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Roberto Fuentes Vivar Portada Ok

Los transgénicos y la hipocresía ambiental

Diario Ejecutivo

Salvemos al planeta, pero antes a las empresas

El secretario de Agricultura estadunidense, Tom Vilsack, anunció el lunes 28 de noviembre que su país considera acudir al Tratado de América del Norte (T-MEC) si no logra una solución favorable a la prohibición mexicana al uso de maíz transgénico a partir de enero de 2024.  

Desde México y tras reunirse con el presidente Andrés Manuel López Obrador, el representante de la Casa Blanca hizo eco de las protestas de productores estadunidenses que alegan pérdidas multimillonarias por la decisión mexicana y presionan para que su gobierno obligue a nuestro país a eliminar la prohibición.  

El presidente mexicano, desde luego, reiteró que se mantendrá el veto al maíz genéticamente modificado. “No queremos maíz transgénico para consumo humano, no lo vamos a permitir”, enfatizó López Obrador.  

La amenaza del gobierno estadounidense es una muestra de la hipocresía de ese país y de muchos industrializados que supuestamente claman para salvar al planeta e imponen normas de conducta a naciones pobres, pero defienden la contaminación cuando se trata de proteger a sus empresas.  

El caso de los transgénicos es de tal manera contaminante que se han realizado decenas de estudios independientes que demuestran científicamente la forma en que destruyen al planeta, pero Estados Unidos los protege y hasta financia investigaciones para concluir en que hasta ayudan a salvar la tierra.  

De hecho, otro ejemplo de esta hipocresía son los llamados “Acuerdos de París”, firmados por alrededor de 160 países (Estados Unidos lo hizo de manera tardía) y centenares de empresas  en el cual se busca reducir sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el aumento de la temperatura global en este siglo y ofrecer financiación a los países en desarrollo para que puedan mitigar el cambio climático, fortalecer la resiliencia y mejorar su capacidad de adaptación a los impactos del cambio climático.  

Pero ni una sola palabra sobre los organismos genéticamente modificados o transgénicos. Es como si se intentara eliminar el humo que envía un anafre y al mismo tiempo se envían contaminantes al subsuelo. Hipocresía pura, pues.  

La destrucción de los transgénicos es tal que hasta dos de los países que son sede de las principales empresas productoras de semillas genéticamente modificadas (Alemania de Bayer-Monsanto y Suiza de Syngenta) los han prohibido total o temporalmente. Mientras tanto Estados Unidos (sede de Dow Chemical y Dupont) intenta que países sobre los que tiene influencia (como México) los aprueben incondicionalmente.  

Nada más para dar una idea de lo que significa el comercio de estas cinco empresas, hay que señalar que sus ventas superan los 50 mil millones de dólares, principalmente por concepto de semillas y fertilizantes.  

Concretamente la hipocresía de Estados Unidos, sobre todo ahora con Joe Biden, es que mantiene dentro de sus prioridades el cuidado del medio ambiente, pero al mismo tiempo defiende a los productores de transgénicos.  

En este sentido, un comunicado del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) informó que, durante el encuentro, Vilsack planteó a López Obrador y a altos funcionarios mexicanos las profundas preocupaciones de la Casa Blanca y los agricultores de su país por prohibir el maíz genéticamente modificado.  

México, desde finales de 2020 anunció la eliminación del maíz transgénico y del herbicida glifosato, lo que ha ocasionado una ola de descontento por parte de empresas, pero el apoyo de los productores de maíz criollo o nativo y de decenas de organismos de la sociedad civil no financiados por Washington  y hasta de Greenpeace.  

Según  el secretario de agricultura estadounidense, “el decreto de eliminación gradual del Presidente (mexicano) tiene el potencial para interrumpir sustancialmente el comercio, perjudicar a los agricultores en ambos lados de la frontera y aumentar significativamente los costos para los consumidores mexicanos”.  

Y desde luego, para proteger a sus empresas y productores, Tom Vilsack, fue más allá con la amenaza, pues dijo que prohibir el maíz transgénico, impactaría significativamente la relación comercial bilateral, que en 2021 alcanzó un valor récord de más de 63 mil millones de dólares y se estima sea mayor para 2022.

Tom Vilsack | Foto: AP

De hecho, este caso será abordado en la Cumbre de Líderes del Norte que se realizará en enero, según informó el canciller Marcelo Ebrard.  

De acuerdo con Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam)  la historia de los transgénicos comenzó en nuestro país en 1988, cuando el Gobierno mexicano autorizó la primera siembra experimental de tomate genéticamente modificado a la empresa Sinalopasta, en Guasave, Sinaloa. Hasta hace cinco años se habían solicitado 356 sitios distintos de liberación de transgénicos.  

El 6 de marzo de 2009, el gobierno de Felipe Calderón publicó en el Diario Oficial una serie de reformas al reglamento de la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (lbogm) que formalizaron el inicio de la desregulación del cultivo de maíz transgénico en México, lo que significó un golpe sucio a la sociedad civil que  intentaba prohibirlos.  

La situación cambió con el nuevo gobierno y en 2020 se prohibió el maíz genéticamente modificado. Paralelamente, la Suprema Corte ha rechazado todos los amparos presentados por algunas de las mayores empresas agroindustriales del mundo, que buscaban acabar con la suspensión de la siembra de semillas genéticamente modificadas en el país.  

Y Estados Unidos se queja desde que desde hace cuatro años no se aprueban los transgénicos, El departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), señalaba hace unos meses: “El entorno de la política regulatoria de la biotecnología en México se ha vuelto cada vez más incierto bajo la administración actual. Hay una creciente acumulación de alimentos y piensos biotecnológicos actualmente pendientes de aprobación, muchos de los cuales han superado el plazo de revisión y aprobación reglamentario”.  

Ahora, a fines de este año, el secretario de agricultura estadounidense, con la mayor hipocresía de su país amenaza con afectar las relaciones comerciales con México, si no se aprueba el maíz genéticamente modificado de sus productores.  

¿Y el cuidado del medio ambiente, en donde quedó?  

Dice el filósofo del metro: para Estados Unidos, lo único verde es el dólar.  

Roberto Fuentes Vivar

Columnista y periodista fundador del UnoMásUno y la Jornada. Estudió Periodismo en la reconocida escuela Carlos Septién García y cursó la Licenciatura en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente es periodista independiente, conocido como “El Filósofo del Metro”.

Colaborador desde el 6 de marzo de 2022.

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