Sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales


Últimamente se habla de sociedad civil haciendo referencia a los colectivos que cobraron mucha relevancia en el plano local, estas son las llamadas organizaciones no gubernamentales; sin embargo, ¿a qué hacemos referencia cuando hablamos de sociedad civil, cómo y cuándo surgen?

Pues bien, la sociedad civil en principio es un término teórico utilizado para hacer referencia a demandas y luchas sociales, pues desde Gramsci alude al pueblo que no forma parte de la sociedad política; desde otros teóricos, este término cobró importancia en contextos de gobiernos autoritarios para diferenciar al Estado de la sociedad.

Sin embargo, para el caso de América Latina y de México en particular el término “sociedad civil” tomó importancia en la década de los sesenta, alentado en gran medida por la iglesia católica, primero por el secretariado social de ésta y después por las comunidades eclesiales de base, con lo cual surgieron las organizaciones civiles para promover el desarrollo social, la educación, las radios culturales y organizaciones campesinas, algunos colectivos incluso ayudaron a formar movimientos sociales urbanos y campesinos.

En ese entorno surgieron organizaciones muy importantes sobre derechos humanos; posteriormente, en la década de los setenta, surgieron las llamadas organizaciones de masas que tenían una base popular muy fuerte; más adelante, en los ochenta, surgieron organizaciones de otros sectores, por ejemplo los empresariales, muchos de ellos planteándose en la arena política y concretamente política-electoral.

A partir de este momento las asociaciones civiles se nutrieron principalmente de clases medias urbanas, unas bastante conservadoras ligadas a un partido político (PAN) para dar batalla por la alternancia política, otras se mantuvieron pese a los efectos disolventes del neoliberalismo tratando de mantener una resistencia social, aunque se quedaron ligadas a espacios regionales específicos, con un planteamiento sectorial y sin intenciones de buscar una transformación general, de tal forma que de pronto para principios de los noventa iniciaron su proceso de convertirse en los principales intermediarios entre la ciudadanía y las instituciones gubernamentales, claro ciudadanía por sectores.

De tal forma, ese nuevo asociacionismo civil se ancló en clases medias urbanas orientado a defender causas específicas; por ejemplo, desde centros históricos, la contaminación ambiental, en contra de la corrupción, hasta aquélla sociedad civil que en 1994 llegó a Chiapas para defender o unirse a la lucha de reconocimiento que planteó el EZLN.

Así para el año 2000, con la alternancia política en México, las organizaciones no gubernamentales que devenían de la sociedad civil fueron integradas para cubrir algunas funciones gubernamentales, al tiempo que éstas encontraron espacios de participación porque dos partidos políticos (PAN Y PRD) las integraron, ya que estos dos no podían atender los temas de políticas sociales, de tal manera que en particular se integraron para atender sectores de educación, salud, atención a mujeres y algunos otros grupos marginados. Por supuesto, estas organizaciones logaron ser efectivas por la cercanía con la población local.

En ese mismo año 2000 surgió el Indesol (Instituto de Desarrollo Social) para otorgar financiamiento a las ONG justo para concretar programas sociales, en mi opinión este fue el momento claro en que se le trasladaron funciones del Estado a las organizaciones de la sociedad civil jurídicamente constituidas.

Con dicho apoyo las ONG se fortalecieron, ya que muchas tendían a desvanecerse por la incertidumbre de los recursos de organismos exteriores.

Con el paso del tiempo, las ONG encontraron espacios como intermediaciones casi oficiales entre la ciudadanía y las instituciones gubernamentales porque a través de ellas se canalizaban recursos para programas sociales como lo comenté antes.

Aunque muchas de estas organizaciones realizaron bien su trabajo, con propuestas educativas contextualizadas, atendieron a mujeres en situación de alta vulnerabilidad, al igual que casos de defensa de derechos humanos, acompañaron procesos de desarrollo comunitario, alentaron la conservación ambiental con producción agropecuaria sustentable -y otras líneas de acción que quizá se me escapan ahora-, lo cierto es que también generan interrogantes.

Estas interrogantes son: ¿hasta dónde mantienen su legitimidad y transparencia? Porque también algunas asociaciones de estas se formaron con líderes que habían sido funcionarios públicos y que conocían perfectamente los caminos apropiados para obtener financiamientos gubernamentales e internacionales.

También, al ser asociaciones con cualquier figura jurídica, su funcionamiento operativo es de empresa; es decir, existe un dueño de la empresa con sus empleados, y en su funcionamiento interno no sabemos hasta dónde cumplen con la seguridad social de sus empleados.

Por otra parte, los líderes de estas asociaciones también fueron muchas veces profesionistas que encontraron en esta una vía de autoempleo porque los efectos del neoliberalismo se observaron con gran profundización en la deficiencia de empleos con calidad.

De esta forma, también para el neoliberalismo fue apropiado mantener a estas asociaciones para mermar la deficiencia de empleos, en especial entre personas profesionistas y algunas altamente calificadas.

En este sentido, creo que tenemos que sentarnos a reflexionar con cabeza fría si realmente se lograron formar capacidades en la población local y entonces no deberían necesitar más asistencia, pues de lo contrario quizá sólo se replicaron prácticas que se critican, quizá porque la acción les ganó, no lo sabemos.

Por otra parte, también vale la pena reflexionar sobre las acciones que realizaron para lograr derechos y demandas legítimas de la ciudadanía porque ésos son sus grandes logros y fortalezas, siempre que se entienda que la llamada sociedad civil (que no organizaciones) en términos de Gramsci es heterogénea y cambiante; es decir, pueden estar pensando que ya no quieren intermediaciones o, bien, que sí las necesitan para acercarse a las instituciones, pero que esta vez ya tienen más experiencia, más conocimientos que las propias ONG formaron; por tanto, no requieren tanta tutela.

En esta línea de reflexión considero que las ONG más propensas a caer en clientelismos son las de carácter filantrópico, porque esta visión no permite generar capacidades locales, pues la ayuda de esa naturaleza sólo abre paso a la asistencia, lejos de impulsar potencialidades, ya que ayudar no es lo mismo que colaborar o solidarizarse.

La ayuda filantrópica nos aclaró en su momento Eduardo Galeano se ejerce de arriba hacia abajo; es decir, representa también un ejercicio de poder, mientras que la solidaridad es horizontal, de igual a igual.

Finalmente, por una parte quizá deberían aprovecharse las capacidades que se generaron dentro de algunas ONG, además de la gran experiencia que tienen por haber trabajado durante al menos veinte o treinta años en localidades muy específicas, que además muchas de ellas se financiaron con recursos públicos e internacionales.

Sin embargo, debemos tener claro que una política pública es generalizada. No se pueden hacer políticas públicas particulares porque entonces se corre el riesgo de ser selectivos; por tanto, si existen algunas ONG que captaron elevadísimos recursos económicos del gobierno, que luego usaron para fomentar la clientela política lejos de atender demandas sociales y fortalecer derechos, entonces ¿cómo se hace para quitar a las ilegítimas y dejar a las legítimas? ¿No se acusaría de beneficiar a un grupo y a otro no?

*Profesora investigadora de tiempo completo del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la UABJO; Nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores.