Del “Comes y te vas” al “Amor con amor se paga”


Utopía

Que la postura del presidente Andrés Manuel levante adhesiones, críticas y hasta condenas airadas resulta comprensible si no obviamos que en tres lustros la política mexicana hacia Cuba transitó del “Comes y te vas”, en 2002, del mandatario Vicente Fox al comandante Fidel Castro, al “Amor con amor se paga”, de López Obrador citando al prócer José Martí en Villahermosa, Tabasco, el 12 de julio.

Es decir, de una política exterior de subordinación al imperio de las barras y las estrellas con el general de cuatro estrellas Colin Powell al frente del Departamento de Estado y su amigo Jorge Castañeda (el pequeño) al frente de Relaciones Exteriores. Tan amigos resultaron que Powell le hacía bromas en público, como colocarle las manos sobre la cabeza para exhibirlo como su títere, tal y como consta en una portada La Jornada.

También es normal que la diversidad mexicana mantenga visiones encontradas sobre Cuba y sus liderazgos políticos e institucionales de los últimos 62 años, sometidos desde hace seis décadas a un bloqueo, económico, financiero y comercial sin precedente en la historia.

Salvo cinco Estados, todos los que constituyen la Organización de las Naciones Unidas recientemente se pronunciaron por ocasión número 29 en contra de ese sistema que viola de raíz la mayor parte de los derechos humanos contemplados en el derecho humanitario: alimentación, salud, vida…

Tal es el núcleo del problema cubano, aunque por supuesto que no está exento de errores e insuficiencias en las políticas gubernamentales, pero éste es un asunto de los habitantes de la mayor de las Antillas que el domingo 11 expresaron en varios puntos del país exigencias relacionadas con las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. Y por supuesto que el grito de “libertad” fue uno de los que más privilegió el oligopolio mediático mexicano. El presidente Josep Biden enseguida se solidarizó con las “demandas del pueblo cubano”, mientras guarda silencio con las enarboladas por millones en Colombia, Chile, Haití, Perú…

Las salidas al conflicto, con independencia de si es pequeño o grande por cuanto a sus actores sociales, estriba en el diálogo, sin el uso de la fuerza, sin la confrontación, sin violencia; como apuntó el titular del Ejecutivo mexicano.

Sin rodeos, AMLO estableció: “La verdad es que, si se quisiera ayudar a Cuba, lo primero que se debería hacer es suspender el bloqueo, como lo están solicitando la mayoría de los países del mundo. Eso sería un gesto verdaderamente humanitario. Ningún país del mundo debe ser cercado, bloqueado, eso es lo más contrario que puede haber a los derechos humanos. Nadie puede, nadie tiene derecho a tomar esas decisiones que afectan a los pueblos”.

Por supuesto que existen voces de distinto origen político que subestiman en plena pandemia y en grado extremo los efectos del sexagenario bloqueo económico, financiero y comercial, en estricto rigor imperialista, hasta situarlo como una “coartada” de la dirigencia cubana. Fue John F. Kennedy quien lo decretó el 3 de febrero de 1962.

Es demasiado sencillo, si se considera una simple coartada, levántese y pronto se observará si las carencias de la sociedad cubana obedecen a su modelo político y económico que suscita tanto odio en Estados Unidos, o al decimonónico proceder de los gobernantes estadunidenses con la relativa excepción de Barak Obama, del que Biden fue vicepresidente y prometió en campaña dar continuidad a la política de su exjefe.


Eduardo Ibarra Aguirre

Es autor de Utopía. Coordinador del Grupo María Cristina. Perseguido por la Sedena (1993-2002) por difundir la propuesta del ombudsman militar. Demandante laboral del CEN del PRI (1992-93). Editor de Forum en Línea desde diciembre de 1993. Redactor de cinco libros y coautor de ocho. Corresponsal en Moscú (1977-79) y becario en Berlín (1967-68).