LIBROS DE AYER Y HOY
El pequeño Trump, Videgaray, al menos tuvo un detalle: la invitación al candidato republicano se fijó para agosto. Nada de que fuera en el mes de la patria. Y no es que la patria le importe mucho al régimen que nos gobierna. Pero había que guardar las apariencias ante fechas que exaltan una mexicanidad que solo un personaje como Juan Gabriel pudo convocar.
¿Cómo se sentirán los ciudadanos que asistan el 15 de septiembre al Zócalo a escuchar los vivas a los héroes? ¿Qué dirán en sus respectivos lugares, los que escuchen a funcionarios prístas hablar de independencia y vitorear a personajes que lucharon contra los invasores? ¿Qué pensarán millones de mexicanos que tienen en mente la gran ofensa que nos hicieron invitando a Trump?
¿Sentirán vergüenza los legisladores cuando lean en su recinto esa frase que ya es de nuestra historia, La patria es primero? De por si, al menos en la Ciudad de México, los vivas a los héroes mediante el grito, han venido a menos con gente acarreada, en el hermetismo de un Zócalo que solo se abre para los convocados, raza del Estado de México sobre todo, cuyos camiones de acarreo se ven impúdicamente a unas cuadras.
El famoso grito se amplia y diversifica como si fuera un acto a destajo. Pero no lo es. Viene a ser otro símbolo de nuestra patria. Y quien lo da, debe tener, al menos, calidad moral. Recuerdo haber estado en una ceremonia de ese tipo, en el que daba el grito un funcionario de Coyoacán que era el que entregaba el embute a periodistas oficiales. Ahí mismo circularon sobres.
El año pasado se anunció que se endurecerían las penas contra quienes vulneren los símbolos patrios. ¿Que se hará contra los que están dilapidando a la patria? El caudillo inmortal ha sido llamado Vicente Román Guerrero Saldaña, uno de los grandes héroes que lucharon para darnos patria.
No es en balde recordar en estos momentos a uno de esos hombres singulares que expusieron su vida – y él la perdió por la traición del presidente Anastasio Bustamante y el secretario de guerra José Antonio Facio- cuando el concepto de mexicanidad se discute en el mundo ante la afrenta que reconocen que hemos sufrido.
Hijo de un campesino pobre al que ayudaba en sus faenas, la historia ha reivindicado mediante documentos la personalidad de un hombre valiente, talentoso, inteligente, que dejaba asombrados a los realistas por su capacidad estratégica para movilizar el Ejército Insurgente.
Apoyó a Miguel Hidalgo en el Grito de Independencia y a la muerte por traición del gran cura, se alió a José María Morelos y lo apoyó en la costera del sur. Solo ese enorme estado que se llamaba Tixtla, pudo llamarse después, Guerrero, en 1849.
En su camino se movía la presencia seductora y traidora a la vez de Agustín de Iturbide, con quien lanzó el Plan de Iguala en 1821, que concentraba sus propuestas en dos puntos: proclama de independencia e instalación de un gobierno nacional. Pero cuando Iturbide exhibiendo su verdadero interés se declaró emperador, Guerrero se opuso y reinició la lucha.
A la caída de Iturbide en 1823, apoyó a Guadalupe Victoria el primer presidente de México y él le sucedió en 1829. Inmiscuido Antonio López de Santa Anna, Guerrero cayó a los 9 meses y en la presidencia de Bustamante, en 1831, fue víctima de la traición que ejecutó en persona el genovés Francisco Picaluga; lo fusilaron en juicio sumario el 14 de febrero de ese año.
En 1833 fue declarado Benemérito de la Patria. Mucho se ha escrito sobre Guerrero, incluso hay una novela de Raquel Huerta Nava, El guerrero del alba. Pero lo que más ha trascendido es el famoso poema de José Rosas Moreno llamado Guerrero.
Este poeta, conocido mejor como fabulista y autor de libros infantiles y algunas piezas de teatro, entre ellas una sobre Sor Juana, nació en Lagos de Moreno, Jalisco (1838-1883) y presentó el poema en uno de los aniversarios de homenaje a Guerrero.
Con su talento reconocido, le debe, no obstante, la gloria a este bello poema que hoy reproducimos para recordar que la patria sigue siendo nuestra y que debe ser lo primero.
GUERRERO
En los montes del sur, Guerrero un día
alzando al cielo la serena frente
animaba al Ejército Insurgente
y al combate otra vez lo conducía
Su padre en tanto con tenaz porfía
lo estrechaba en sus brazos tiernamente
y en el delirio de su amor ardiente
sollozando a sus plantas le decía:
Ten piedad de mi vida desgraciada
vengo en nombre del rey tu dicha quiero
poderoso te hará, dame tu espada
¡Jamás!, llorando respondió el guerrero
¡tu voz es padre para mi sagrada
mas la voz de mi patria es lo primero!
laislaquebrillaba@yahoo.com.mx