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Tere Gil Portada 2022

Pedro, Cristina y la debacle prianista en México

Libros de ayer y hoy

No es casual la destitución del presidente Pedro Castillo en Perú. Estuvo signado desde el principio cuando la derecha que predomina en el congreso inició la estrategia para eliminarlo. Ahora ellos mismos llaman golpe de estado a las decisiones de urgencia de Castillo para detener las cosas, a lo que se fue fraguando a lo largo de 16 meses, porque un presidente progresista no les convenía.

Es lo mismo que hicieron con Dilma Rousseff en Brasil, con Evo Morales en Bolivia y el encarcelamiento de Lula da Silva que a la postre fue liberado sin culpa. Paradójico, en este caso, sus triquiñuelas han sido expuestas, algunos están en la cárcel y Lula es de nuevo presidente. Esa es la verdadera táctica golpista que se escuda en las leyes a partir de mentiras que caen por su propio peso, para destruir una voluntad popular que se expresó en las urnas.

El golpe derechista se dio en Perú un día después de que la vicepresidenta de Argentina Cristina Fernández es sentenciada a seis años de cárcel por un conglomerado que tiene la misma catadura que la peruana. La misma que tenía aquella golpista Jeanine Añez, ahora encarcelada, en Bolivia, cuando entró campante al salón presidencial de ese país, con una biblia en la mano. Hasta los símbolos que usan, expelen olor a conservadurismo.

Pedro Castillo (Perú) y Cristina Fernández (Argentina)

La roque señal del zedillismo se exhibió grosera, en actitudes

Con diferencia de horas se había dado en México algo cercano: el rechazo a una reforma constitucional que puede parar el sistema autónomo del INE, que ha generado innumerables discrepancias sobre todo por los gastos ostentosos con que funciona. Aliados en esa estrategia, aunque no hay aún una unidad para enfrentar la presidencia, los partidos PRI, PAN y PRD boicotearon la reforma electoral que había enviado AMLO para cambiar la estructura del INE.

El jolgorio que se dio después del boicot que fue reproducido por los reporteros asistentes y en las imágenes del acto, tiene mucha similitud con  aquel que se vio  hace 27 años, cuando el coordinador de la bancada priísta Humberto Roque Villanueva, acomodó el cuerpo para dar una señal grosera frente a los opositores. Era la señal que evidenciaba “nos los cogimos, nos los chingamos”.

Y es que tras una larga oposición los priístas impusieron el 50 por ciento del IVA que se aplicaba entonces en 10 por ciento, para pasar a 15. En esta ocasión no se dio físicamente esa actitud irrespetuosa, pero en sus burlas y estridencias, la señal se estaba aplicando. Es su forma de actuar. La actitud de triunfo del prianismo al detener la reforma constitucional, se derrumbó cuando más tarde, tras una larga discusión, se aprobó la opción B que AMLO había previsto, ante la eventualidad de un rechazo. Molestos y sin intervenir, los opositores se retiraron con la misma amenaza de siempre: interponer recursos para declarar anticonstitucional la aprobación B.

La democracia exhibe huecos, si deviene en representantes de derecha

Lo que se está viendo en México en los últimos tiempos y lo vemos en los países mencionados arriba y otros más, se carga a una posición retrógrada, que llega en algunos casos a extremos, al golpe, la destitución o el encarcelamiento. La dureza de las expresiones se le adjudican a la derecha, pero se supone que los llamados representantes populares tienen diferentes corrientes aunque es llamativo que para enfrentar a un gobierno progresista, se unifiquen.

Resulta terrible que un partido que se decía heredero de la Revolución como el PRI, ahora se sume a las formas más degradantes de la derecha. O el PRD, ya hundido, que en su momento acunó a singulares representantes de la izquierda, líderes comunistas incluidos. Es cierto que el deterioro moral conduce a lo que estamos viendo, situaciones en las que quizá no creen, pero que deberían de ser analizadas en función de las necesidades populares.

Nadie entiende cómo se puede defender lo indefendible en el INE que rebasó sus límites y se ha querido constituir a partir de su consejero presidente, en una especie de gobierno alterno, sin siquiera haber participado en una elección. Las fallas de la democracia se exhiben así y es algo que debe ser analizado en la propia Constitución (Editorial Porrúa, varias ediciones) que merece una revisión, cuando incorpora organismos extraños a su clásica división de poderes y genera voluntades paralelas a las que señala el artículo 39 de su mismo cuerpo. Hasta este momento el pueblo no ha optado por otra forma de gobierno.

Teresa de Jesús Gil Gálvez

En la UNAM hice estudios de maestría en Ciencias Penales. En medios sonorenses  trabajé desde la adolescencia y en julio de 1972  salí en un tren hacia  la gran capital, donde he trabajado en importantes medios, con breves retiros al mundo, entre ellos una corresponsalía en España. He publicado nueve libros. Me han dado premios pero no suelo promoverlos. Prefiero que digan: ¡Qué buen  libro publicó Teresa Gil! ¡Qué buena columna escribió hoy la Teregil!

Colaboradora desde el 22 de diciembre de 2014.

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