Los llamados a misa


Los llamados a serenarse en México son, como llamados a misa, poco eficaces.

El país entero viaja en medio de la turbulencia: violencia, injusticia, impunidad, desigualdad, pobreza, conflictos, polarización.

A un año y un mes del gobierno de la 4T no logramos estabilidad, y no es fácil.

Se ha dicho, en innumerables ocasiones, que aquello que hizo posible el cambio de régimen en el país fue el hartazgo, efectivamente. Estábamos cansados del autoritarismo del PRI, y del PAN por supuesto, de la impunidad de personajes que hicieron un uso patrimonialista del poder, de la agencia de colocaciones que eran esos partidos, del enriquecimiento, de la negación de derechos, de la violencia del crimen organizado, cansados de eso y de mucho más.

Sin embargo, la situación actual no es muy distinta, ni distante. El caso más emblemático es la exoneración a Manuel Bartlett. Mal ejemplo y mala señal de un gobierno que “combate la corrupción” como quien barre las escaleras.

Todas las mañanas el presidente Andrés Manuel López Obrador lanza llamados a serenarse, pero nadie se serena, ni él mismo que, después del llamado respetuoso, arremete contra sus críticos.

Abro un paréntesis. Durante el periodo vacacional, fui unos días a la Costa de Oaxaca; estuve en Piña Palmera, una organización que trabaja con personas con discapacidad.

Piña tiene un enfoque de rehabilitación basado en la comunidad. Ahí nos platicaron que cuando una persona con discapacidad entra al proyecto, debe tener un objetivo, una meta y desarrollar un programa constructivo

Para lograr algo, no bastan los buenos deseos; hay que desarrollar las actividades que lo hagan posible. Cierro el paréntesis.

Este es un buen ejemplo de que los llamados a misa no son eficaces si no van acompañados de acciones concretas.

Para que el país se serene se requiere mucho trabajo, no sólo declaraciones y banderas blancas todos los días. Hay mucho que hacer.

*Director de Radio Universidad de Oaxaca (UABJO).