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jueves 30, junio 2022
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Luis Alberto Portada

La pierna que Santa Anna perdió en Veracruz

La Suave Patria

* El puerto ha sido escenario de episodios memorables.
* Es el villano favorito de la historia de México.
* Quedó extraviada y su prótesis descansa en un museo militar.
* Extremidad postiza en manos de los estadunidenses.
* Militar discutido, “traidor vende patrias” y “Quince Uñas”.

Los historiadores no se ponen de acuerdo; pero la mayoría de ellos están seguros de que, tras invasión de Estados Unidos a México en 1847, Antonio López de Santa Anna entregó más de la mitad del territorio mexicano al vecino del norte mediante el tratado de Guadalupe-Hidalgo, el 2 de febrero de 1848.

Sus desvaríos e ínfulas de grandeza lo llevaron a buscar ser denominado como “Alteza Serenísima” al gobernar el país durante once veces de formas intermitentes y dejando sus obligaciones de forma temprana.

El discutido héroe de algunas batallas tuvo demasiada suerte al cambiar de bando cuando era necesario y requerido e incluso en los más adversos episodios militares, aun a pesar de haber perdido la pierna.

López de Santa Anna, nacido en 1794 de padres españoles, tuvo presencia en la historia de México debido a su participación en varios momentos históricos: se enlistó en el Ejército Real de la Nueva España en 1810, enfrentándose a las huestes de los insurgentes y ayudó en el levantamiento en contra del imperio efímero de Agustín de Iturbide en 1823.

Al llegar a su fin la bien llamada “Corte de los Ilusos”, participaría en la guerra contra los insurgentes de Texas, derrotado en 1836 en San Jacinto; para después, en la Guerra de los Pasteles en 1838, tomar un papel activo ante la invasión americana.

El 6 de abril de 1838 tuvo lugar el inicio de esa llamada Guerra de los Pasteles, conflicto bélico en el que los franceses invadieron por primera vez el territorio nacional.

En la vida política, en 1827, Santa Anna asumió el cargo de gobernador de Veracruz y un año después tomó el mando del ejército nacional durante el gobierno de Vicente Guerrero.

Su primer periodo como presidente llegó en 1833, justo en las vísperas de la primera guerra con los franceses, ocasionada por un pastelero que pidió como indemnización al gobierno de México de 60 mil pesos por los destrozos hechos en su negocio en Tacubaya y, ante la negativa del gobierno, Francia mandó una flota de diez barcos.

El excéntrico Santa Anna perdió su pierna en 1838 durante un enfrentamiento en los portales del Palacio municipal del puerto de Veracruz, cuando una bala de cañón lo alcanzó y provocó la amputación para salvar la vida para que, desde entonces, sus rivales le impusieran el apodo de “Quince Uñas”.

La prensa de la época recuerda que la pierna de Santa Anna fue enterrada en el cementerio de Santa Paula, al norte de la ciudad de México; pero el gobernante, afectado por ese hecho, la mandó inhumar en su hacienda y lugar de retiro de Manga de Clavo, cercana a Xalapa, capital de Veracruz.

En el colmo del surrealismo, el entierro se hizo con una ceremonia religiosa y todos los honores militares, pero sería desenterrada para trasladarla a la capital, colocada en una vitrina y con una marcha fúnebre.

Así, la ya célebre extremidad desfiló desde el estado de Veracruz para que fuera vista por todos los ciudadanos y vecinos a su paso, hasta llegar al cementerio capitalino de Santa Paula.

Carlos María de Bustamante escribió en Apuntes para la historia del gobierno del general Antonio López de Santa Anna, que se “mandó a erigir una columna en el cementerio de Santa Paula, para depositar la pierna amputada en Veracruz.

“Erigió esa columna sobre una alta gradería. Sobre un capitel dorado se colocó una urna o sarcófago, y sobre éste un pequeño cañón de artillería descansando sobre él el águila mexicana”.

En 1844, sin embargo, tras ser Santa Anna sometido a juicio por traición, la pierna volvió a ser exhumada pero esta vez por una turba furiosa con el dictador. La arrastraron por la ciudad como una forma de humillación al grito de “Muera Santa Anna”. El miembro fue extraviado en las calles de la ciudad.

López de Santa Anna fue sumamente criticado por su desempeño en la guerra con los Estados Unidos por su negligencia y egocentrismo.

En la guerra contra la Unión Americana Estados Unidos el hombre que decidió tomar el liderazgo del ejército, perdió por segunda vez su pierna aunque esta vez fue la prótesis.

Heriberto Frías, escritor, militar y periodista mexicano, en su libro “Episodios Militares Mexicanos”, menciona que Santa Anna decidió no escuchar motivos ni razones y tomó la iniciativa de dirigir el contingente en la guerra contra los Estados Unidos.

Antes de escribir “Tomochic” –la historia de la represión porfirista en un pueblo periddo de la Sierra Tarahumara- condenó también la orden de retirada en la batalla de la Angostura en la que el ejército mexicano tenía ventaja por sobre el americano, y tras una serie de derrotas, el presidente siguió con la tendencia de no escuchar a sus subalternos.

En la Batalla de Cerro Gordo, explican que no siguió las recomendaciones de fortificar uno de los flancos en los que estaban apostados de forma debida, por lo que sus fuerzas cayeron rápido.

Tirada y luego encontrada en alguna parte, la prótesis de Santa Anna fue utilizada como bat de beisbol por el ejército estadounidense, de acuerdo con el libro Terry’s Guide to Mexico: Handbook for Travellers.

“En la retirada nuestro general en jefe, naturalmente, fue quien más pronto huyó el campo, hundiéndose en la profunda barranca”, escribió Frías. No solo perdió la paciencia y la valentía arrogante que lo arrojó a asumirse como jefe, sino que en el camino perdió su pierna, encontrada por los militares estadounidenses que lo perseguían.

Santa Anna viviría en el exilio en Turbaco, en la costa atlántica colombiana hasta volver en 1874 a Manga de Clavo en Veracruz, sabiéndose que la pierna falsa, el postizo de mi general, había ido a dar a un aparador, para ser exhibida como trofeo de guerra en el Museo Militar de Chicago, Illinois.

Luis Alberto Adrián García Aguirre

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en donde estudió dos licenciaturas: Periodismo y Comunicación Colectiva (1968-72) y Relaciones Internacionales (1973-77). De 1995 a 2002, colaboró con Reporteros Sin Fronteras (RSF) de París y el Comité de Protección a Periodistas (CPJ) de Nueva York. En los años 2000 y 2015, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo.

Colaborador desde el 5 de febrero de 2020.

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