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martes 27, septiembre 2022
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La “Procesión del Silencio”, este Viernes Santo, en la Ciudad de Oaxaca

OAXACA, OAX., abril 21.- Surgida de la voluntad ciudadana por fortalecer los valores religiosos en esta temporada, la “Procesión del Silencio” es una tradición que en Oaxaca se celebra desde hace 25 años durante la Semana Santa, refiere un comunicado de prensa del Ayuntamiento capitalino.

Y es que la “Procesión del Silencio” se ha convertido en uno de los acontecimientos que más admiran propios y visitantes el Viernes Santo, por lo que la Dirección de Turismo Municipal en coordinación con otras instancias del gobierno de la ciudad, han dispuesto de personal e infraestructura para su realización este año 2011.

Historia de fe

Como todos los años, la tarde campea y una columna humana recorre las calles del Centro Histórico, el silencio es roto por el agudo pitar de la chirimía; los tambores son blandidos con un pulso que evoca irremediablemente el luto y el dolor: es la “Procesión del Silencio” en Oaxaca, una representación del recorrido que los seguidores de Jesús hicieron hacia su tumba, tras bajarlo de la cruz.

En 1986, el párroco del templo de la Sangre de Cristo, Pedro Osorio, además de ciudadanos entusiastas como doña Ana Bravo Vasconcelos, el maestro José Humberto Palancares y don Carlos Ocampo Prieto, lograron revivir una celebración que hacían los dominicos cientos de años antes y que no se representaba ese pasaje de la Pasión y Muerte de Jesucristo, aprovechando la belleza de las calles y su atmósfera colonial.

El cronista de la Ciudad, Rubén Vasconcelos Beltrán, recuerda: “Hace 24 años la señora Hortensia Vásquez de Lira hizo un viaje a Europa, a Sevilla, donde vio la Procesión del Silencio. A ella le emocionó mucho y vio relaciones en la forma de sentir y de actuar de Oaxaca con ese lugar. Entonces, a su regreso, platicó con el párroco del templo de la Sangre de Cristo, el padre Pedro Osorio, y con el señor Carlos Ocampo, muy entusiasta para dar apoyo a este tipo de iniciativas. Ella les comentó su experiencia y les dijo que algo así podría generarse en Oaxaca y juntos emprendieron la tarea”.

Con el paso del tiempo, cuenta Vasconcelos Beltrán, los cambios de la ciudad también han repercutido en esta costumbre: “muchos barrios tradicionales han ido desapareciendo por el cambio de uso de suelo. Las viviendas han sido sustituidas por oficinas y comercios.

“La gente que antes acudía a la procesión se ha mudado. Sin embargo, aún llega gente que está vinculada al barrio por padres o abuelos. Porque el concepto de barrio, el sentimiento, es de una raíz muy profunda. Trasciende las generaciones y el lugar es un sentimiento de pertenencia. Va a la parte emocional, profunda del ser humano. Por eso se sostienen muchas cosas en Oaxaca. Claro, también hay barrios muy tradicionales donde la gente sigue con sus costumbres durante esta semana santa: El lavatorio de pies, El sermón de las siete palabras, El descendimiento de la cruz”.

La procesión

La “Procesión del Silencio” lleva un orden programado: primero la cruz y los griales que preceden a toda la procesión; después, los estandartes bordados en plata o en oro, portando relicarios con antigüedad que los convierte en piezas de museo, siguiendo las damas de la Tercera Orden de Santo Domingo, acompañando al Señor de la Columna, hermosísima talla del siglo XVII que se venera precisamente en este templo.

A continuación, un hombre con los pies descalzos, encapuchado, cubierto tan sólo con un taparrabo carga una cruz muy grande y pesada; siguiéndole va la Cofradía de las Siervitas, damas de la Virgen de Dolores, pertenecientes al Templo del Patrocinio, todas en riguroso luto acompañando a la Santísima Virgen, cargada en andas por otros penitentes también encapuchados.

Al final de la procesión, 20 lanzas enormes adornadas cada una con motivos de la Pasión del Señor (la corona de espinas, los tres clavos, la sábana santa, etcétera) son portadas por la otra Cofradía, escoltando la hermosa escultura de la Preciosa Sangre de Cristo que se venera en el templo del mismo nombre.

El día de la “Procesión del Silencio” participa gente de nuestro pueblo, mujeres sencillas envueltas en sus rebozos negros, fervorosas, anhelantes de ir en la procesión, damas enlutadas con aire de religiosidad que las engalanan niños, jóvenes, señores, turistas de varias nacionalidades que observan todo respetuosamente y se unen al misticismo que se esparce en el aire.

Todos con una vela forman una extensa valla que da más realce a la Procesión. En los rostros de los asistentes se reflejan los más diversos sentimientos: la fe, la veneración, la curiosidad, el descubrimiento de algo distinto, diferente.

El silencio es total, a pesar de la multitud. La chirimía y el tambor con su ritmo ancestral rasgan el silencio tristemente y así comienza la procesión. Se inicia la caminata, lenta, ordenada, fervorosa, silenciosa, con un respeto poco usual.

A la luz de los faroles coloniales, las esculturas toman vida al movimiento que los penitentes dan a las andas que los sostienen.

En 1986 se puso la primera piedra en el rescate de una tradición legada por los dominicos hace cientos de años.

*Con información de Doña Hortensia Vázquez de Lira y Alonso Aguilar Orihuela.

RUTA DE LA PROCESIÓN.- Inicia el viernes 22 de abril a las 19:00 horas en el atrio del templo de la Preciosa Sangre de Cristo, continúa por Macedonio Alcalá, Xólotl, García Vigil, Independencia, y regresa por Alcalá al mismo lugar del que partió.