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Las madres y Don Porfirio

LIBROS DE AYER Y HOY.- El 10 de mayo es una fecha que tiene mucho significado para algunos mexicanos urgidos de acallar su conciencia con regalos caseros y comportamientos mimosos. Resabio de la vieja idea de que la madre es un ser sagrado colocado en un nicho de adoración anual.

Quizá por ello se entiende que un importante centro cultural como el Roberto Cantoral, anuncie un festejo a las madrecitas con un homenaje a ¡Don Porfirio!

El pretexto de los organizadores es inexplicable porque se trata de un homenaje por el centenario de la muerte del dictador, pero da la casualidad que Don Porfirio murió el 2 de julio de 1915, o sea faltarían un mes y 22 días para  tal evento.

El argumento que ponen al anunciar la actualización de vieja música y valses mexicanos es que el anciano gobernante de los 30 años, que reposa en el famoso panteón de Montparnasse en Francia, después de haber sido tumbado por una gleba furiosa y reivindicativa, “fue un impulsor de la cultura y las bellas artes”.

Cultura que tenía el sello europeo de los antiguos científicos y adoradores de  Augusto Comte y Lorenz von Stein, mientras la población se moría de hambre.

A la par que se da este contrasentido –que no sería tal si fuera un simple concierto de música de antaño en homenaje a las madres–, hay grupos que están pidiendo la exhumación del cadáver de Díaz para traerlo a México e instalarlo definitivamente.

Hablan de reconocer al héroe que fue, antes de ser dictador. Un poco de lo que se dice cuando se menciona la calle que lleva su nombre junto al Parque Hundido.

Con ese criterio enaltecerían al soldado imberbe de la primera guerra mundial, que fue Hitler. Desde siempre se ha dicho que Don Porfirio nunca se fue, como tampoco se han ido otros dictadores.

España, por ejemplo, vive uncida a Francisco Franco, con una monarquía lujosa y frívola y aquí padecemos la herencia de estructuras verticales que comprobamos día tras día.

El fantasma de una época marca a muchos y en el programa del 10 de mayo se menciona a Juventino Rosas y a Agustín Lara, entre otros.

Igual suerte corrieron algunos creadores que son considerados porfiristas por haber vivido en ese período, como es el caso del poeta Amado Nervo. Con el agravante de que él representó en la diplomacia al gobierno de Porfirio Díaz y, de hecho, buena parte de su etapa creativa la desarrolló en el Porfiriato.

Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz se llamaba este poeta de origen español que nació en Tepic Nayarit en 1870. Su primera obra, la autobiografía El Bachiller (1895) ya entra en las décadas de Díaz.

Criticado en el período revolucionario cuando ya fungía como diplomático, Nervo es obligado a renunciar en 1914, pero Venustiano Carranza lo reivindica en 1918 y lo nombra ministro plenipotenciario. Muere al año siguiente.

Nervo fue menospreciado durante décadas, pero a principios de este siglo se inició un proceso de revaloración de su obra, que lo coloca entre uno de los grandes del siglo XX.

Aunque algunos lo consideraron romántico, el análisis definitivo lo sitúa en el modernismo con una cercanía a Rubén Darío, que fue su amigo. A diferencia de muchos poetas, su poesía llenó toda una época y tuvo una proyección popular.

A él, como a otros grandes creadores de ese tiempo, sí vale la pena incorporarlo a nuestra vida. He aquí un pequeño recuerdo  de su primera juventud, Perlas Negras XII, a propósito del concierto musical que se anuncia:

A mí me gustan las notas leves

Las notas leves, las notas lánguidas

Las que parecen suspiros hondos

Suspiros hondos de almas que pasan
laislaquebrillaba@yahoo.com.mx