Un país con libros


LIBROS DE AYER Y HOY.- Las comandantes Selene y Andrea de una nave espacial encontraron en el 2612 de nuestra era, entre otras cosas, dos libros enterrados.

Uno de Felisberto Hernández, el uruguayo, y otro de la sinaloense Inés Arredondo. La sorpresa del capitán general de la nave fue igual a la que experimentó Charlton Heston en “El Planeta de los simios”, cuando halló, en un  mundo totalmente destruido, la cabeza de la estatua de la libertad.

Los símbolos, no cabe duda, se niegan a morir, por más que algunos gobiernos renieguen de ellos. La amenaza de la desaparición del libro escrito se extiende a varias décadas atrás y aunque las ediciones siguen presentes, algo ha ido mermando poco a poco mientras el libro digital se va instalando.

Son ya muchos los autores que no son reeditados ante la crisis editorial. Sin embargo, los mecanismos de defensa son parte de la creatividad de los editores y uno de sus aportes son las ferias.

De acuerdo con un reportaje del diario El Universal, son tantas las ferias que se instalan en el país que no hay número reciente. Surgen de la noche a la mañana y se quedan ahí, como una fiesta de la cultura, con diversos tipos de expresiones, además de la venta y presentación de libros, teatro, música, danza y la natural convivencia entre amigos y el júbilo por ver y conocer a intelectuales y artistas.

En las vacas flacas, la creatividad también se ve en otras partes, con decenas de propuestas, en los mismos autores que imprimen sus libros sin el demérito que se veía antes con la edición de autor o lo que hacen los maestros de talleres literarios, de editar los trabajos de sus alumnos en cada curso.

Nudo se llama el cuento de ficción de Azucena Franco, que aparece junto con otros 45, aporte de diez integrantes del noveno diplomado de creación literaria del Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, libro acabado de imprimir apenas el 26 de enero.

Se trata de una antología literaria, Imaginarios de papel, que como parte del involucramiento de los autores, fue corregido por dos de ellos, David Ledesma y Silvia Zenteno.

Además de Nudo, Franco publica otros tres cuentos y dos poemas. Historiadora y maestra en literatura por la UNAM, la autora fue escogida recientemente para leer su cuento en la Feria del Libro del Palacio de Minería.

Nudo tiene la influencia de Borges, cuyo epígrafe antecede el texto. Es una breve narración en forma de bitácora del propio capitán general, que se enfrenta a un fenómeno de espacio-tiempo (Borges presente) que los involucra en dos dimensiones: una en un planeta al este de Casiopea en 2612, y otro en el Desierto de Altar en Sonora en el año 2005.

El hecho es tan extraordinario que la narración va transmitiendo el miedo al lector, hasta que las palabras se pierden. ¿Se estrellaron, desaparecieron? Nunca lo sabremos. La historia del libro por fortuna sigue en todas partes, aunque haya algunos que solo hojeen y ojeen unos cuantos.
laislaquebrillaba@yahoo.com.mx