Sin emoción, el primer “Lunes de Estadio” reflejó el fin de un régimen

Un aire de nostalgia surcaba los ojos del Rey transparente; su entrada al estadio Benito Juárez lejos quedó del pretendido arribo triunfal a la Guelaguetza del Bicentenario. Ulises Ruiz Ortiz iba sólo con su burbuja.

Cruzó el estadio de futbol “Benito Juárez” flanqueado por su esposa, Lourdes Salinas de Ruiz. Y al paso de los padres le siguieron Ulises hijo y Lila hija, ataviada ésta con un vistoso traje regional de Santiago Pinotepa Nacional.

El estadio de futbol, vestido de fiesta y gala, pero semivacío por la ausencia de los acarreados del gobierno, no dio ni la más mínima ovación por la presencia del Mandatario. Era casi transparente entre la gente.

A su llegada a un improvisado palco de honor dio inicio la otrora máxima fiesta de los oaxaqueños, convertida en primer “Lunes de estadio”, ya que esta vez no pudo hacerse en el cerro del Fortín por los trabajos de “embellecimiento”.

En medio de un deslucido público, una voz gentil anunció la entrada de la delegación de las Chinas Oaxaqueñas. Un elegante zapateado ofreció la bienvenida al público.

Luego le siguió San Jerónimo Tecóatl con el “Bautizo mazateco”.

Frente a los ojos de los asistentes corrían los bailes de forma fugaz. En el palco de honor era evidente la ausencia de invitados que año con año acompañaban al Gobernador, así como la ausencia de caras representativas de la administración ulisista como la ex secretaria de Turismo, Beatriz Rodríguez Casasnovas, o el diputado federal plurinominal Jorge Franco Vargas.

Asomados bajo un sobrero de palma, los ojos del titular del Poder Ejecutivo estatal se clavaban por momentos en aquél escenario que días atrás fue el templete desde donde el PRI cantó una victoria que el 4 de julio resultó fallida.

Desde el mismo lugar donde Enrique Peña Nieto y Beatriz Paredes depositaron su confianza en el candidato del partido tricolor, Eviel Pérez Magaña, quien muy lejos del Gobernador también miraba con melancolía el lugar que arropó su cierre de campaña.

Lejos de ese recuerdo, el Mandatario estatal estaba sólo… sólo con una burbuja a punto de reventar en medio de un conflicto interno, ahora por los puestos partidistas que se mantendrán después de la entrada del nuevo gobierno.

En el escenario, la estampa tradicional seguía su curso. Las mujeres de Villa Hidalgo Yalalag hicieron lo propio al mostrar sus sones y jarabes preservados a través de los años.

San Pablo Macuiltianguis y su Torito Serrano intentaron encender los ánimos apagados de los asistentes. No lo lograron.

Juchitán de Zaragoza intentó cautivar con el elegante pasito de tortuga al son de la Zandunga. En su fugaz presentación, Huajuapan de León apenas levantó los sombreros de palma de manos del público para corear la inolvidable Canción Mixteca.

Pasadas las 11:20 horas, Tlacolula de Matamoros presentó La Mayordomía frente a un público sin emoción.

Con excepción del aún secretario de Finanzas y diputado federal plurinominal suplente, Miguel Ángel Ortega Habib, todo era luto en las gradas de “honor”.

Nada inmutaba al presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Héctor Anuar Mafud, quien toda su vida ha vivido de los sucesivos gobiernos priistas.

El Sol tampoco salió para calentar al diputado federal Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, al senador Adolfo Toledo Infanzón, así como a los diputados electos Martín Vázquez Villanueva, de mayoría, y José Antonio Hernández Fragas, plurinominal.

Enseguida brincó al escenario San Martín Tilcajete para presentar la Danza de la Pluma, que representa la Conquista de México. A esta presentación le siguió la Villa Sola de Vega con su Jarabe de la Rosa, y San Juan Bautista Tuxtepec con su tradicional Flor de Piña.

Al final, Santiago Pinotepa Nacional llamó la atención del público por la participación de la hija del Gobernador del Estado: Lila Ruiz Salinas.

Así la otrora máxima fiesta de los oaxaqueños quedó reducida a una fugaz presentación de bailes y estampas de tradiciones y rituales.

La Guelaguetza transcurrió sin incidentes, sin invitados especiales y desprovista del calor que hace de la Guelaguetza la fiesta más emblemática del pueblo de Oaxaca.

 

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