Los mismos candidatos de siempre


CRÓNICAS DE LA ÍNSULA

Los augurios de que el triunfador de las elecciones próximas será el abstencionismo son muchos. Si de suyo en las elecciones intermedias las votaciones bajan, después de los escándalos recientes, donde la oposición ha quedado muy mal parada, sobre todo el PRD con su escándalo de Iguala que le ha dado el apellido de PRD-Abarca, y la decepcionante irrupción del partido político de López Obrador, Morena, ese abstencionismo muy seguramente se acentuará en Oaxaca.

Por supuesto, la podredumbre no es menor en el PAN con el Corleone de los “moches” Gustavo Madero y por otra parte el dilapidador del erario Ernesto Cordero.

Y ni en el PRI con un presidente que quiere aplausos a la devastación nacional que alegremente lleva al cabo.

Aunque decir que habrá poca participación en las urnas, es decir que el PRI tendrá el escenario más propicio para triunfar.

Si bien el voto duro de este partido no ha crecido, tampoco ha disminuido según las cuentas recientes, siendo el que mantiene el más numeroso voto de esta naturaleza. La abstención afecta generalmente a los partidos opositores. Por eso el viejo adagio de que cuando la gente no vota gana el PRI.

Platón decía que desentenderse de la política es permitir que gobiernen los peores hombres. Sentencia muy cierta, pero muy amplia. Ello porque en nuestro medio es tan difícil encontrar donde están los mejores políticos como dónde están los peores.

Después de la participación de grandes opositores, como Heberto Castillo en la izquierda y Manuel J. Clouthier, “Maquío”, en la derecha, el dicho de la aguja en el pajar es pertinente para ilustrar lo difícil de hallar buenos políticos en cualquier partido.

La consigna que se agiganta en el México de hoy es que todos los partidos son iguales de “peores”.

La partidocracia que gobierna este país (PRI, PAN, PRD) tiene en la ignorancia y deficiente información, en la dictadura de la llamada telecracia a sus mejores aliados.

Y no sólo el PRI, que ha sabido aprovechar mejor a los medios, sino todos los partidos que se reparten el poder y el erario.

Como botón de muestra está el “Pacto por México”, con el que cada partido negoció por su parte lo que le convino dejando “estratégicamente” hacer lo que les convenía a los otros.

Otro ejemplo de esta ventajosa partidocracia es la imposición del exagerado número de curules en todas las cámaras, hasta con representantes de “primera minoría” para que aún al perder las elecciones logren acceder a los grandes beneficios del poder legislativo.

Quizá no han establecido que todos los candidatos participantes entren a las cámaras, porque los partidos grandes PRI, PAN y PRD ya tienen asegurados sus “primeras minorías”.

La única manera de combatir este estado de cosas sería con la educación política de la ciudadanía en general, el crecimiento cultural de la sociedad, de lo que hoy estamos muy lejos.

De ahí que el negocio de la política y la administración pública que ha creado verdaderos emporios familiares tenga asegurado su porvenir.

Los jóvenes políticos que se incorporan ya vienes marcados por esa ambición, se incorporan inmersos en las corrientes de sus mayores que ya los hicieron a su descompuesta imagen y semejanza en todos los partidos.

¿Cómo interesarse por la política sin educación cívica? Vamos, sin educación a secas. ¿Cómo hacer que los ciudadanos lean, se informen de lo más conveniente para el colectivo y para ellos mismos?

Cómo, si hasta quienes deberían instruir a los futuros ciudadanos lo único que exhiben es su índole primitiva, violenta: el dizque magisterio de la Sección 22 que esta semana se esmeró en no dejar duda de su radical atraso cultural y humano, al golpear impunemente y hasta el cansancio a sus pares de la Sección 59.

Sí en el ámbito nacional la falta de cultura política es grande, en Oaxaca dónde todas las deficiencias se agudizan estamos peor. Por eso los dueños de los partidos políticos hacen lo que quieren, designan a los candidatos aparentemente más inverosímiles.

¿Por qué aparentemente inverosímiles? Simplemente porque estos candidatos, muchas veces impresentables, no son de otra galaxia, salen del mismo contexto, son producto de la misma sociedad.

Las inconformidades y críticas son sólo de la pequeña parte más instruida de dicha sociedad.

De ahí el desenfado de los priistas al lanzar de candidatos a personajes tan desprestigiados como Cándido Coheto o ineficaces en sus encargos anteriores como Beatriz Rodríguez Casasnovas, autora de la onerosa y absurda “Velaria” del auditorio Guelaguetza; en el PAN al ex presidente de Salina Cruz, Gerardo García Henestroza, con cuentas pendientes aún o Marlene Aldeco Reyes Retana, la ex diputada que antes de dejar la curul dejó constancia de su calidad cuando exigió el “pago por evento” a cada diputado antes de aprobar el presupuesto de egresos de hace dos años.

Están igual en el PRD con la dictadura de las familias patrimonialistas que habría de imponer a Aleida Serrano, o peor aún vender la candidatura al priista José Antonio Estefan Garfias en el distrito de Tehuantepec.

En Morena la unción de Azael Santiago Chepi y Lorenzo Lavariega ratifica la sumisión de ese ¿nuevo partido? a quienes tanto han dañado a Oaxaca y de los que nos ocupamos en la entrega anterior.

De ahí que digamos que en Oaxaca tendremos a los mismos candidatos de siempre, caras viejas o nuevas que van a lo mismo, a representar los intereses de su partidocracia, de su grupo faccioso en su mismo partido y de ellos mismos.

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