Conan Doyle. Huellas, la impronta de vacunas y celulares


Libros de ayer y hoy

+ Esta etapa dejará huellas en nuestras vidas e iremos por el mundo como Caínes, con huellas imborrables.

Cuando los años pasen y la pandemia sea solo un recuerdo, algo nos quedará en el  brazo como una marca indeleble, señal, signo, trazo, estigma o vestigio de estos tiempos que nos han tenido acorralados. Seremos especies de Caínes siempre con la señal perenne en nuestra piel.

Pero la huella no solo la tendremos signada por fuera. Será parte de nuestra vida, de nuestros recuerdos, la tristeza por las desapariciones, las historias inusitadas que compartimos con todo el mundo, las luchas para sobrevivir y para evadir el encierro, la preocupación por los  más cercanos y también, por lo más pedestre.

En este se encuentran la miseria humana y la falta de solidaridad  que se expresó en algunos sectores, la avaricia mostrada por los países poderosos, por las empresas fabricantes de vacunas para enriquecerse en momentos cruciales y la delincuencia organizada y de a pie, para sacar provecho con los antídotos vitales. Que no quede huella, cantaba el grupo Bronco de Nuevo León, pero para nosotros será imposible.

La huella que causa aspavientos y jueces corruptos que dan amparo

Hay que seguir las huellas para descubrir en este momento, aunque ya hay nombres y sospechas, quienes están detrás de los apabullantes amparos que llegan a un juzgado federal y se resuelven al instante.

La extraña convocatoria que mencionaba los datos biométricos para registrar celulares e integrar el Padrón Nacional de  Usuarios de Telefonía Móvil, fue aclarada por el presidente López Obrador, al afirmar que no se necesita ningún dato, sino solo la huella dactilar; la misma que piden bancos e instituciones  y ahora es causa de escándalo entre la gente y algunos ya hablan de que se está dando pie y e información a la delincuencia, como si no existieran multitud de sectores que tienen en sus manos nuestros informes y hasta el número de calzado que usamos para no hablar de otras  interioridades.

Para entonces  el juececito de siempre, el que dicen que trabaja para la derecha, Juan Pablo Gómez, ya se daba vuelo con los amparos de un segundo. Lo que llama la atención, dado que existe un proceso que se tiene que seguir en lo que es un verdadero juicio, como el de amparo, es el por qué no se ha parado el asunto desde el  poder judicial.

Hay libertad para juzgar pero cuando es tan extraño el fin que se está persiguiendo, el Consejo de la Judicatura puede tener imperio en esas cuestiones, finalmente en ese caminar el amparo llega a  tribunales de alzada.  Lo que trasciende es que hay una relación que se vincula a la legislatura para conocer los procesos de aprobación de leyes, de tal manera que los amparos están plenamente acabados

¿Cuántos despachos de abogados, de los poderosos, están atrás?, ¿quién desde el poder judicial está participando en este asunto aparte de los jueces que ya se conocen entre ellos el propio Gómez? La idea por lo que se ve, es usar al poder judicial para frenar todo intento de cambio de este régimen y lo peor es que se hace desde la sospecha de jueces comprometidos con grupos que tienen interés en parar todo.

Conan Doyle, las huellas en muchos sentidos signan a la humanidad

Modernos teóricos de la novela policial y de hecho, la propia investigación actual, toman en cuenta las huellas dactilares como un elemento más en el descubrimiento del crimen. En torno a los clásicos de esa novela siempre se ha insistido en la aplicación de Doyle, un médico interesado en averiguar a fondo el origen de  las enfermedades, en los seguimientos que hacía su personaje Sherlock Holmes a la hora de perseguir a un criminal. Su primera deducción se basaba en las huellas.

En el Signo de los cuatro, (Editorial Norma 2013) que Doyle escribió en 1890, es donde se aplica más la práctica deductiva del detective. En 1927, Agatha Christie publicó Los cuatro grandes (Ediciones Orbis 1984) que tiene reminiscencias de aquella novela de Doyle. En ella y en muchas de sus obras, la escritora inglesa critica la insistencia del autor de HoImes, en utilizar las huellas y siempre finca la investigación de su detective Hércules Poirot en las células grises o sea en el razonamiento, cosa que también usaba Doyle.

El caso es que las huellas desde que fueron lanzadas por Alfhonse Bertillon como uno de los indicios del crimen, se apoderan de la vida diaria con mucha formas de aparecer. Ya sea en forma física, o en recuerdos, escritos, señales de todo tipo que indican una marca, una memoria que puede ser determinante en nuestras vidas. Tan es así que hasta en  las canciones dejan  vestigios imborrables y a lo mejor recuerdan hace muchos años a Pedro Vargas o a Los dos oros, o a Los tiranos del norte, o a Lucha Villa, y otros, cantando:

LA HUELLA DE MIS BESOS

Podrás cambiar de nombre, de patria, de todo,

Modificar tu  rostro, tu historia, tu modo

Pero por más que borres, que limpies, que cambies,

La huella de mis besos tendrás en la cara

Llegarán otros besos que tapen los míos

Más por debajo de ellos los míos lucirán

Hasta cuando en la tierra, otra tierra te tape, Ahí estarán mis besos pegados siempre a ti.


Teresa de Jesús Gil Gálvez

Teresa Gil, Tere  Gil, Teregil, son los nombres que  suelo usar. No he sido poeta en mi tierra, ni escritora, ni periodista, ni abogada. Son, al fin y al cabo, como decía Monsiváis, atributos que los demás deben reconocer. Prefiero ser agnóstica,  crítica, antiesquemática y comunista. La vida me lo reconoce.