Periodismo libre y comprometido

O A X A C A Clima de Hoy
Fernando García Portada

Hay calacas y palomas

Al pie de una foto

Para el tío Andrés Eligio García Diaz que me leía a Guillermo Prieto

Ahora que “Levanto” el altar de muertos he recordado que este acto a lo largo y ancho del país aún conserva antiguos protocolos dependiendo de cada lugar y sus muy particulares costumbres, por ejemplo, en el estado de Morelos en la zona de Axochiapan es un ritual importante en el que las puertas de las casas se abren para invitar a los vecinos a tomar el pan con chocolate caliente o lo que gusten de los altares en una convivencia que reúne a la comunidad fortaleciendo sus lazos de identidad, lo sé pues participé hace tiempo de la experiencia. En la pasada celebración de día de muertos fue muy interesante observar la mixtura cultural de muy diversos orígenes con los que celebramos a nuestros difuntos, fiesta en la que lo viejo y lo nuevo se dan la mano, a veces en una discreta lucha de “vencidas”.

En la imagen que precede este texto te comparto un pequeño detalle de mi altar: en primer plano un incensario circular de barro, decorado también con tierra a manera de tintes, coronado por un par de pequeños sapos esculpidos en la argamasa, el recipiente fue elaborado por artesanos de la comunidad Nahua de San Agustín Oapan, población ribereña del rio Balsas en el estado de Guerrero. Sobre el cuenco reposa un habano, puro o cigarro de hoja como ofrenda a mis antepasados que gustaban del tabaco o macuche, planta sagrada usada para sahumar dándonos así el acceso al mundo espiritual. En el segundo y tercer plano de la fotografía apreciamos calaveras de cerámica policromada con esmalte, elaboradas en Chilpancingo Guerrero, todo esto rodeado de pétalos y flores de xempoalxochitl.

Esta antigua manera de elaborar un altar la aprendí de mis padres y abuelos, pero las cosas han cambiado mucho desde aquellos años en la década de los 70 del siglo pasado en los que ayudaba a poner la ofrenda y era costumbre para los niños elaborar con una caja o calabaza hueca una especie de alcancía con ojos y dientes calados, una “calaverita” a la que se agregaba una vela o cirio para que por la noche se convirtiera en una especie de lámpara con rostro que nos acompañaba en nuestros paseos por calles cercanas para pedir a los caminantes y vecinos: ¿Me da mi calaverita? Evidentemente las mejor y más ingeniosamente elaboradas eran las que colectaban más monedas. Hoy esta tradición de creatividad infantil se ha extinguido en la Ciudad de México para dar paso al consumo desmedido de la industria que ha asimilado totalmente al ritual.

Ahora estoy sorprendido por la comercialización de chatarra desarrollada a partir de la celebración de día de muertos; disfraces, recipientes de plástico con infinidad de formas y colores para recibir los dulces, maquillaje, pelucas, máscaras, accesorios y por supuesto dulces de producción masiva para la fecha. Es sorprendente la enorme cantidad de niños disfrazados que, con la cara pintada o cubierta por máscaras, caracterizando algún personaje de la televisión o el cine y de la mano de sus padres también disfrazados y maquillados inundan las calles tocando las puertas de hogares y negocios para pedir dulces, esto de manera identifica al Halloween gringo.

En los mercados de esta ciudad antes abundaban los dulces de calaveras de azúcar y alfeñiques (pequeñas esculturas comestibles de calacas con alegorías a la muerte realizadas con azúcar coloreada) ahora han desaparecido casi en su totalidad así como la calabaza en tacha y el papel picado, pero vi a gran cantidad de señoras ya mayores también disfrazadas regateando a los marchantes el precio de la flor de xempoalxochitl o la garra de león y comprar sin chistar atuendos de brujas, diablos y duendes para sus críos.

Lo entiendo, son varias generaciones de mexicanos sometidos al adoctrinamiento y colonización cultural del occidente y su globalización. Y no es que esté de acuerdo con la sentencia de que “Todo tiempo pasado fue mejor” solamente trato de describir lo que veo.  El nuevo desfile por las calles del centro de la Ciudad de México inspirado en una reciente producción de Hollywood también me pone a pensar en este tipo de apropiación cultural a partir de las corrientes hegemónicas de pensamiento que nos manipulan desde los medios de comunicación y el inconsciente, los actos culturales en constante cambio presentan matices de difícil análisis y opiniones no exentas de prejuicios.

Los rituales, fiestas sagradas y manifestaciones culturales originarias han sido asimiladas por la industria, se han convertido mayormente en un espectáculo de consumo masivo, falsificación turística y hueca en el que la creatividad desde el seno familiar, el respeto a la tradición y la reflexión ya no tienen gran cabida. Pero esto que te comento apreciado lector seguramente ya lo habrás observado también y mis letras sean tan solo Perogrullo, insistencia vana de lo arcaico ante la moda.

Todo cambia para bien o para mal, todo es relativo y en los panteones he visto también la invasión del plástico, la ausencia de flores, música y altares con comida real, suplantada ésta por figurillas de unicel, fruta de hule, así como lámparas desechables de iluminación led a pilas que duran apenas unos minutos en lugar de velas de cera y cebo. Los objetos con utilidad real también se van volviendo arcaicos y lo nuevo manufacturado en millones de piezas idénticas ha desplazado lo artesanal y casero.

¿Las tradiciones envejecen y están condenadas a morir lentamente? Porque la extinción ocurre también con su disminución gradual, con la dilución viene la suplantación, la falsificación y el simulacro, por el contrario, al tener juicio y conciencia del significado real de nuestra existencia e historia podemos fortalecer las raíces y hacer florecer la esencia de nuestra cultura aun a costa de ceder un poco en la obligada asimilación de lo extranjero, hibridación o sincretismo.

Así mismo ocurre en el lenguaje y resulta que es reproblable que mis tíos del pueblo digan “en denantes”, “juites” o “reborujado” pero está bien que mis bisoños parientes citadinos digan “sipi”, “cruhs” o “date”.  Según la RAE un arcaísmo “es un elemento lingüístico cuya forma o significado, o ambas a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado”. Los lenguajes, tecnología, estilos de vida y maneras de pensar en algún momento y para algunas personas de lugares ajenos serán arcaicos, como yo que sigo pensando en la supervivencia de la filosofía de nuestros orígenes.

No te pido conmiseración ni piedad, al contrario, intuyo que también tienes tus zonas arcaicas escondidas por ahí, así que, recordando mi infancia, mis daños maravillosos te puedo decir como cuando jugando canicas me jugaba el todo por el todo, sin miedo a perder “mi tirito” de la suerte ¡Hay calacas y palomas!

Para los neófitos en el juego de canicas explico: Antes de la jugada el tirador en turno puede cantar ¡Hay calacas y palomas!, lo que significa que si al golpear la canica del oponente estas no cruzaba la “rayita” o salían del “cuadro” perdía el juego y con ello su canica “quedaba muerto”, sí solo salía la canica del adversario podía volver a tirar repitiendo la jugada, pero si la dos salían del cuadro había ganado por partida doble.

Fernando García Álvarez

Nací enamorado de la luz y desde muy joven decidí ser artesano de sus reflejos. He sido aprendiz y alumno de generosos mentores que me llevaron al mundo de las artes y la comunicación. Así he publicado mis fotografías y letras en diversos foros y medios nacionales e internacionales desde hace varias décadas. El compromiso adquirido a través de la conciencia social me ha llevado a la docencia.

Colaborador desde el 10 de diciembre de 2021.

Las opiniones expresadas por los columnistas en sus artículos, son de exclusiva responsabilidad de sus autores y pueden no representar la postura o línea editorial de PressLibre.
noviembre 2022
L M X J V S D
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930