulo de inequidades y simulaciones ocurridas, lo peor que podrían hacer los partidos de izquierda, con los más de 15 millones 500 mil votos que los respaldan, sería guardar silencio y cruzarse de brazos.

Uno de los ejemplos más claros de las inequidades se observó en el comportamiento tendencioso de las casas encuestadoras que dominan el mercado, refiriendo que los resultados electorales ya estaban determinados, por obra y gracia de los comentaristas de Televisa, Azteca, Milenio y demás instancias que daban un triunfo aplastante al PRI.

Los resultados del PREP se han encargado de desmentirlos y de revelar que las encuestas, como otros recursos publicitarios, se orientaron a la inducción del voto y anticiparon un ambiente ideológico sobre la imposibilidad del cambio político por la vía electoral.

No puede minimizarse la capacidad de manipulación ideológica de las televisoras, de su incidencia en gran parte de la población de menores ingresos, sujeta a relaciones clientelares de compra venta y coacción del voto, sea por efectos de la necesidad de sobrevivencia, como el escándalo por la distribución de tarjetas de despensa, y por intimidación a los electores televidentes, bajo la idea de que el futuro puede ser peor, bajo el fantasma de la campaña negra del 2006 “un peligro para México” o el sambenito “Chávez de Venezuela” adjudicados al principal opositor.

El futuro no es tan simple como una telenovela de final feliz, ni el mundo es de héroes contra villanos, aunque así lo pretendan hacer creer los empleados de las empresas mediáticas. La realidad es más compleja y es importante denunciar los vicios para hacer valer la legalidad porque son las únicas maneras de limpiar el sistema político y construir la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. La terca resistencia puede parecer incomoda pero es necesaria.

Para el PRI y el PAN, y sus voceros en los medios, las impugnaciones electorales por el señalamiento de los vicios resultan engorrosas y machaconas; por ello lanzan consignas en el sentido de que “quien perdió acepte su derrota”, y de manera simple y cómoda se pueda regresar a la “tranquilidad”, aunque habría que agregar, a la “tranquilidad autoritaria”.

En esta lógica se observa el alineamiento pragmático de los actores de derecha que observamos la noche del pasado 1 de julio; primero con la aparición de Josefina y el reconocimiento de su derrota, antes de que iniciara la operación del PREP; tres horas después, por el presidente del IFE y por Felipe Calderón.

Entre buena parte del electorado la propaganda del PRI y el PAN ha provocado confusiones, puesto que los observan como opciones distintas cuando representan lo mismo; hasta uno de los ideólogos mediáticos, Héctor Aguilar Camín, lo mencionó así en uno de los espacios de Televisa la noche del 1 de julio, “no hay diferencia de proyecto entre uno y otro”. Esto no es ningún descubrimiento para quienes conocen la historia política y económica del país, pero sería un buen elemento para ilustrar al sector de población cuyo conocimiento político se limita a lo que dice la televisión.

Entre priístas y panistas, tal vez a veces se caen un poco mal y pueden tener rencillas personales, pero en esencia son lo mismo y así lo entienden Vicente Fox, Manuel Espino, Felipe Calderón, Josefina Vázquez y Elba Esther Gordillo (quien va del PRI al PAN según conveniencia). Lo más sano sería que PRI y PAN se fusionen de una vez por todas para dejar de provocar confusiones entre el electorado.

Esta confusión ha contaminado hasta el mismo análisis político, puesto que muchos especialistas pensaron que con la alternancia del PRI al PAN México “transitó a la democracia” y que ahora sigue “la consolidación”. Habría que apuntar que con la llegada de Fox, el PRI no fue desplazado, sino por el contrario, como dijo en alguna ocasión ese personaje, “cogobernaron”. Ocurrió lo mismo con Calderón, quien anunció de manera complaciente el triunfo del candidato del PRI el mismo día de la elección, seguramente lo hizo para preservar la “tranquilidad autoritaria”.

Luego entonces a los panistas de abajo habría que decirles que el rumbo se marca desde arriba y que sus empeños legítimos por cambiar el sistema son y serán infructuosos. Otro de los muchísimos ejemplos de que son lo mismo, sería el aval legislativo entre esos dos partidos para el progresivo incremento de la gasolina o “gasolinazo” que la mayor parte de los ciudadanos resentimos en nuestros bolsillos.

Ante tanta simulación, resultan saludables las exigencias para limpiar al sistema, para denunciar la corrupción, la injusticia social, la distribución inequitativa de la riqueza, la mentira de los medios masivos, y las insistencias por la democratización; no es casual que estas voces de denuncia provengan de quienes están involucrados de manera directa en el sector educativo, de maestros y de universitarios, sean de instituciones públicas o privadas. El ejemplo más reciente es el movimiento de las distintas agrupaciones #132, que se multiplica entre otros sectores.

En el plano local, uno de los saldos favorables es que los ciudadanos han mandado a la banca a tres exgobernadores, lo que puede observarse como efecto de arrastre de las elecciones presidenciales, pero también como parte de las exigencias ciudadanas para la renovación del sistema político, aunque quienes hayan obtenido el triunfo no necesariamente se lo merezcan.

Ahora, habría que exigir a los nuevos legisladores que cumplan con la defensa de los intereses colectivos puesto que su posición se la deben a los ciudadanos y no a sus respectivos jefes.

sociologouam@yahoo.com.mx

 


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