El largo adiós de las esperanzas


LIBROS DE AYER Y HOY

Algunos todavía se agarran del cabús y sueñan con cambios sorpresivos que podrían lanzarlos, como diría Rostand, ¡a las estrellas! Pero la esperanza se va esfumando, ya habemus candidatos; a Jaime Rodríguez El Bronco le están cocinando una campaña y al pobre de Miguel Ángel Mancera lo vuelven a amarrar a la capital, para que desfaga los entuertos de la reconstrucción que él mismo creó con sus mentiras.

Márgara Zavala está en la incertidumbre aunque se autonombra candidata del pueblo -carcajada incluida-, y el premio se le va al marido Felipe Calderón, que puede quedar sin  partido un día de estos.

La lista sigue. Que triste es quedarse sin  poder y que lamentable que tengamos que escribir sobre estos personajes, pero es lo que hay en el mundo de la política.

Cumplidos los formalismos del registro partidario, ahora entra la etapa de los independientes: pocos cumplieron con los requisitos, hay mucha corrupción en el tramo  y los que lo hicieron  se lanzan a ese mar azaroso de la competencia.

Las dos mujeres que tuvieron relevancia como precandidatas a la presidencia, son totalmente opuestas, aunque hay una coincidencia en la respuesta que ambas recibieron.

No todas las comunidades indígenas, ni los que dicen apoyar sus propuestas acudieron  a la firma con María de Jesús Patricio Martínez, vocera del Congreso Nacional Indígena, Marichuy.

Postrada por un  lamentable accidente, de hecho se veía difícil que consiguiera la candidatura formal, aunque ahora su propósito es otro: seguir una lucha permanente con las propuestas que promovió en su campaña.

A la derechista  Zavala  la inflaron medios que sobre estimaron su capacidad o que fueron muy bien pagados.

Hubo días, hace unos meses, en los que en todo momento se hablaba de ella y las fotos aparecían por todos lados.

Las aguas volvieron a su cauce y demostraron que si no se tiene la fuerza de un  partido, la personalidad del político y sus ofertas tienen que estar por encima, lo que no es su caso.

Ante muchos de los que van quedando en el camino, se tendría que exclamar: ¡sic transit! Ni modo, la gloria del mundo pasa.

EL LARGO ADIOS, LA CUMBRE DE LA NOVELA NEGRA

Confieso que tengo El largo adiós (Planeta 1985 et al)  en varias ediciones. Su autor Raymond Chandler y la novela son de mis favoritos.

Para algunos es la cumbre de la novela negra del siglo XX. La vida misma del escritor, es una novela fielmente retratada por Frank MacShane su biógrafo, en La vida de Raymond Chandler. (Editorial Bruguera S.A. 1977).

No hay crimen sangriento en ella, es verdad, pero si lo hay en esa permanente autodestrucción que él tenía ante la realidad que vivió. Se había casado con  una mujer 20 años mayor que él, a la que terminó atendiendo como  anciana -siempre solidario-, mientras tomaba, se alejaba de sus amigos y ponía distancia cambiándose de casa y de ciudad varias veces al año.

Cuando murió en 1959, acelerado en al alcohol, trataba de vivir la etapas que la vida le había negado.

En  su gran haber están sus siete novelas, casi todas llevadas al cine,  varios libros de cuentos y relatos  y dos guiones geniales, el de Extraños en un tren obra de Patricia Highsmith, película dirigida por Hitchcock y El halcón maltés, novela de Dashiel Hammet dirigida por John Huston.

Nada menos que con  Humphrey Bogart. Este actor es el protagonista de la primera versión  de El largo adiós.

Hubo otra a fines de los ochenta que pasó sin  pena ni gloria. Se trata de la historia de Terry Lennox un  personaje al que el detective de Chandler, Phillipe Marlowe, toma cariño y lo defiende incluso en las circunstancias más duras y sospechosas.

Parte de la trama se realiza en un pueblo mexicano. El desenlace tiene caracteres poéticos y recuerda de alguna manera las tragedias griegas. Marlowe como el gran perdedor ve como sus afectos se extravían en pasos que se alejan y resuenan en el pavimento.

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