El flautista de Hamelín es una fábula que cuenta la historia de una curiosa desgracia en un pueblo de Alemania, el 26 de junio de 1284, donde el pueblo de Hamelín se encontraba infestada de ratas, pero un buen día llegó un desconocido flautista que prometió solucionar su problema, y al hacer sonar su flauta lograba manipular la mente de estos animalitos para hacerlos avanzar de manera inconsciente hacia el despeñadero.
Hoy en día la flauta se ha convertido en propaganda, y nos hace desvariar, perder el camino y nos hace perder lo que conocemos como “voto razonado”, puesto que la propaganda es engañosa, al mostrarnos la imagen pero ocultando el mansaje, la propuesta y el proyecto de los candidatos, haciéndonos caminar rumbo al despeñadero, nuestras ideas nos son sugeridas por candidatos de los que nunca habíamos escuchado hablar, sin embargo, esta es la lógica con la que nuestra democracia está organizada.
En el actual proceso electoral, los candidatos a concejales y diputados siguen pretendiendo priorizar más la imagen que la propuesta, asistir más espectaculares que a debates, como si la propaganda engendrara por si misma democracia, pero es importante saber que la propaganda no es en sí una característica de la democracia, es más, esta existió aún antes de que existiera democracia; ahora muchos creemos comprender para qué sirve la propaganda porque la miramos con ojos democráticos del siglo XXI, pero ¿Qué utilidad tiene el atiborrar las calles de propaganda?¿qué función cumplen en un escenario en alternancia como el de Oaxaca?¿qué función están cumpliendo realmente?.
Recordemos que en Oaxaca al igual que a nivel nacional, durante mucho tiempo no existía una verdadera competencia política, sino un solo partido hegemónico que se justificaba cada sexenio para legitimarse a través de elecciones, la propaganda sólo servía como medio para que el PRI pudiera legitimarse en el poder público.
A la llegada de la alternancia en Oaxaca en el año 2010, la democracia comenzó a convertirse en la institucionalización de la incertidumbre, y el PRI tuvo que convertirse en un partido político más, que debe ir a las urnas y ganar elecciones como cualquier otro partido, buscar el voto de los ciudadanos, más que para legitimar sus reacomodos, ahora para buscar empezar a recuperar el poder perdido, porque ya ningún partido tiene la certeza de dar el triunfo por hecho; es en ese tenor y ante aquella incertidumbre que los candidatos buscan de manera más desesperada llenar las calles de propaganda electoral.
La propaganda sirve también como forma de adoctrinamiento político y además en ella se oculta la clave para comprender un sistema político que poco a poco comienza a volverse confuso, sobre todo para los oaxaqueños más jóvenes que comienzan a crecer bajo un sistema político más plural, pero aún con pocas oportunidades de desarrollo.
Ahora bien, debemos saber lo que debe ser una propaganda, para Norberto Bobbio en su Diccionario de Ciencia Política establece que la propaganda “es la difusión de muchas ideas entre un público selecto…” La propaganda entonces debería tener un tono pedagógico, es decir, la posibilidad de explorar intelectualmente y de proponer políticamente la refundación de la sociedad política apoyada en dos grandes columnas: promoción de ciudadanos que votan pero que además opinan de un lado y propuestas gubernamentales económicamente viables que den sentido y racionalicen la interlocución política, del otro.
En este tiempo de elecciones pareciera priorizarse el poder de la propaganda y no el poder de los ciudadanos, favorecer una propagandocracia y no una democracia ha provocado el desánimo de la gente, este es un proceso electoral que se muestra leve, a pesar de la importancia que debería representar al ser las elecciones intermedias del gobierno de Gabino Cué. Si antes la propaganda servía en Oaxaca para restaurar los equilibrios internos del sistema, ahora la pluralidad ha generado una batalla de absolutos, para buscar espacios de poder que les permitan vislumbrarse en mejores escenarios para el 2018, y la propaganda transmite un mensaje político que ayuda bastante a esta tarea. Así, que respetable lector, sepa bien que los interlocutores de la propaganda electoral no son los mismos que los interlocutores de la democracia.
En las calles podemos observar un Javier Villacaña que busca una imagen fresca y joven, con colores cálidos, ya que su imagen no es una imagen que venda electoralmente y por ello necesitaron trabajar con esto, cuyo slogan es “hagamos que sucedan cosas buenas en Oaxaca”; vemos un Francisco Reyes con un estilo fuera de serie en relación a los diseños de los demás candidatos de la coalición Unidos por el Desarrollo, un corte más creativo y empresarial, con el lema “hacer de Oaxaca la mejor ciudad para vivir e invertir”; así también vemos a Bolaños Cacho que se adapta a la combinación de cualquier color, puede combinársele con el rojo, así mismo con el azul, con el naranja, ya que cualquier color le combina mientras no se afecten sus posiciones de poder y siempre y cuando “Oaxaca necesite de sus oaxaqueños” y finalmente Hugo Jarquín quien viene con una imagen muy amigable, con bases populares, sin embargo presenta algunas faltas de ortografías, lo que no se que tanto pueda confiarse en eso.
El logotipo del partido y la imagen del candidato pasada a photoshop, es ahora la imagen visual distintiva de la propagandocracia, y esta imagen recorre agencias y colonias como firma distintiva del candidato en cada acto de campaña y que se hace identificar ante los votantes, pero que mañosamente esconde el proyecto y la propuesta de su campaña, hace falta una racionalización en el uso de la propaganda electoral, porque en democracia no gana el que más propaganda reparte, sino el que mejores políticas y proyectos propone y donde los ciudadanos tengamos claro el camino y no lleguemos al pueblo de Hamelín escuchando las flautas mágicas que nos seducen, destruyendo nuestra conciencia individual, dejándonos llevar hacia el despeñadero de estos modernos flautistas, si esto fuera una verdadera democracia entonces los ciudadanos estaríamos tocando estas flautas mágicas para sacar a tantos roedores que habitan este pueblo llamado Hamelín.