La inseguridad en las campañas


Utopía

Sin duda alguna es preocupante el clima de violencia, incluida la pérdida de la vida de 13 candidatos a puestos de elección popular, que padecen en municipios de varios estados del país y que obligaron a 398 –de los más de 21 mil que bregan por ocupar un cargo, lo que multiplicado por una decena de partidos y membretes suman 210 mil aspirantes–, a solicitar protección de las autoridades de los tres niveles del Ejecutivo.

Pero las baterías del oligopolio mediático y los intelectuales a su servicio están dirigidas a evidenciar la incapacidad del presidente Andrés Manuel para garantizar un clima adecuado para que la contienda concluya sin privación ilegal de la libertad, amenazas, chantajes, atentados e incluso asesinatos de los actores. Bulmaro Castellanos (Magu) lo muestra con claridad y demasiado cinismo.

Brindar protección a los aspirantes es obligación de los gobiernos estatales y los ayuntamientos, mas ya son –insisto– 398 los candidatos que cuentan con ella y la Guardia Nacional interviene activamente. Suman 400 los candidatos que reportaron riesgo por algún tema de violencia, en 250 casos está abierta la carpeta de investigación correspondiente, mientras que en 148 no se consideró necesaria.

De los protegidos por cuerpos policiacos locales o federales, 187 señalaron a la autoridad que recibieron amenazas; 101 ser víctimas de agresiones. En 44 casos no se confirmó el riesgo, mientras que 13 están registrados como homicidios y en 11 hubo privación ilegal de la libertad. En 42 casos del informe, correspondiente al 21 de mayo, la autoridad no especifica el riesgo que enfrentan los aspirantes (Excélsior digital, 27-V-21).

Los candidatos con seguimiento ante riesgos de violencia se concentran en siete estados con 54% de los casos: Oaxaca (47), San Luis Potosí (37); Jalisco (28); estado de México (27); Veracruz (27); Tamaulipas (25) y Guerrero (23).

El serio problema está allí y requiere de una mejor atención de las autoridades sin ninguna necesidad de “encomendarse” a Santa Rita, como pidió el fatuo y cómico fallido de Sergio Aguayo o a San Judas Tadeo, como lo propuso Ricardo Raphael en la mesa de análisis convertida en monólogo, de Aristegui en Vivo del jueves 27.

Es inocultable que a nueve días de la cita con las urnas y con los notables éxitos del gobierno de López Obrador frente al SARS-CoV-2, vacunación, inversión extranjera, crecimiento económico, inicio del proceso de compra de la tejana refinería de Deer Park –Felipe Calderón sólo fue capaz de construir una barda perimetral en la inexistente Refinería Bicentenario de Tula, Hidalgo, en la que derrochó mil 800 millones de pesos–, la compra a través de la ONUPS de 734 millones de medicamentos de Alemania, Corea del Sur y Cuba, entre otros, la oposición partidista que lidera el magnate y evasor fiscal Claudio X. González Guajardo, se encuentra en estado catatónico, tanto que AMLO les recomendó untarse Vitacilina. “¡Serénense!”.

Exigencia que difícilmente podrán satisfacer, cumplir, debido a que las muestras demoscópicas no corresponden con las cuentas alegres que divulgan y los anuncios catastrofistas que presentan, asesorados por el impresentable Antonio Sola, el presunto autor de “López Obrador, un peligro para México”. Y ahora de “la destrucción de México” a cargo de AMLO. La propaganda negra que resultó exitosa en 2006, fracasará el domingo 6 de junio. Y no es un anhelo, Raúl Fraga, es un pronóstico.


Eduardo Ibarra Aguirre

Es autor de Utopía. Coordinador del Grupo María Cristina. Perseguido por la Sedena (1993-2002) por difundir la propuesta del ombudsman militar. Demandante laboral del CEN del PRI (1992-93). Editor de Forum en Línea desde diciembre de 1993. Redactor de cinco libros y coautor de ocho. Corresponsal en Moscú (1977-79) y becario en Berlín (1967-68).