Crónica de un desastre ecológico en el Zócalo, decretado desde 2005


+ Fue el gobernador Ulises Ruiz Ortiz el que comenzó a levantar en los primeros días de abril de 2005 el piso de cantera de la plaza central del Centro Histórico

OAXACA, OAX., septiembre  18 de 2020.- Sigue ahí el “árbol político”, el laurel sobreviviente de la “remodelación” del zócalo de la ciudad de Oaxaca hecha por el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz en 2005:

En realidad, una sustitución del piso de cantera verde por adoquines industriales y la caída y desaparición de algunos árboles emblemáticos, una acción que se repitió en el Paseo Juárez, El Llano, y la Fuente de las Ocho Regiones, donde desecharon las piedras numeradas que este prácticamente monumento traía consigo desde que fue cambiado de su sitio original a la Calzada Porfirio Díaz.

El Laurel de la India del lado suroeste que cayó y se recostó sobre el palacio de gobierno está viendo derrumbarse y extinguirse a sus hermanos: dos laureles cuyas muertes no ocurrieron por la lluvia y el viento fuerte, sino que fueron decretadas desde mucho antes y después y recientemente: porque en el 2005 se levantó el piso de cantera de forma indiscriminada y se dañaron las raíces ya de por sí afectadas; porque ahorcaron a los laureles y demás especies con jardineras reducidas –en cambio, aumentaron el espacio de Los Portales para que los restaurantes pudieran colocar más mesas y sillas–; porque utilizaron estas para flores de temporada –y pingües negocios– en lugar de constituirlas como espacios con plantas endémicas o locales permanentes; por la nula atención a la enfermedad que tienen los laureles: la del hongo ganoderma, que se come sus raíces y los deja prácticamente indefensos, a la espera de un soplido.

Todo eso lo han denunciado mil veces y más activistas y ambientalistas, como el doctor del Árbol del Tule, Jorge Luis Cruz Alvarado, o como el ya fallecido Francisco Verástegui, cuyo libro “Árboles emblemáticos de Oaxaca/Patrimonio vivo de la humanidad” es –debe ser– un referente indispensable para tomar conciencia de lo que tenemos como flora en la Ciudad de Oaxaca y, lamentablemente, estamos perdiendo.

(El parasitólogo de la flora oaxaqueña Jorge Luis Cruz Alvarado también denunció con detalle la plaga del insecto “picudo” que acabaría con las palmeras phoenix de la Ciudad de Oaxaca y sus alrededores, como efectivamente pasó –suplemento cultural Cronos 193: https://www.facebook.com/rgaliciamiguel/posts/10219673339124910—  nada más hay que poner atención en cuanto camellón estaban para ver los puros troncos o el vacío; además de que advirtió que luego podría pasarse a otras especies e incluso a los magueyes mezcaleros, lo cual sería un desastre ecológico, sino es que ya lo es).

El gobierno de Ulises Ruiz Ortiz inició su gestión el primero de diciembre de 2004 desplegando un Programa Estatal de Desarrollo Sustentable 2004-2010 que no incluía ningún proyecto de remodelación del Zócalo. Sin embargo, en los primeros días de abril de 2005 comenzó a levantar el piso de cantera de la plaza central del Centro Histórico.

El Zócalo se llenó de albañiles, carretillas, picos y palas. Nadie sabía bien a bien qué pasaba, qué se realizaba, únicamente corría el rumor… de las máquinas, los trascabos y los camiones de volteo que operaban.

Por los trabajos realizados, el 18 de abril de 2005 “cayó” el primer Laurel de la India del Zócalo. Quedó recostado sobre el suroeste del Palacio de Gobierno.

Por la protesta ciudadana, este laurel caído fue tratado en su parte radicular con nutrientes, podado en un 25 por ciento para que no se estresara, levantado con grúas y vuelto a sembrar. En unos cuantos días estaba ya en pie de nuevo.

Y sigue ahí, el árbol político, “viendo pasar el tiempo” –como dice la canción–, rogando para que no caigan todos los laureles del Zócalo y la Alameda –una desgracia que no es descabellada dado el descuido y el abandono de innumerables gobiernos— y esperando que los activistas y ambientalistas tomen cartas en el asunto, porque los funcionarios sólo sirven para tomarse la foto mientras destazan un árbol.