OAXACA, OAX., noviembre 24.—“Existe el miedo real, el más pavoroso, que nos espera a la vuelta de la esquina en este país tan convulso, violento y sangriento”, expone el escritor Bernardo Esquinca, pero también el “miedo sobrenatural que, a través de la literatura, nos permite contar con elementos para repensar la realidad”.
Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte conformaron la antología “Ciudad fantasma II/ Relato fantástico de la ciudad de México [XIX-XXI]”, que bajo el sello oaxaqueño de Almadía circula ya en esta capital.
Es a propósito de esta antología que habla en entrevista el también autor de “Toda la sangre” (Almadía).
El miedo real se vislumbra cuando “prendes la televisión, enciendes el radio o lees el periódico y te enteras de esa situación que tiene secuestrado al país”; el otro, el sobrenatural, surge porque aquélla es “tan burda, vulgar y terrible que necesitamos refugiarnos en una cueva y lamer nuestras heridas con literatura fantástica: es una noble labor de ésta”.
Así lo dice Stephen King, aclara Esquinca, quien, por cierto, estuvo presente en la 33 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO): “cuando se lee literatura fantástica de terror, uno se refugia en una cueva, lame sus heridas y después puede salir con mucho mejores herramientas para enfrentar el mundo real que es bastante cruel”.
Al igual que el primer tomo, “Ciudad fantasma II” mezcla relatos de los siglos XIX, XX y XXI y a autores clásicos y noveles, como Carlos Fuentes o Ampáro Dávila, o Norma Lazo y Luisa Iglesias Arvide.
Los textos tratan leyendas ocurridas en la ciudad de México. Constituyen un homenaje a ésta y a los autores de los mismos. Se concentran en el centro, porque ahí hay capas y capas de historias en callejones y edificios, pero abarcan hasta Tlalpan.
El centro histórico, la calle Cinco de Mayo, la Torre Latinoamericana, la colonia Santa María la Ribera, La Merced y el Museo del Chopo son algunos de los escenarios de leyendas como la de don Juan Manuel —un relato de Manuel Payno—, celoso marido que pensaba que su mujer lo engañaba, se le apareció el diablo y le dijo que saliera a las once de la noche a la calle y que el primero que encontrara era quien le ponía los cuernos.
Don Juan Manuel mató al primero que encontró. Luego el diablo le dijo que siempre ése no era, y así… hasta que lo convirtió en un asesino serial que, cuentan, aún se aparece hoy en la calle República de Salvador.
O la historia de los niños de la calle en la que Norma Macías Dávalos los convierte en los nuevos vampiros.
Con las dos antologías sobre la ciudad de México, sostiene Bernardo Esquinca, ésta se encuentra bien representada. E informa que ahora ambos, él y Vicente Quirarte, se aprestan a realizar un volumen de un “País fantasma” donde incluirán relatos de varios estados de la República. A Oaxaca, entre ellos, desde luego.