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Grandes poetas del mundo recitan para homenajear a Octavio Paz

MÉXICO, D.F., marzo 31.- Grandes poetas del mundo, entre ellos dos premios Nobel de Literatura, recitaron su propia poesía y la de Octavio Paz en el Palacio de Bellas Artes, como parte de las conmemoraciones por el Centenario del Nacimiento del Nobel mexicano. Wole Soyinka, Derek Walcott, Homero Aridjis, Eduardo Lizalde, Valerio Magrelli, Charles Simic, Lasse Söderberg, Ida Vitale, Fabio Morábito, David Huerta, Rafael Vargas, Pura López Colomé y José Luis Rivas, participaron en una fiesta de la palabra ante una sala colmada de lectores de Paz.

El recital fue conducido por el poeta, ensayista y promotor cultural Hernán Bravo Varela, quien recordó las palabras de Octavio Paz al precisar que el principio que rige al recital poético y al concierto musical es el mismo: la armonía. “El concierto y el recital transcurren en un espacio cerrado: una sala o una habitación. Ese espacio físico es un espacio sensible, creado por la voz del lector y el oído de los oyentes; a su vez, el espacio sensible es un espacio mental, un teatro imaginario en el que los actores son sonidos que son sentidos: palabras”.

Antes de iniciar el recital, todos los asistentes guardaron un minuto de silencio en memoria de Helena Paz Garro, hija de Elena Garro y Octavio Paz, quien falleció este domingo en la ciudad de Cuernavaca, Morelos.

Estuvieron presentes Marie Jo Paz, viuda de Octavio Paz; Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta); María Cristina García Cepeda, directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes; así como numerosos escritores y miembros de la comunidad cultural de México.

El primero en tomar la palabra fue el escritor nigeriano Wole Soyinka, Premio Nobel de Literatura 1986, quien dio lectura a sus poemas “El viaje” y “Una visión de la Paz”, para luego destacar que lo que más le gusta de la poesía de Octavio Paz son la generosidad y sus diversos matices. Con la lectura en español de David Huerta, Soyinka eligió el poema del Nobel mexicano Como quien oye llover, pues dijo que él proviene de una familia de hacedores de lluvia.

Tras señalar que Octavio Paz creó una obra vasta e imponente, el poeta mexicano Eduardo Lizalde leyó un fragmento de Pasado en claro, además de sus poemas Algaida y Tercera Tenochtitlan; mientras que el italiano Valerio Magrelli, con el apoyo en la traducción de Fabio Morábito, leyó El abrazo y La curva.

“Cuánto pensamiento, cuánta filosofía traducidos en versos, metamorfoseados en poesía. Yo creo que eso es el milagro de Octavio Paz”, indicó Valerio Magrelli, quien estuvo a cargo de la antología Poetas franceses del siglo XX y ha traducido a autores como Paul Valéry y Stéphane Mallarmé, entre otros.

La uruguaya Ida Vitale explicó que eligió leer un poema breve de Paz, Entre irse y quedarse, para señalar una de las constantes estilísticas del Premio Nobel. “Octavio busca su lengua, sobre todo en sí mismo, en su ritmo interior. Al leerlo oigo su voz, su cadencia”.

El escritor sueco Lasse Söderberg, quien ha traducido a Jorge Luis Borges, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca y Octavio Paz, entre otros, eligió el poema El otro, de Octavio Paz, porque es breve y enigmático. “El poema me eligió a mí para recordarme la última vez que me encontré con Octavio, en París, dos años antes de su muerte. En ese entonces, él había cambiado de rostro. En 40 años, siempre que lo vi estaba afeitado al ras, ahora se había dejado la barba, lo cual entendía como una manera de polemizar con su rostro”, dijo.

El mexicano Homero Aridjis leyó sus poemas Moctezuma y los tamemes y En tiempos de violencia, para después leer de Octavio Paz Movimiento, un poema donde, dijo, al fluir de las palabras y de las imágenes, en un contrapunto femenino-masculino, se va haciendo el poema amoroso. “Casi espontáneamente se muestra de cuerpo entero el espíritu lúdico del poeta”.

El poeta, traductor, ensayista y filósofo Charles Simic, coincidió con Paz en que es imposible ser poeta sin creer en la identidad de la palabra con significado, y que existe algo más allá del lenguaje de lo que depende la existencia de todo poema: la queja de que el lenguaje pretende hacernos las cosas presentes pero nunca lo consigue.

Concluyó la velada el Premio Nobel de Literatura 1992, Derek Walcott, quien leyó de su autoría los poemas Islas y Juncos del mar para luego dar paso a un fragmento de Piedra de sol, grabado por el propio Octavio Paz. Sobre este poema Walcott declaró que le gusta mucho “porque engrandece el momento y lo vuelve épico”.

 

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