¡Soy inocente!, clama Esteva Salinas


EXPRESIONES.- Después de llevar nueve meses en el cargo, sustituyendo al célebre Marco Tulio López Escamilla, quien prefirió decir “aquí corrió que aquí murió”, dejando la Secretaría de Seguridad Pública envuelta en una serie de ineficiencias y carencias, ahora Alberto Esteva Salinas reconoce que aceptó la responsabilidad con un adeudo de esa dependencia del orden de 140 millones de pesos, causa y efecto de la insubordinación actual de la policía estatal bajo su mando.

Sin embargo, el cuantioso adeudo de la SSP no obstó para que ésta iniciara, por iniciativa propia de Esteva Salinas, una serie de programas, según él, tendientes a acercar a la ciudadanía con la policía, creándose así una Banda de Música Danzonera, que ameniza convivios en plazuelas de la capital del Estado, cambió colores de las unidades móviles y de algunos uniformes policiales (las pintó de naranja, color de identificación del ahora su ex partido político, Movimiento Ciudadano, antes Convergencia), creó una policía canina que hacía desfilar una vez a la semana por el Centro Histórico de la ciudad, perros que entrenados cuestan más de 15 mil pesos cada uno, ¡ah!, y aceptó para su uso personal una camioneta último modelo, de las más caras y ostentosas del mercado.

Parecía no importarle el adeudo de su dependencia; sin embargo, ahora lo saca a la luz pública, clamando su inocencia y “pasando la bolita” a la Secretaría General de Gobierno, encargada de negociar los asuntos políticos estatales, y a la Secretaría de Finanzas, proveedora de los recursos y presupuestos que deben cubrir salarios, equipo, uniformes y enseres policiacos.

Los policías rebeldes quieren mejor salario, uniformes completos y “no ser disfrazados como payasos”, motivos que quizá no justifiquen un paro de labores, pero que si evidencian una pésima manera de cumplir con la responsabilidad de proporcionar seguridad a la ciudadanía.

La seguridad pública es quizá en estos momentos una de las actividades más prioritarias de gobierno y no puede dejarse bajo la responsabilidad de gente improvisada que busca sólo el protagonismo y apuntalar su carrera política.

Un policía debe inspirar respeto, confianza, pero por reflejo de sus actos y desarrollo de sus tareas, no por “trajes” o colores especiales que porten.

Para acabar pronto, Esteva Salinas no tiene ni tendrá espíritu de policía.

Oaxaca de Juárez, Oaxaca, martes 16 de septiembre de 2014

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