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Una buena lección

La decisión del gobernador Gabino Cué Monteagudo de reubicar el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO) fuera del Cerro del Fortín constituye una lección cargada de aprendizajes para los distintos actores políticos.

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En principio una lección para el propio Gobernador es que no puede imponerse con este tipo de proyectos sin brindar la información adecuada a los ciudadanos, de manera oportuna y con buena política para construir consensos. Las decisiones autoritarias no le están funcionando.

La lección para los amigos del gobernador y para los beneficiarios económicos del proyecto es que puedan aprender que las cosas ya no son como antes, cuando los núcleos del poder político y del gobierno hacían su voluntad de manera arbitraria y no permitían interpelaciones, al estilo priista.

Como bien dicen los teóricos de la política, las democracias son más difíciles de gobernar que los autoritarismos. Las democracias implican hacer buena política para informar, escuchar, tomar acuerdos y respetar las decisiones de la gente, mientas que los autoritarismos han funcionado bajo la fórmula de la imposición de los gobiernos y del silencio de la sociedad.

Afortunadamente para Oaxaca, las cosas están dejando de funcionar a partir de las imposiciones gubernamentales. Quizás este es uno de los mejores indicios de la alternancia, que se observa no precisamente en un mejor gobierno, sino en una sociedad que esta madurando, que es mas exigente, que requiere información sobre los proyectos que la implican; de una sociedad que demanda ser consultada y poder participar en la toma de decisiones.

Otro aspecto de la lección, también para el Gobernador y su camarilla,  es que no pueden desdeñar la inteligencia de los ciudadanos a través de la manipulación de información, por mucho dinero que inviertan en estrategias mediáticas para posicionar un proyecto de presunto progreso, generación de empleos y crecimiento económico. La gente ya no cree en eso.

Los liderazgos de mayor peso no se encuentran en los gobiernos ni en los partidos. Hay mucho que aprender en materia política del activismo de la gente sin partido y de personajes como el artista oaxaqueño Francisco Toledo, quien ha mostrado el valor de la contestación y la creatividad para incluir a la gente. Sin burocracias, sin partidos y sin el dispendio de dinero público.

Sería muy saludable para la sociedad oaxaqueña que las promesas falsas del gobierno y de los partidos políticos caigan bajo su propio peso, particularmente en un momento en que se avecina la apertura de campañas electorales, en donde observaremos un dispendio de dinero en propaganda hueca.

La gente ya no cree en slogans de campañas ni en frases mercantiles, por muy repetidas que sean.

La lección para los partidos políticos es que no tienen que derrochar los recursos públicos en contratación de publicistas ni en estrategias mediáticas costosas, ya que la gente no les cree.

Habría que indagar cuánto gasto el gobierno estatal de alternancia en la propaganda a favor del centro de convenciones en el cerro del Fortín y en el estacionamiento que construyó.

Las insignias del fracaso de los autoritarismos quedarán inscritas para la historia en el cerro del Fortín, con el montón de fierros en el auditorio Guelaguetza, de una velaría destrozada, para recordar al PRI, y con un estacionamiento trunco, árboles arrancados y un cerro rebanado, como herencia del gobierno que en algún momento se identificó con “el progreso”.

Otro aspecto de la lección tiene que ver con el triste papel que jugó el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO), que en la llamada consulta sobre el proyecto del Centro Cultural y de Convenciones se mostró como lo que realmente es: mera comparsa al servicio de los intereses de la camarilla gobernante, dilapidando recursos que deberían ser usados para cosas realmente importantes para una sociedad carente de muchos servicios.

La incipiente institucionalidad del IEEPCO ha sido socavada y desacreditada no por los sectores críticos del gobierno de alternancia, sino por el gobernador y su grupo de funcionarios que usaron a ese instituto a su antojo y simularon una consulta ciudadana manejando la información a su modo.

La incredulidad de los ciudadanos es muy sana si consideramos que la verdadera alternancia y transición democrática se encuentra en los cambios sociales y en la maduración ciudadana, ya que la alternancia enfocada únicamente en el cambio del grupo gobernante ha resultado vacía.

El gobierno actual no ha estado a la altura de la sociedad que lo eligió con una mayoría indiscutible en el 2010. Hoy podemos observar que no ha habido diferencia entre los autoidentificados partidos progresistas y el PRI, debido a que al final hacen lo mismo.

La gran lección es que la verdadera alternancia está en la gente y no en el gobierno. La decisión para la reubicación del Centro de Convenciones está cargada de muchas lecciones que hay que seguir desmadejando para aprender más y creer menos en las simplezas de las campañas gubernamentales y electoreras que se aproximan.

En conjunto, el frustrado caso del mencionado proyecto es una buena lección para comprender que Oaxaca está cambiando, que las cosas ya no son como antes y que no podemos regresar al viejo esquema de las imposiciones.

*Investigador del IISUABJO

sociogouam@yahoo.com.mx

 

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