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sábado 1, octubre 2022
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Tere Gil Portada

Culpables en la agresión a periodistas, historia con largas sombras

Libros de ayer y hoy

Hace falta autocrítica del periodismo mexicano para reconocer la culpa que ha tenido al avalar corrupción e impunidad por muchas décadas

Décadas de gobiernos omisos y de una prensa que se vendió, se exhiben descarnadas, hoy en día, en voces legítimas, para exigir cuentas. Víctimas de largas décadas que han quedado en el olvido,  y crímenes actuales contra periodistas, enardecen no obstante, a un sector dividido y contradictorio.

Y es que a la legítima demanda de justicia, pretenden sumarse grupos que a la par que culpaban y culpan,  eran parte de esa prensa cómplice de los gobiernos.

De hecho, parte de las diferencias actuales con el régimen, cifran su disgusto en la suspensión de las grandes canonjías que tenían  ciertas empresas y periodistas, escudados en el dinero público para acumular fortunas y vivir bien.

Eso es fácil descubrirlo en los que escriben y gritan a diario. No hay disculpa. La prensa mexicana, acusada  a nivel general de prensa vendida, cuando existen sectores honestos, ha sido la culpable en  parte, de lo que vivimos miles de periodistas. Su complicidad la delata.

Prensa que avaló los crímenes de Díaz Ordaz, Echeverría y Calderón

El silencio o la justificación de medios fue en mucho lo que avaló las represiones del 68 y el 10 de junio, pero también la decisión de Felipe Calderón en torno al crimen organizado.

Ahora, casi todos los asesinatos de periodistas suelen venir de ese sector. En décadas del siglo pasado, el silencio de empresas, reporteros y columnistas que avalaban a los gobiernos en  turno, callaron  o justificaron no solo los crímenes y persecuciones contra la izquierda o los que no pensaban como el poder, y entre ellos se llevaban a muchos periodistas y comunicadores que defendían a los perseguidos.

Esa permanente agresión se fue reflejando en mudez, en ocultamiento, en panfletos, en  involuciones. Pero muchos periodistas, en firme, lo pagaron. Como miembro de la Unión de Periodistas Democráticos (UPD) desde 1976, el Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS) me enviaba, en  su momento por fax, la lista de periodistas asesinados, agredidos, despedidos y censurados. 

Todos acusados de ser culpa de sus propios hechos.  Eran largas listas escritas en papel revolución como aquel en el que escribió Jack Kerouac, En el camino. Así andábamos nosotros, el grupo de la UPD, en el camino de la búsqueda de la justicia. 

Pocos de esos casos la alcanzaron ante la cerrazón oficial. A fines de los noventa, junto con  otros periodistas acusados, Miguel Badillo por Jorge Carpizo y yo demandada por Ángel Gurría, terminamos en la PGR.

Varios colegas se solidarizaron, pero ¿donde estaban los periodistas del país donde el reclamo de justicia ahora retumba?

Nunca es tarde, es hora de la autocrítica y la acción real: Organizarse

Ya lo hemos escrito en otras ocasiones. Cuando se dan crímenes tan terribles como los que hemos conocido en los últimos días, hay una ebullición, una indignación lógica  que salta de repente y en este caso, se organizaron manifestaciones en varios estados.

Pero ¿cuanto durará esta indignación? La imagen de México expuesta por muchos de los que protestan en  el  exterior, cuando algunos han sido parte del dinero público en su momento, crea dudas sobre una organización real.

En su protesta dejan  fuera, además, como culpables, a las empresas de la comunicación  que envían  a sus reporteros al peligro, pero pocas veces se responsabilizan de ellos.

Si de estos tristes hechos sale algo positivo, el medio periodístico podrá estar en la antesala de una verdadera unificación y lo que eso significa. 

Oficio de muerte, de 2012, ya señalaba a Calderón y a otros gobiernos

De 1976  A 2018,  he visto pasar ocho sexenios y siempre fue igual. Fuera de la UPD, nunca supe de organizaciones que se dedicaran en el país, a la defensa de periodistas.

Lo hacían  presuntamente desde el extranjero organismos como Artículo 19 y Reporteros sin fronteras entre otros, pero ya sabemos cuales son sus  intenciones:  dar información hacia fuera de lo que pasa en los países, pero no resuelven nada.

Para los que las defienden, las pruebas están en  los expedientes. La movilización de ahora, cuando no lo hicieron en tantas décadas, es importante, aunque detrás de esa intención puede haber un interés político.

El tiempo y los resultados dirán  la verdad.  En 2012, el grupo editorial  Penguin Random House publicó el libro Oficio de muerte del periodista y escritor sonorense Carlos Moncada Ochoa.

El prólogo lo escribió Miguel Ángel Granados Chapa, periodista y escritor y en su momento presidente de la UPD. Granados Chapa fue uno de los periodistas que más se  preocupó por defender los derechos de los comunicadores.

En ese libro, cuya minuciosidad llevó al autor a viajar de inmediato a todos los lugares en donde se cometía un crimen, aparecen las víctimas con sus respectivos hechos y acusadores, lugares y fechas y también la impunidad que en la mayoría de los casos se dio.

El libro tiene plena vigencia en todos sentidos, aunque por desgracia con el agregado de las nuevas víctimas.

Teresa de Jesús Gil Gálvez

En la UNAM hice estudios de maestría en Ciencias Penales. En medios sonorenses  trabajé desde la adolescencia y en julio de 1972  salí en un tren hacia  la gran capital, donde he trabajado en importantes medios, con breves retiros al mundo, entre ellos una corresponsalía en España. He publicado nueve libros. Me han dado premios pero no suelo promoverlos. Prefiero que digan: ¡Qué buen  libro publicó Teresa Gil! ¡Qué buena columna escribió hoy la Teregil!

Colaboradora desde el 22 de diciembre de 2014.

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