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La dudosa objetividad de algunos intelectuales (2)

Sin Derecho a Fianza

“Chomsky simplemente dijo que los intelectuales no debían mentir, y más que eso, puso al descubierto algunas de las mentiras y a algunos de los mentirosos”.

DELL HYMES.

En casos como el de Elena Poniatowska y Jorge Luis Borges, resulta curioso observar cómo, en general, no usamos el mismo rasero para juzgar. Hace no tanto tiempo, cuando un inculto candidato no fue capaz de nombrar ni siquiera tres libros correctamente, le cayó un alud de críticas. En cambio, cuando una “vaca sagrada” del panteón literario mexicano es descubierta en un imperdonable error, casi nadie dice nada. Y no es cualquier pluma: podría ser secretaria de Cultura.

Incluso en la propia tierra del autor de El Aleph, la trataron ligeramente; en un portal argentino señalaron:

“Para el ojo desprevenido, ese famoso falso poema de Jorge Luis Borges llamado “Instantes” haya pasado quizás por auténtico, pero cualquier lector conocedor de la obra del genial escritor argentino detecta al instante que esa escritura de principiante de las letras no lleva ni la técnica ni el espíritu del autor de Ficciones.

“Sorprendente es que los controles de la editorial […] y una escritora de la talla de Elena Poniatowska hayan pasado por legítimo un texto reconocido hace años ya como apócrifo”. (sitioandino.com).

Por eso, la revista Etcétera, que dirige Marco Levario Turcott, tituló su pregunta “Con Elenita, justicia y gracia” y lanzó: “¿Por qué casi nadie critica el error de Elenita, quien atribuyó a Borges un poema que no era suyo (por lo que tuvo que reeditarse un libro reciente)?”.

Aparte de poco profesional, Elena es mentirosa. Porque cuando la entrevista se incluyó en el libro de 1990, Poniatowska la fechó en 1976; con eso justificaba la inclusión del poema “Remordimientos”, que Borges publicó en La Nación de Buenos Aires, el 21 de septiembre de 1975.

“¿Qué le lleva a esto? —pregunta María kodama— Nunca pudo leerle a Borges estos poemas ya que ‘Instantes’ aparece en internet después de la muerte de Borges y el poema ‘Remordimiento’ me lo dictó Borges tres días después de morir su madre. Hecho que ocurrió dos años después de la entrevista que hizo Poniatowska”.

Lo anterior se confirma con Rafael Olea Franco en su ensayo publicado en octubre de 1999 en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica (Nueva época 346), quien considera (erróneamente) que Poniatowska tomó el poema de la revista Plural, de mayo de 1989, donde Mauricio Ciechanower lo presenta en una nota titulada “Un poema a pocos pasos de la muerte”.

Olea Franco es condescendiente con la escritora, pero la descubre de manera elegante: “El libro es de 1990, pero la autora toma la precaución de fechar la entrevista en 1976”.

“[…] deduzco que cuando Poniatowka volvió a publicar la entrevista, no dudó (no tenía por qué dudar) de la autoría de Borges respecto de “Instantes”, como tampoco lo hicieron otros muchísimos lectores e incluso profesores universitarios; por ello de ningún modo creyó caer en una contradicción irresoluble si “retocaba” el texto añadiéndole dos poemas del escritor que se relacionaban con el fundamental tema de la felicidad personal”. (53-54).

Parece que la Poniatowska no lee ni donde le publican (y era miembro del consejo), porque al texto de Olea le precede un artículo de Elena sobre Borges y Reyes, como menciona en un ensayo muy documentado y analítico un estudioso de la obra de Borges: Iván Almeida (“Jorge Luis Borges, autor del poema ‘Instantes’”. Variaciones Borges. Revista del Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges. Año 2000, Número 10. págs. 227-246).

LA ATACAN INJUSTAMENTE: LA JORNADA

En el diario donde publica habitualmente la escritora, desde el principio se le intentó exonerar. En una nota firmada por Alondra Flores, se dice que el texto:

“fue publicado sin autorización de la escritora y periodista. Me quieren culpar de algo en que no tengo nada que ver, dijo Poniatowska a La Jornada […].El problema fue que ellos incluyeron en este nuevo libro poemas que Borges no escribió”.

Claro. También se metieron a la imprenta en 1990 para escribir en su texto, después que ella dice que lee los poemas a Jorge Luis:

“Borges escucha con incredulidad, con atención, acostumbra escuchar con seriedad, no se distrae, sin el bastón, sus dos manos sobre la colcha, se ve más desamparado.

“Sonríe.

“—¿Qué puede importarme ser desdichado o ser feliz? Eso pasó hace ya tanto tiempo… Estos poemas son demasiado inmediatos, autobiográficos, son remordimientos”.

Ella afirmó a La Jornada: “Yo no pude inventar esa respuesta, creo que en una conferencia de prensa se los leí y me respondió lo que me respondió. Así que sí es verdad, porque cómo voy a inventar que él dijo esas cosas”. Tampoco se le ocurrió preguntar por qué Borges finalizó el poema con “Pero tengo 85 años…”, si tenía 74 (en 1973).

Párrafos adelante, la reportera Alondra, bajo el subtitulo “Ataque injusto” cita textualmente a Poniatowska:

“No soy culpable de nada. El error lo cometieron ellos, de incluir esos poemas, cuando en mi entrevista original, que fue publicada en cuatro partes en el periódico Novedades a principios de diciembre de 1973, no hay poema alguno”.

La pobre víctima explica: “El libro de Diana ya estaba publicado y quienes hicieron ahora el libro para Lumen, Borges y México, lo tomaron erróneamente de ahí. […] y en cambio ahora me quieren hacer culpable de algo en que no tengo nada que ver […]. No es justo justo (sic) ser blanco de un ataque así. Además, en toda mi carrera periodística jamás he recibido desmentido alguno”.

Pero dos días después, el 4 de agosto, reconoce en La Jornada: “[…] mi gran amiga Rosa Nissan me trajo ya enmarcado y manuscrito por ella el poema Instantes: ¡Mira qué maravilla, es de Borges!, que de inmediato incluí en el texto para el libro”.

SÍ HUBO DESMENTIDOS… Y GRAVES

“La responsabilidad de los intelectuales consiste en decir la verdad y revelar el engaño. Se trata, según parece, de una perogrullada que no precisa comentario alguno. No hay tal cosa, sin embargo. Para el intelectual moderno esta afirmación no es en lo más mínimo evidente.” (Noam Chomski. La responsabilidad de los intelectuales).

Como señalamos en la entrega anterior, en 1997 Luis González de Alba dijo que después de leer La Presidencia Imperial de Enrique Krauze, donde era citado malamente, se percató de que el error no era del historiador sino de Elena en La Noche de Tlatelolco. Escribe el ex dirigente estudiantil:

“Pero a partir de ese momento estuve convencido […] que debía aclarar lo que sucedió hace 27 años […]. En primer término porque Elena Poniatowska no da mucha importancia a sus referencias. Le importa el sonido general de la obra, no los detalles. ¿No acaba de afirmar (10 de agosto) que Luis Barragán no estudió y todo se lo enseñaron los campesinos? También nos dijo que los indios albañiles que construían las pirámides luego subían con sus hijos a mostrarles desde lo alto el valle y los volcanes. Qué lindo era el mundo. Jamás existieron las feroces teocracias que describen todos los historiadores, con excepción de Elena. Tales afirmaciones son de las que arrancan aplauso fácil dichas en el lugar adecuado, lo cual muchos saben hacer. Pero los historiadores del año 3000, si no tuvieran otras fuentes, estarán convencidos de que los campesinos mexicanos vivían, a fines del segundo milenio, en casas luisbarragán. Por suerte los historiadores logran desentrañar mitos, en ocasiones milenarios, a pesar de los esfuerzos de tantas almas generosas por inventar la realidad y el pasado”. (“Para limpiar la memoria”. Nexos. 01/10/1997).

Líneas más adelante agrega: “En total, 28 párrafos con más de 500 líneas, extraídos de Los días y los años, y entreverados en La noche de Tlatelolco, de los cuales ninguno, ni uno solo de esos 28, está correctamente atribuido a la persona que dijo en la realidad real esas palabras, y, además, en casi todos está cambiado el lenguaje hacia un sentido más cercano al que Elena cree popular”.

Abunda en otro artículo que titula. “A cada narrador sus palabras” (Nexos. 01/11/1997). Por ello, Poniatowska renunció al consejo editorial de esa revista y por lo mismo, La Jornada prescindió del columnista.

De Alba concluye en mayo del año siguiente con “Solución civilizada”, donde informa que se ha llegado un acuerdo entre Elena, la editorial Era y el escritor. Ahí cita parte del acuerdo:

“La editorial en este acto se obliga a incluir todas y cada una de las correcciones acordadas con el demandante, que se mencionan en la cláusula tercera que antecede, a partir de la segunda edición de la obra (La noche de Tlatelolco), que aparecerá durante el mes de enero de 1999, así como en toda edición o reimpresión posterior que se realice”.

El escritor concluye con agradecimientos a ofertas de trabajo a “las llamadas telefónicas, las cartas solidarias que nunca publicó La Jornada.

“Así termina un conflicto que entre muchas otras expresiones, ofreció a La Jornada la trampa con la que se deshizo de mí, como deseaba años atrás, pues luego de conocer mi artículo entregado para publicarlo en partes, revisarlo, releerlo, aprobarlo y publicarlo, argumentó ese hecho mismo: la publicación, para eliminar mi enfadosa voz de sus páginas, sin considerar siquiera que soy un socio fundador de ese diario”. (Nexos. 01/05/1998),

 

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