Los coletazos del dinosaurio

Extrañaba tanta civilidad mostrada en la jornada electoral por el priismo. Con exabruptos, pero aceptaron la voluntad expresada en las urnas por los oaxaqueños. Aún cuando se preveía que si los resultados no le favorecían, el tricolor emplearía diversos recursos, desde el robo de urnas hasta la violencia, para abortar la elección; nada de eso sucedió.

Se colige ahora que lo apabullante de la votación, la presencia de los medios de comunicación y de observadores nacionales y extranjeros y, sobre todo, la vigilancia de los ciudadanos, terminó por abortar tales pretensiones.

Buenos para ganar a la mala, los priistas son malos como estrategas. Lo suyo es la marrullería, el juego sucio, el empleo de recursos públicos. Por eso no tenían un plan B ante la contingencia. Pero, pasada la sorpresa, muestran que son malos también para aceptar la derrota. Por eso el priismo busca como recomponerse desde varios frentes.

El más obvio, es en el que exhiben impúdicamente sus limitaciones. Lejos de emplear la inteligencia para buscar limpiar el tiradero en que tienen a la administración pública, se empeñan en acrecentarlo y hacen burdas maniobras para entorpecer la labor del próximo gobierno.

En ello se inscribe la pretensión de aumentar en 500 millones de pesos la de por sí abultada deuda pública que heredarán; las reformas a la Ley Orgánica del Poder Legislativo para intentar continuar con el control del Congreso, pese a que serán evidente minoría; el saqueo hormiga de documentación clave que hacen en las múltiples oficinas gubernamentales; la suspensión de obra pública como el techado del auditorio Guelaguetza.

Por ello también la impugnación a la elección de gobernador para posponer el inicio de la coordinación entre el equipo saliente y el entrante para las tareas de entrega-recepción.

Ahora con el pretexto de que la elección aún está en tribunales, lo harán hasta el mes de noviembre, como ya lo anunció el gobernador Ulises Ruiz.

Los priistas parecen no advertir que cavan su propia tumba. Entre más empeño pongan en sus tropelías, mayor será la exigencia ciudadana de rendición de cuentas y aplicación de la justicia; incluso sus antiguos aliados, como los dirigentes panistas, reprueban ya sus acciones.

Otro frente desde donde se intenta recomponer el dinosaurio es en la masiva llegada de oportunistas y arribistas, priistas de viejo cuño, que abandonan el barco que naufraga y buscan incorporarse al nuevo equipo.

En lo que es ya una práctica común en la política mexicana, pareciera como si el cambio de partido político fuera suficiente para olvidar el historial de corrupción y autoritarismo en que se formaron.

Ahora se aprestan a rendir pleitesía al nuevo gobernante y denostar al que se va; el mismo al que sirvieron durante años y del que son cómplices u operadores de sus excesos.

Algunos abdicaron un poco antes, lo que no los exime de sus responsabilidades. Por eso causa desasosiego la presencia de connotados muratistas y ulisistas en el equipo gabinista: Aurora López Acevedo, Juan Díaz Pimentel, Enrique García Gómez, Celestino Alonso, Daniel Montes, entre muchos más.

Viejos pájaros de cuenta que, antes que pensar siquiera en otorgarles posición alguna, habrían de pasar a rendir cuentas de su paso por la administración pública con José Murat o Ulises Ruiz, pues en su contra hubo señalamientos públicos, e incluso legales en algunos casos, por las irregularidades en que incurrieron.

Razón por la que, el pasado miércoles, en un interesante programa radiofónico en Radio Universidad, coincidieron en mantener la alerta y criticar acremente tales pretensiones de la mutación del dinosaurio al nuevo gobierno, destacados dirigentes del movimiento ciudadano e indígena: Adelfo Regino de SER-Mixe; Marcos Leyva de EDUCA; Yésica Sánchez Maya, de Consorcio; así como la comunicadora Soledad Jarquín.

Una ciudadanía crítica es necesaria para evitar tales pretensiones y evitar que los intereses de partidos y grupos políticos copen a Gabino Cué, expresaron.

Tampoco habría que perder de vista la futura composición de la próxima Legislatura; ahí también operará la vieja cultura priista de abdicación de principios y venta de votos al mejor postor.

El priismo puede recomponerse más allá de los 16 diputados que tendrá su bancada, con sus viejos cómplices.

Por lo pronto entrarán por el PRD los siempre entreguistas miembros de las familias que regentean ese partido: de los López Nelio, tras el gris paso de Lenin y Jesús Romero, toca el turno a otro de los primos Pavel López; los hermanos Félix y Rosendo Serrano Toledo tras 12 años consecutivos de alternarse la curul, ahora apostaron por el cambio generacional y dejan la curul ¡a sus hijas!; una como propietaria y la otra como suplente. Y no son los únicos.

Así por el estilo trabajan en los demás partidos. O asumen actitudes protagónicas, como el diputado federal panista Guillermo Zavaleta, uno de los principales operadores del ulisismo en la anterior legislatura y como regidor en el ayuntamiento de la capital estatal.

Hace poco todavía presumía del viaje que hizo por Europa acompañando a Armando Navarrete, asesor de Ulises Ruiz, así como de su fuerte “amistad” con Bulmaro Rito, de quienes ahora reniega.

Por eso hay que tener cuidado. El respaldo que la sociedad oaxaqueña le dio a Gabino Cué en las urnas le confiere una alta responsabilidad, al mismo tiempo que legitima las decisiones que tomará en lo sucesivo.

La alta votación obtenida lo obliga a gobernar bien y con los mejores, como dice; para ello cuenta con la legitimidad necesaria para de deshacerse de los lastres que pretenden recomponerse en su administración.

El triunfo aliancista, que está haciendo historia, puede seguir por la ruta de construir una auténtica transición democrática o derivar en una versión reciclada de lo mismo.

Los oaxaqueños ya decidimos el 4 de julio por cual transitar. En breve conoceremos cuál es la elección de Gabino Cué.

vicleonjm@hotmail.com

(*) Investigador del IISUABJO.

 

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