Felipe González, El Chapulín


LIBROS DE AYER Y HOY.- Qué lejos están sus viejas luchas, su carisma (incluso su guapura), ahora es el aliado de la ultraderecha, cómplice quizá, del ultraderechista Mariano Rajoy, como también lo es de los pro-estadounidenses de Venezuela.

Nos referimos a Felipe González, el antiguo líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) –partido también aliado a Rajoy– y más tarde, por cuatro períodos, presidente de España.

Que lejos están aquellas declaraciones que le hizo a la periodista chilena Ximena Ortúzar, en 1979, para apoyarnos en la huelga que sosteníamos contra la revista Interviú uno de los reductos del franquismo, en su edición México.

Ya en 1993, cuando se reeligió por cuarta vez, había grietas que mencionaban antiguos aliados. Protegidos por una carpa en la Plaza mayor de Madrid, varios periodistas escuchábamos a Julio Anguita, convaleciente de un infarto en plena campaña de la Izquierda Unida, a través de una enorme pantalla.

González ya había ganado. Estábamos Paco Ignacio Taibo I, Gerardo Arreola, Humberto Mussacchio y yo entre otros. El desaliento no era sólo por lo sucedido a Anguita, sino por el declive que se observaba ya en el antiguo luchador contra Franco.

La situación de la economía española, el final de la etapa de bienestar que se había vivido por décadas, la corrupción y una guerra sucia violenta y agresiva (como la que escenificó en México Luis Echeverría) habían minado su prestigio.

En Un mexicano en Euskadi, el vasco Luis Miguel Ipiña, preso en México, describe la utilización sangrienta de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), de parte de Felipe González, de 1983 a 1987, contra la organización ETA a la que irónicamente acusaban de terrorista.

En 1996 perdió definitivamente el apoyo del pueblo español que le volvió la espalda y no lo reeligió. Ahora Felipe González anda, como el otro derechista del mismo nombre, Felipe Calderón, metiéndose en luchas ajenas que llevan a la cabeza principal, el gobierno de Estados Unidos.

Este no actúa como un dictador, como le dicen a Nicolás Maduro, sino como el amo del mundo. Es en la escala en donde el vasallaje se agota. Pero González lo hace como colombiano, nacionalidad que adquirió en el 2014, lo que compromete en ese conflicto al propio país de Colombia, de por sí ya muy metido.

El caso Venezuela no se matiza por la oposición a la que se ha sumado González, desde las perspectivas de las grandes mayorías, de los logros ganados por el chavismo y de la intromisión de Estados Unidos que acaba de hacer amenazas, que por ese sólo hecho debería de tener unido a todo el país.

Aquí, cuando se dieron las intromisiones e invasiones extranjeras, los que apoyaron al extraño fueron llamados traidores. Y en los códigos penales del mundo la traición a la patria es el delito más grave.

Un mexicano en Euskadi (1997) es edición de autor y cuenta la larga historia de ETA y su lucha contra el terrorismo de Estado.

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