Autocrítica de AMLO sobre seguridad


Utopía

Hace nueve días, el presidente Andrés Manuel reconoció que en seguridad pública “se ha avanzado muy poco”, aunque como es normal en su discurso y en la realidad social atribuyó la persistencia de las tendencias de no disminución sustantiva del fenómeno delictivo en rubros básicos como el homicidio doloso y el feminicidio, a las estrategias de los gobiernos de 1982 con Miguel de la Madrid hasta el de Enrique Peña.

Demagogia publicitaria en pos del voto ciudadano aparte, resulta comprensible que tendencias alcistas a lo largo de 40 años y acaso mucho más porque el narcotráfico data de las primeras décadas del siglo XX, no puedan abatirse en 30 meses de gobierno. En primer lugar porque las raíces socioeconómicas del fenómeno delincuencial persisten por más que sea en el ámbito de las políticas sociales en donde se localizan los mayores y mejores aciertos –con todo y desaciertos– del gobierno de López Obrador.

Lo innegable es que durante la campaña de 2017-18, el entonces candidato presidencial de Juntos Haremos Historia incurrió en excesos discursivos en materia de promesas de campaña, hoy caricaturizadas por los dirigentes de la coalición que lidera el plutócrata y evasor fiscal Claudio X. González Guajardo, como “abrazos, no balazos”.

El hecho es que en plena transición administrativa AMLO produjo un viraje en su propuesta central de mandar a los mílites a los cuarteles y, por el contrario, constitucionalizó el papel temporal de las fuerzas armadas en la lucha contra el crimen organizado, con el apoyo unánime de los senadores y diputados, algunos de los cuales padecen amnesia. La razón fue que la corrupción en la Policía Federal todo lo desgració, como aquí se documentó con el testimonio del almirante Alberto del Barrio y Guillé. Todo estaba podrido en Dinamarca, como diría el gran dramaturgo.

No es, entonces, para sorprenderse que si bien hace meses se llegó al punto de inflexión en las tendencias delictivas, los resultados todavía son modestos, como reconoció Obrador, en asesinatos “hemos bajado muy poco” debido a la tendencia del sexenio anterior. Aunque “hay buenos resultados. Nos falta bastante, pero vamos a seguir”. Y sobre perseverancia el tabasqueño de Tepetitán (Macuspana) sabe un poquito.

Las reducciones logradas, sin embrago, no son simbólicas aunque sí insuficientes. En los casos del fuero federal la reducción fue 2.6% en el primer cuatrimestre del año respecto al mismo periodo de 2020, así como los del fuero común: homicidios dolosos, 4%. Y la mitad de los asesinatos se cometieron en municipios de Guanajuato, Baja California, Jalisco, Michoacán, estado de México y Chihuahua. En cinco de los 15 municipios más violentos el alza fue de 17.3% en homicidios y en los otros 10 bajaron 18.9%, de acuerdo con la secretaria de Seguridad Ciudadana Rosa Icela Rodríguez.

Y lo más alentador, salvo demostración en contrario, es que el número de víctimas de feminicidio descendió a 77 casos en abril, respecto de los 98 registrados en marzo.

Es frecuente, por cierto, que en el afán de parecer, no de ser crítico, se comparen peras con manzanas y expertos del tema lo hagan al apoyarse en “los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI de marzo 2021, que registró que 66.4% de la población de 18 años y más consideró que vivir en su ciudad es inseguro”. Así es, pero son percepciones ciudadanas, no carpetas ministeriales de las 32 fiscalías estatales y gobiernos encabezados por la diversidad política e ideológica que caracteriza a México.


Eduardo Ibarra Aguirre

Es autor de Utopía. Coordinador del Grupo María Cristina. Perseguido por la Sedena (1993-2002) por difundir la propuesta del ombudsman militar. Demandante laboral del CEN del PRI (1992-93). Editor de Forum en Línea desde diciembre de 1993. Redactor de cinco libros y coautor de ocho. Corresponsal en Moscú (1977-79) y becario en Berlín (1967-68).