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sábado 25, junio 2022
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Karina Sánchez Portada

Campesinos en Valles Centrales de Oaxaca

Investigaciones Sociales

Como en otros momentos, nuevamente hablamos de los campesinos contemporáneos de carne y hueso que se mantienen en el estado de Oaxaca. Estos campesinos que buscan diversas estrategias económicas para mantener su reproducción social con su forma de vida propia. Para ello, además del campo, se dedican a la elaboración de artesanías, venta de alimentos y algunos oficios que les permiten obtener ingresos para complementar su economía familiar.

Los campesinos que aún se resisten a mantener su forma de vida ligada al campo en la agencia municipal Minas de Llano Verde, que pertenece al Municipio de San Jerónimo Sosola, se compone de tres rancherías: La Rosa, Siete Cabrillas y la Tunillada, que en total suman 190 habitantes. Esta pequeña agencia se localiza en la región de Valles Centrales sobre la carretera federal kilómetro 121, aproximadamente a una hora y media de la ciudad de la ciudad de Oaxaca.

Es una población que se dedica al cultivo de maíz, frijol, calabaza, maguey, hasta hortalizas, también crían gallinas y borregos, venta de artesanías de palma, y aunque algunos de sus habitantes son profesionales retirados, otra parte de sus habitantes sobreviven por las remesas que sus familias migrantes les envían. Aun así, ellos procuran mantener alguna actividad productiva ligada al campo.

Una parte de la población de Minas de llano Verde participa en el mercado local de cada domingo, además de vender una parte de su producción también intercambian verduras, pan, barbacoa, tortillas, artesanías y plantas 

Domingo de plaza en Llano Verde

Vemos necesario el análisis del campesinado de Minas de Llano Verde debido a que observamos que a pesar de la alta migración en esta comunidad, todavía podemos encontrar familias campesinas. Para ellos nos dimos a la tarea de conocer cómo están organizadas y cómo logran seguir funcionando. Así que entrevistamos a tres familias de esta comunidad que nos permiten explicar la dinámica del campesinado de Minas de Llano Verde.

La familia de Teófilo

Una de las familias de la ranchería Rosa Sosola tiene seis integrantes, tres hijas de 9, 12 y 16 años de edad, un hijo mayor de 17 años,  la señora Rosalía esposa del señor Tófilo, ambos responsables de la familia. Cuentan con  tres hectáreas de terreno para cultivar, en una hectárea cultivan frijol y dos hectáreas las dedican al maíz como sistema milpa, ésta implica cultivo de ejotes, calabazas y otros quelites.

En el proceso de cultivo el señor Teófilo y sus hijos preparan la tierra, la señora Rosalía hace  tortillas para consumo propio y también para la venta, además ayuda a su esposo a recoger el zacate. Su cultivo es de temporal, la cosecha que recogen es para consumo propio y tienen otras actividades productivas que son parte de su diversificación económica para sostener a la familia. Por ejemplo, la venta de tortillas; mientras que el señor Teófilo sale a trabajar como pintor en algunas épocas.

En esta comunidad no se cuenta con algún programa gubernamental, aunque recientemente a través de su participación en el programa Sembrando Vida están logrando mantener una parte de sus siembras.

La familia del señor Teófilo es de las pocas familias relativamente joven, ya que sus hijos son adolescentes, pues en esta comunidad la mayoría de los jóvenes al cumplir 18 años migran a las ciudades urbanas para continuar sus estudios o para trabajar, de este modo pueden mandar dinero a su familia que se queda en el campo.

Señor Teófilo Soriano

La señora Sebastiana

También se entrevistó a la señora Sebastiana que tiene 88 años de edad (conocida en la localidad como Tatita). Ella tuvo 12 hijos, de los cuales le sobreviven 10, tiene 25 nietos y 2 tataranietos. Es una mujer que se quedó viuda a los 40 años, por esta razón sus hijos decidieron emigrar en busca de un trabajo diferente al campo. Sin embargo, ella decidió quedarse porque no conoce otro tipo de vida diferente al campo, continúa cultivando maíz y al no contar con mano de obra familiar en las labores del campo, tuvo que sembrar su terreno “a medias”.

Esto quiere decir que trabaja su tierra con otra familia, de esta manera una familia pone la tierra y fertilizante, la otra familia pone las semillas. Después en la siembra y la cosecha las dos familias deben aportar la misma cantidad de mano de obra, por lo que en caso de no contar con mano de obra familiar tienen que contratar personal. Al término del ciclo de cultivo, la cosecha se reparte en partes iguales entre las dos familias.

En el caso de la señora Sebastiana, en realidad podría dejar de sembrar porque sus hijos le envían dinero para vivir; sin embargo, ella sigue realizando trabajos del campo dado que es una forma de vida que se resiste a abandonar, al grado de que por su avanzada edad ya no puede recorrer el campo. Pero los ve a través de fotos y videos que sus familiares capturan para acercarle las imágenes.

La familia de Lourdes y Cipiriano

También platicamos con la familia de Lourdes y Cipiriano, quienes tienen 3 hijos mayores, 2 nietos, 1 nuera. La familia cuenta con 9 hectáreas y media para cultivo; 9 de ellas son para cultivo de maguey, un cuarto de hectárea para frijol y un cuarto para maíz. Otro ingreso importante de la familia es el que obtienen con el cultivo de fresas y hortalizas (rábano, betabel, lechuga, tomate, cilantro, zanahoria).

Cabe mencionar que el maguey lo siembran a medias con una empresa particular de maguey llamada Koch, la cual organizó a un grupo de 11 familias en la comunidad para sembrar maguey que utilizan para producir mezcal que exportan a otros países.

La señora Lourdes también prepara y vende barbacoa, plantas florales y artesanía de palma (tenates, sollates, bolsas, sombreros, sopladores, escobetas). El señor Cipiriano por su parte también tiene otras actividades, realiza trabajos de albañilería y carpintería. En general, esta familia también diversificó su actividad productiva para sostenerse y de esta manera permanecer en la comunidad con el trabajo de la tierra. 

Señora Lourdes y sus artesanías.

Su hijo Carlos sale a trabajar a Nochixtlán que queda a media hora de Minas de Llano Verde, su hija Martha sale a dar clases y cada fin de semana regresa a ayudar a la familia. De tal manera, cada integrante ayuda en diferentes tareas, en el invernadero con las hortalizas, en la cosecha de maguey, en la preparación de barbacoa; están en constante actividad, además de trabajar en conjunto, tal como lo expresa la señora Lourdes:

“Sí, trabajamos juntos, trabajamos juntos casi la mayoría, comemos juntos, cenamos, almorzamos, raras veces, o sea por falta de tiempo o por trabajo porque nosotros salimos a trabajar y ellos se quedan. Pues no, pero cuando hay tiempo que trabajamos juntos, pues nos vamos todos a trabajar. Caminamos juntos”.

Señora Lourdes

Conclusiones

Con las entrevistas pudimos constatar en gran medida, lo que apuntó Chayanov sobre las Unidades Económicas Campesinas, quienes realizan sus actividades en función del número de integrantes de la familia, la extensión de tierra con la que cuentan, su influencia en el mercado, las necesidades de consumo que tienen y la diversificación económica que tienen como la elaboración de artesanías y otras actividades que les permite complementar su economía familiar. Asimismo, la unidad campesina puede estar conformada por una o varias parejas casadas; el número de integrantes de la familia determinará la fuerza de trabajo de cada unidad (Bartra, 2013).

Estas familias se han separado porque algunos de sus integrantes emigraron de Minas, hacia otras partes del estado, del país, y sobre todo han emigrado hacia EEUU, por ello, sus actividades de siembran han disminuido porque no hay mano de obra suficiente para las labores del campo. Cada familia vive una historia diferente, en algunas familias la gran mayoría emigró, algunas otras están por temporadas y otras familias permanecen en Minas con una diversificación económica y productiva.

En Minas de llano verde existen actualmente alrededor de 11 familias campesinas, quienes se resisten a dejar el campo, a pesar de lo complicado que puede ser mantenerse de esto. Las cosechas no son las mismas que en otros años, o que no recuperan del todo su inversión en cada ciclo productivo, las familias siguen unidas a la tierra porque sembrar y cosechar representa una visión de vida en las familias campesinas. 

Existen más necesidades que oportunidades en Minas, esa es una causa de porque las personas migran, por ello, pocas personas se quedan a vivir en la localidad; sin embargo, aún con estas necesidades  la historia de Tatita nos deja ver que la unión a la tierra es muy fuerte, por lo cual, coincidimos con Armando Bartra cuando argumenta que lo campesinos migran por necesidad y no por voluntad propia, lo cual es delicado porque se vulnera la posibilidad de una vida digna y con ello, también se desvanece la idea de construir procesos de soberanía alimentaria, de preservar la naturaleza y hasta de la defensa del territorio (Bartra, 2013).

Ante la falta de programas gubernamentales para este tipo de campesinado, recurrieron a la aceptación de apoyos de organizaciones civiles y empresas particulares como la empresa que produce mezcal.

Karina Sánchez Juárez

Doctora en Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, con especialidad en Estudios Rurales, Desarrollo y Política. Profesora-Investigadora de tiempo completo del IISUABJO e integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Actual Directora de “Cuadernos del Sur”, Revista de Ciencias Sociales.

Colaboradora desde el 21 de febrero de 2019.

Artículo realizado en colaboración con Vilda Querubín Santiago Hernández (Izq) y Yazmín Morales Martínez (Der), estudiantes de sexto semestre de Ciencias Sociales y Estudios Políticos del IISUABJO.